LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Luis Ventoso se troncha de Pedro Sánchez: «Está para montar una pizzería, gobernar España le viene grande»

"Por eso Pablito, mucho más inteligente que nuestro contumaz Pedro, lo torea hasta rondar el cachondeo en los tendidos"

Luis Ventoso se troncha de Pedro Sánchez: "Está para montar una pizzería, gobernar España le viene grande"
Pedro Sánchez. laSexta

Fichajes socialistas de relumbrón, dirigentes que no dan la talla para ocupar el cargo político que atesoran o jueces de ida y vuelta son las cuestiones que los lectores podrán encontrar este 13 de mayo de 2016 en las tribunas de opinión de la prensa de papel.

Ignacio Camacho, en ABC, llama la atención sobre lo que el viene a definir en su artículo como «togas saltarinas», que no es otra cosa que esos jueces que salen de la Justicia para entrar en política y que salen de ésta para retornar a los juzgados como si fuese lo más normal del mundo:

La despolitización de la justicia es uno de esos mantras eternos de la vida pública española, como los de la reforma del Senado, la supresión de las diputaciones o la modificación del sistema electoral; ideas bienaventuradas que pasan de una legislatura a otra en el limbo de las intenciones y en el purgatorio de los sindicatos de intereses y la falta de consenso. La mayoría de los ciudadanos nos conformaríamos con que, ya que la clase dirigente no es capaz de aliviar esos defectos endémicos de la arquitectura democrática del Estado, al menos se limitase a no agravarlos. Es el caso lacerante de una administración judicial controlada por los partidos a través de correlatos corporativos que reproducen el equilibrio de fuerzas parlamentarias; lejos de reducir el carácter político de los nombramientos judiciales por cooptación, la partitocracia ha dado en sembrar sus listas electorales… ¡¡de jueces!! Es decir, que además de politizar la justicia, están judicializando la política. Por reclutamiento.

Destaca que:

La más inquietante de las puertas giratorias -otro mantra de éxito en el reciente debate público- es la que funciona en los juzgados. Un magistrado que se quita y se pone el ropón al compás del baile electoral socava la separación de poderes, perturba la esencial ejemplaridad esencial de su función y le pierde el respeto a su propia independencia. El criterio de un juez que decide sobre la libertad de los ciudadanos no sólo necesita ser autónomo e imparcial: tiene que parecerlo. Y no lo puede parecer si se enreda la toga en el vaivén rotatorio de la política, si un día aparece en un escaño y al otro se sienta en el estrado de un tribunal, o viceversa. ¿Qué pueden pensar los justiciables que litigan su suerte ante un árbitro al que semanas antes o después ven ataviado con la camiseta de un adversario ideológico?

Como si no bastase con la permeabilidad evidente del CGPJ, que resuelve sus discusiones por mayorías paralelas a las del Congreso, las candidaturas electorales se pueblan con descaro de miembros de la magistratura y hasta de inspectores de Hacienda con acceso a información sensible. Podemos, la organización más beligerante contra los vasos comunicantes entre el poder y la alta empresa, ha incorporado a varios ropones en sus listas y ofrecido un puesto en ellas al instructor del sumario contra la Infanta Cristina. Margarita Robles -dueña de uno de los cerebros mejor amueblados de nuestra judicatura- aparece ahora en la papeleta del PSOE tras haber ido y vuelto del Gobierno al Supremo y al Consejo del Poder Judicial. El mismo presidente del Constitucional tiene o tuvo carné de militante del PP. Y todo ese trasiego no se puede sustanciar con el simple expediente de una excedencia de compatibilidad; no sin que los españoles piensen que son ellos el verdadero excedente incompatible con una justicia invadida de partidismo y por tanto no ciega, sino moralmente tuerta.

Carlos Herrera alaba el acierto de Pedro Sánchez de llevar en su lista electoral a valores como el exministro de Hacienda, José Borrell y a la exsecretaria de Estado de Seguridad, Margarita Robles:

Era hora de que Sánchez acertase. Un tipo, es sabido, no puede equivocarse todas las horas de todos los días, ni todos los días de todos los años: aunque sea por un fenómeno meramente casual, antes o después tiene que darle a la tecla adecuada. Al secretario general de los socialistas le venían afanando la merienda desde hacía bastantes días y muchos nos preguntábamos si este hombre estaba hecho de una horchata especialmente doliente. Cuando no era Pablo Iglesias encarrilando una abigarrada reata de cabras hacia su garaje, era cualquiera de sus barones despreciando con media boca su capacidad de liderazgo así pasase un par de meses; pero cada tarde tenía su afán y parecía que no había de llegar el día en el que el candidato socialista aportase algo más que un lamento o un desdén. Finalmente, Sánchez tomó la iniciativa, esa cosa que en política significa que no te madruguen las ideas y que no tengas que ir a remolque de las ocurrencias de los demás: aparte de los errores que pueda cometer, nada descartables, ha acertado en dos nombres, cosa que no puede decirse de la anterior confección de listas.

Destaca que:

Borrell, hipotético ministro de Exteriores, es un Bien de Estado. A muchos puede no caerles bien: a unos por su aspecto algo jaimito y a otros por su incontestable resistencia a ciertos dogmatismos, pero debemos colegir que la suya es la figura de un tipo sólido, poco sobornable, ilustrado y dotado de una seriedad argumental poco corriente en estas calendas. No todo lo que dice tiene que ir a misa, evidentemente, pero es un sujeto de esos a los que el Estado le cabe en la cabeza, como se decía felizmente de diversos individuos del siglo anterior. No sé qué argumento le ha dado Pedro Sánchez para convencerle, pero si Borrell lo ha atendido y permite que se use su nombre como atractivo para captar votos, es que las razones han sido convincentes. La probabilidad de que represente los intereses del Gobierno de España en el exterior es exigua, pero no despreciable: Borrell sería aceptado por gobiernos comunes con el centro-derecha, cosa que desestima Sánchez (no, y mil veces no), pero no sería asimilable por los componentes de un pacto de izquierdas con Podemos e IU, a los que ha asaeteado severamente a lo largo de este tiempo reciente. Para los Iglesias y compañía, Borrell es un castuzo apestado que no ha dejado de humillarles intelectualmente así haya tenido ocasión. Pueden ponerse estupendos y hacer ver que están encantados, pero nunca le admitirán en su fiesta. Por demás, fue el propio PSOE el que le laminó, filtración a su periódico oficial mediante, cuando había sido elegido por la militancia, con lo que su rehabilitación no es baladí.

Margarita Robles es el segundo ofrecimiento. Es jurista íntegra y persona desprovista de urgencias políticas. Su responsabilidad al frente de la Seguridad del Estado en tiempos de Belloch podía ser contestada, pero nunca acusada de complicidad con los caminos torticeros de la época. Es rigurosa, poco dada a frivolidades y en absoluto sectaria. Sólo bebe Fanta, que es lo malo.

Y recalca que:

El contraste con algunos fichajes de la vez anterior es manifiesto, pero, en cualquier caso, la buena noticia para los socialistas es que, en esta ocasión, no ha ido a remolque de las ocurrencias de sus supuestos aliados, que no han hecho otra cosa que administrarle la medicina de la pillería política: proponerle un pacto para acudir juntos al Senado no es otra cosa que procurarle una crisis con alguna de sus federaciones proclives al acuerdo. Sánchez ha sido severo en esta ocasión. A sus seguidores, que los tiene, ya les tocaba una sesión de confianza.

Luis Ventoso se troncha con socialistas como Pedro Sánchez, Patxi López u Óscar López a los que ve más como empleados de una pizzería o de una oficina antes que gobernando los designios de España:

Me van a disculpar, pero, vulnerando lo políticamente correcto, confieso en plaza pública que soy un homínido del sexo masculino al que le gustan las homínidas del sexo femenino. Sin embargo, cuando observo en las pasarelas a zagalas de ciencia-ficción, tipo Adriana Lima o Alessandra Ambrosio, siempre me viene a la cabeza lo mismo: esos físicos que las han hecho ricas y famosas no constituyen un mérito personal, simplemente les tocaron de chiripa en la lotería genética. Otro tanto ocurre con la inteligencia. La mayoría nacemos con unas prestaciones normales, pero hay personas que sobresalen con un cerebro descollante. Aunque esos dones naturales después haya que trabajarlos, constituyen la materia prima indispensable para alcanzar determinados niveles.

Rememora que:

Curiosamente, en aquella Transición que quieren superar los telepredicadores de nuestra efebocracia, el listón estaba más alto que ahora. Se colaba algún tarugo, pero como norma general un destripaterrones mental no podía aspirar a un mando alto. Para estar en la primera línea de la política se demandaban una inteligencia y unas cualidades fuera de lo ordinario. Pueden gustarnos más o menos, pero la calidad de aquellos líderes era superior a la actual. Fraga, aunque a veces confundía la gobernación con el movimiento, poseía un cerebro tipo tanque. González añadía a su inteligencia una oratoria hipnótica. Herrero de Miñón era tan listo que tal vez lo fue demasiado. Martín Villa veía crecer la hierba, de ahí su carrera posterior en la empresa privada. Suárez compensaba su discreto poso académico con un encanto personal insólito. Me temo que la historia tratará mal a Arzalluz, pero desde luego no era un cenutrio: jesuita, licenciado en Derecho y Filosofía, teólogo forjado en Alemania.

Asegura que:

Hoy la política está de saldo. De manera acusadísima en el PSOE. No sé quién hace el casting de estrellas del Partido Socialista, pero el salto desde el empaque de Javier Solana, González, Borrell, Boyer o Paco Vázquez hasta aterrizar en Sánchez, Pachi López y Ximo Puig casi intimida. Seamos francos: los López, Pachi y Óscar son unos tíos estupendos, sí. Pero para montar una pizzería o trabajar en una oficina correctamente. En política han sido situados más allá de su umbral de competencia (como reza el atinado dicho labriego: «Donde no hay mata, no hay patata»). El zapaterismo añadió además una lectura enfurruñada y epidérmica del siempre necesario feminismo, encarnada por las Valenciano, Bibiana, Soraya Rodríguez… de inmediato olvidadas. Al propio Sánchez, aun siendo algo mejor que los López y aquellas señoras tan enojadas, parece evidente que lo de presidente de España le cae ancho. Era concejal en el Ayuntamiento de Madrid y seguramente lo habría hecho muy bien. Es como si el Principio de Peter se hubiese formulado pensando en Pedro: «Se tiende a ascender hasta alcanzar el nivel de incompetencia».

Y remata:

Lo que hay debajo del pelo -esas pequeñas células grises, que diría Hércules Poirot- es muy importante. Por eso Pablito, mucho más inteligente que nuestro contumaz Pedro, lo torea hasta rondar el cachondeo en los tendidos. Y lo llamativo, ay, es que el guapo sigue embistiendo…

En El Mundo, Federico Jiménez Losantos aprovecha la ‘tribu’ que tanto defiende la supera y oteguiana Anna Gabriel para explicar que mucho denostar el concepto de familia tradicional, pero a la que te descuidas, ahí que te cuelan a un familiar en un puesto de responsabilidad y, sobre todo, bien remunerado:

Hasta hacer un año, cuando iglesias y garzones lograron colocarse en lo que el PCE no les aseguraba, vivir de la política profesional, la extrema izquierda enarbolaba un latiguillo contra las instituciones democráticas: «¡No nos representan!». Gritando eso y a palos -y alguna mochila bomba- con la policía, cercaron el Parlamento catalán y asaltaron el Congreso de los Diputados, donde hoy se sientan. Pero la ciudadanía, infantilizada por el zapaterismo, agitada por unos medios de comunicación irresponsables, asustada por la crisis económica y seducida por la cómoda hipótesis de que bastaría cambiar de políticos para acabar con la corrupción política, hizo suyo el «¡No nos representan!».

El latiguillo era tres veces falso: en primer lugar, PP, PSOE, IU, CiU o PNV sí nos representaban, porque les habíamos votado; en segundo lugar, su corrupción también nos representaba: se conocía y en sus dos focos más hediondos, Andalucía y Cataluña, seguían ganando los de siempre; y en tercer lugar, la única representación democrática nace de las urnas, y ahora que hemos votado y conocemos mejor a los del «¡No nos representan!» vemos que nunca tanto representante estuvo tan lejos de sus representados como todos estos okupas profesionales a los que el sectarismo suicida de Snchz puso a mandar -y desbarrar- en todas las instituciones.

Añade que:

Anna Gabriel, que decidió el derrocamiento de Artur Mas pero luego acató la orden de la ETA Lliure -inseparable de los proetarras con los que viajaba al paraíso venezolano- de votar al Fregonet pujoliano, es la última en mostrar cómo su oceánica ignorancia, gemela de su arrogancia, está a años luz de lo que llaman «la gente». Dice que le gustaría tener hijos pero en cuadrilla, como «en muchas culturas donde los cuida la tribu». No sabe -no pasó de las primeras páginas del desacreditado libro de Engels- que las tribus realmente estudiadas (Lévi-Strauss, Tristes trópicos) en las que se desconoce la filiación suelen ignorar también el tabú del incesto, ya que, en su primitivismo, no asocian sexo y procreación. Ninguna tribu, por otra parte, se considera tribu; ese es un latiguillo racista. Pero como hay pocas sociedades tan familiaristas como la española, lo primero que hacen cuperos y podemitas es colocar al familión. Salvo en eso, nos representan poquísimo.

Santiago González asegura en su tribuna que la jueza aún en excedencia Vicky Rosell no se ha convertido por arte de magia en alguien libre de sospecha y ahí está la videoteca y la hemeroteca para que la gente sepa quién es:

Tengo alguna vez escrito o quizá sólo pensado que en el juego parlamentario durante esta malograda legislatura cabría llamar al presidente en funciones don Mariano y a los líderes alternativos la liga de los sin bata: Pedro, Pablo, Albert y Alberto. Lo he recordado al leer las novedades de la ex diputada canaria Victoria Rosell, una más en el parvulario, que se hace llamar Vicky por los suyos, con eso se lo digo todo.

Resalta que:

Viene a resultar que el caso en el que el Tribunal Supremo había admitido a trámite una querella contra ella por prevaricación, cohecho y retardo malicioso en la tramitación de un procedimiento, ha conocido un giro de interés al divulgarse una supuesta grabación en la que el juez que la sustituyó al frente de su juzgado en Canarias acuerda con el empresario Ramírez los términos de la declaración que el citado empresario prestó después contra Vicky Rosell. Una grabación en la que el juez muestra una proximidad y un colegueo absolutamente impropios.
Son los efectos perversos de los trials. Siempre hay un ayudante del fiscal ofreciendo liberar de culpa a un procesado a cambio de un testimonio que crucifique a sus cómplices.

Hay una diferencia. Jamás el fiscal incurriría en una terminología que revelara complicidad con el tipo a quien ofrece un trato. Pero contrariamente a lo que sostiene Posemos por boca de un tal Mayoral, nada nos dice de la inocencia de Vicky: (las grabaciones) «no vienen más que a confirmar lo que ya sabíamos, que Rosell es una persona de total confianza». Craso error.

La grabación, caso de confirmarse como auténtica, arrojaría una duda sobre la actuación del juez Santiago Alba, que deberá examinar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y adoptar las disposiciones que procedan.

Y concluye que:

Sin embargo, nada dice la conversación a favor de una juez que no se inhibe en un procedimiento contra un empresario que tiene relaciones comerciales con su novio (de la juez, no del empresario), a quien compra una emisora por 300.000 euros, precio superior a su valor de mercado, según los expertos. Resultando que nuestra heroína va y retiene un pendrive con información relevante durante un periodo de 22 meses, siguiendo la estela de Baltasar Garzón, que era un virtuoso en el manejo del cajón de los sumarios dormidos, recuérdense los casos GAL y Faisán. Y el ca- so de las cesiones de crédito del Banco Santander, que archivó después de que Emilio Botín, querido Emilio, financiara unos cursos que el juez organizó en la Universidad de Nueva York. Esto respecto a actividades que podrían incurrir en supuestos delictivos, pero a saber lo que entiende este Mayoral por «persona de total confianza».

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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