LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Santiago González, hastiado de los giros ideológicos de Pablo Iglesias: «Hay máquinas de tabaco con una charla más interesante que él»

"En la fauna política española, nadie ha hecho gala de un presentismo y un lenguaje acomodaticio tan eficaces para sus propósitos"

Pablo dio una chapa de dos horas a los chicos de la UJCE en Zaragoza y les explicó que la política es cabalgar contradicciones, como el patrocinio de los clérigos iraníes

Pablo Iglesias y su tedioso cambio de discurso ideológico en función del contexto, la próxima visita del presidente norteamericano, Barack Obama a España o el nuevo himno del PP a ritmo de merengue son las cuestiones esenciales que podrán leer este 8 de junio de 2016 en las tribunas de opinión de la prensa de papel.

Arrancamos en El Mundo y lo hacemos con el siempre ocurrente Santiago González, que hace una radiografía inteligente de lo que es Pablo Iglesias, un mero acomodaticio, alguien que cuela los mensajes en función del contexto del que se trate, alguien que hoy puede ser comunista, mañana socialdemócrata y pasado mañana más de derechas que Fraga:

Ahora se acaba de reivindicar como socialdemócrata. En la fauna política española, nadie ha hecho gala de un presentismo y un lenguaje acomodaticio tan eficaces para sus propósitos. Es Humpty Dumpty: «Cada vez que yo uso una palabra, ésta quiere decir lo que yo quiero que signifique». Ni más ni menos. De ahí que habiendo afirmado con tanta convicción «¡yo soy comunista!» en El gato al agua acabe de sentar plaza de socialdemócrata. Él es socialdemócrata como Marx y Engels, ¿o no escribió esta célebre pareja El manifiesto del Partido Socialdemócrata en 1848?

Lenin también. ¿Acaso no contribuyó a fundar el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1898? La lectura de Qué hacer da pistas sobre la estrategia de Iglesias, con alguna diferencia, claro. En tiempos de Lenin no había tertulias televisivas y tuvo que conformarse con fundar Iskra, que era como Público pero en cirílico.

Recalca que:

El autodefinido no basta. Pablo dio una chapa de dos horas a los chicos de la UJCE en Zaragoza y les explicó que la política es cabalgar contradicciones, como el patrocinio de los clérigos iraníes (iranís, dice él) o de los chavistas, y profundizó en lo conceptual: «La palabra democracia mola, por lo tanto habrá que disputársela al enemigo cuando hagamos política. La palabra dictadura no mola, aunque sea dictadura del proletariado. No mola nada, no hay manera de vender eso. Aunque podamos teorizar que la dictadura del proletariado es la máxima expresión de la democracia en la medida en que aspira a anular unas relaciones de clase injustas que en sí mismas, ontológicamente, anulan la posibilidad de la igualdad que es la base de la democracia». «Mientras llegamos al poder», dijo aquella misma tarde, «es preferible la propaganda a la educación». Y, por si acaso: «Yo no he dejado de considerarme comunista nunca».

Democracia mola y si es social, ni te cuento. De ahí que le copiaran el acrónimo a un partido chavista: POr la DEMOcracia Social. Lo que mola, lo que no mola, el enemigo, la dictadura del proletariado, máxima expresión de la democracia, pero que no mola. Es lo mismo que le pasa con Albertito Garzón, que es bueno de remate el pobre. Los dos son comunistas, pero Garzón cree que el comunismo está de moda y por eso cree que es guay el flamear de banderas rojas con su hoz y su martillo. Pablo cree que Alberto es tonto en vez de bueno; por eso le llamaba cenizo y pitufo gruñón y le advertía: «Deja de estar tan preocupado con las cosas que nosotros hacemos y proponemos. Cuécete en tu salsa llena de estrellas rojas, pero no te acerques».

Finaliza con una gracieta:

En la videoteca de Pablo hay decenas de vídeos que atestiguan su identidad con Garzón y sus plagios a Chávez, desde el tic-tac, tic-tac al referéndum revocatorio, desde la casta hasta el empoderamiento de la gente. Y éste se permite reprochar oportunismo a Rivera: «No creo que sea de derechas. Albert Rivera es de lo que haga falta». Mi añorado ‘Churruca’ lo clavó: «He tenido charlas con máquinas de tabaco más interesantes que los discursos de Pablo Iglesias. Y eran más amables. Siempre daban las gracias».

Federico Jiménez Losantos se queja, y con razón, de que los partidos políticos, salvo contadas excepciones, parecen negarse a llevar en su programa la defensa del idioma castellano en aquellas regiones donde impera el bilingüismo:

En estas elecciones, como en todas, los partidos políticos pueden defender cualquier cosa, desde la República a la eutanasia, pasando por la dictadura del proletariado, la cría de niños por la tribu, la persecución de la Iglesia Católica, la abolición de los toros y la prohibición de las vacunas. Lo que pocos llevan en su programa y nadie hace de ello bandera electoral es cómo garantizar el derecho al uso del español en las regiones bilingües, particularmente el derecho a escolarizar a los niños en español y el de las empresas a utilizar el español como lengua de relación con sus clientes.

Aclara que:

Es cierto que Ciudadanos -que nació para defender esas libertades-, UPyD -que siempre las defendió- y Vox, como el antiguo PP, lo llevan en sus programas, pero no es menos cierto que en lo que los politicursis llaman «la agenda», los tonticursis el «relato» y los requetecursis el «mainstream», o sea, los asuntos sobre los que los candidatos realmente hablan en los medios de comunicación, la libertad de los castellanohablantes está cuidadosamente archivada. Ningún candidato se librará de explicar qué debe hacer la UE con los refugiados sirios, pero no recuerdo en los últimos ni penúltimos años a uno solo de los teletitiriteros progres que mandan en las telesorayas preguntar con el ceño fruncido por los cientos de miles de españoles que huyen con sus familias de su tierra por la presión brutal del nacionalismo y ante la indiferencia del Estado.

En este asunto, como en todos, los políticos dirán lo que quieran, pero contestan a lo que les preguntan los periodistas, salvo que los pongan ellos. Y en los medios, a imagen y semejanza de los catalanes subvencionados, féretro de la libertad y escudo de liberticidas, ese tabú es la otra cara del tótem, de lo que la tribu no permite siquiera discutir. En plena campaña electoral, doce asociaciones defensoras de los derechos de los castellanohablantes en las regiones bilingües han presentado un manifiesto en el que denuncian cómo esos derechos se vulneran oficial e impunemente en un tercio de España. Sólo Libertad Digital, ELMUNDO.es y abc.es dieron la noticia. No veremos a folloneros preguntar ni a candidatos explicarse sobre la clave histórica de la quiebra del Estado de Derecho en España. Mientras los sirios no vengan de Lugo, Lérida o Valencia, sobre eso, chitón.

Ignacio Camacho avisa en su tribuna de ABC que cada vez se está fraguando un rechazo menor a Podemos que al que pueda haber por el PP y culpa a los dos grandes partidos españoles de haber ninguneada y haberse tomado a chacota a la formación de Pablo Iglesias.

En la cúpula del marianismo ha sembrado el pánico un supuesto sondeo propio que sitúa a Podemos a la misma distancia del PP por detrás que del PSOE por delante. Si esa fotografía electoral fuese cierta, la izquierda radical no estaría disputando la medalla de plata, sino la de oro. Puede tratarse de una intoxicación filtrada para reagrupar a base de miedo el voto de la derecha, pero tiene la propiedad de ser verosímil y coincidir con la tendencia unánime de las encuestas. En la campaña del PSOE suenan tañidos funerales por el voto útil y las dos grandes fuerzas del bipartidismo están atacadas de un visible temblor de piernas.

Apunta que:

Ambos partidos dinásticos han cometido el error de menospreciar la irrupción populista. No ahora; desde hace dos años. La mentalidad bipartidista se ha autosugestionado en un bucle de voluntarismo melancólico, asumiendo por conveniencia la idea de que Podemos era un fenómeno radical y pasajero. Primero los tacharon de frikis (Arriola) y consideraron su ascenso como la clásica extravagancia del voto de desahogo en las elecciones europeas. Luego pensaron que se desinflarían en las municipales y Pedro Sánchez les entregó confiadamente las grandes alcaldías pensando en la devolución del favor cuando tocara elegir presidente del Gobierno. Ni socialistas ni populares han tomado nunca en serio la aspiración que Iglesias tiene metida entre ceja y ceja. Han sido incapaces de ver que estaban ante un proyecto iluminado de asalto al poder. Un órdago a la grande.

Subraya que:

El statu quo del sistema político y económico ha tardado demasiado tiempo en detectar la amenaza. Si hubiese desplegado terminales de escucha en la calle habría oído crecer el runrún de la protesta y el rechazo rupturista entre las clases medias urbanas, empobrecidas, hastiadas de corrupción, seducidas por el relato catastrofista que expandían las televisiones y las redes sociales. Las élites dirigentes prefirieron el pensamiento cómodo, el exorcismo mental, el mantra del «no va a pasar nada». Interpretaron la realidad con un método de análisis equivocado, el de la España de antes de la crisis, que simplemente ya no funciona. Ha caducado.

Y aún siguen aferradas al esquema mental de la inverosimilitud; las clases moderadas tienen la cabeza escondida como un avestruz bajo el ala de su propia ofuscación biempensante. El último sortilegio contra las evidencias consiste en creer que el PSOE nunca hará presidente a Iglesias aunque le sobrepase en votos y escaños. Otra autosugestión que ignora lo que las tripas de los sondeos indican acerca de la voluntad de los votantes que le quedan a la socialdemocracia. La energía telúrica del antiguo partido de Estado logró sujetar a Sánchez en la anterior legislatura, pero esa bala ya está disparada. Los electores de izquierda sienten menos rechazo por Podemos que por el PP; hay una coalición fraguada en un estado de ánimo.

David Gistau se parte de risa con el himno del PP a ritmo de merengue. Al menos los mítines y con este calorcito preveraniego van a estar más que animados:

Las personas dedicadas a la política también tienen sueños. Al menos, las vocacionales. Igual que hay niños que se sueñan levantando la copa de campeón del mundo, habrá políticos que fantaseen con pronunciar frases destinadas a la posteridad. El «Ich bin ein Berliner» de Kennedy, el «Sólo puedo prometer sangre, sudor y lágrimas» de Churchill, el «Alea jacta est» del gran JC.

Jorge Moragas se convirtió el pasado lunes en uno de esos escasos elegidos que toman un micrófono y pronuncian una frase con la cual cambia la humanidad. En este momento español con tantas incertidumbres, en esta verdadera encrucijada llena de tensión histórica, necesitábamos que un representante del partido que se ha arrogado la defensa de los principios colectivos dijera algo tan cargado de trascendencia y visión de futuro. Las generaciones venideras recordarán el instante en que Jorge Moragas se acercó al micrófono y dijo que, después de mucho deliberar durante una apasionante reunión en la que gente arremangada compartió la visión de su tiempo, se tomó la decisión de que el himno del PP fuera adaptado al merengue. No a la bachata. No a la copla. No al rock duro. No al rock sinfónico. No al pop. No al barroco de cuerda. No al jazz. No al gregoriano de Silos. Al merengue. Díjolo Moragas y después dio paso a los acordes con poca confianza en que estos sonaran, como si recelara de la tecnología o, peor aún, de los técnicos de que dispone para hollar el camino electoral del PP, trabajo digno de Hércules que le ha sido encomendado. «Ahora debería sonar», dijo, como un «crooner» acostumbrado al absentismo de borracho de su pianista. Pero sonó, vaya que si sonó, por lo que Moragas pudo apilar sus papeles y salir del estrado, que no de la historia.

Los mensajes electorales han de ser concisos y reiterativos. Mariano Rajoy tiene la oportunidad de alcanzar una pureza de síntesis como para pasarse la campaña entera diciendo solamente «¡Asssúuucar!» como señal para que Moragas pulse el botón del merengue y una alegría contagiosa saque a los españoles de su depresión haciéndoles mover las caderas. ¿Quién dijo que el PP no era un partido «enrollao»? ¿Quién dijo que no podía competir con los trenecitos nada gambardellianos de Iglesias en su usurpación del Orgullo Gay?

Sentencia que:

Gente bailona, con el ritmo en la sangre, que al sonar un merengue no se retrae con sosería como aquella vez en que a Rajoy le preguntaron si se veía manteniendo la vida amorosa de Sarkozy y Hollande: «No olvide usted que yo soy de Pontevedra». Sí, pero sólo hasta que oye merengue, entonces le sale el cantante de Tropicana, con pololos en las mangas, que salva la patria del comunismo como quien toca las maracas. Esta respuesta es maravillosa, si se trata de competir con la formación en la extrema izquierda de una Boy Band comunista -los New Kids In The Block pasados por Lenin- que, a la manera de los Beliebers de Justin Bieber, ya hace circular el término Garzoners. Y decían que la campaña iba a ser aburrida.

Antonio Burgos se carcajea con la visita que a principios de julio de 2016 hará el todavía presidente norteamericano Barack Obama a Sevilla. Atisba el genial periodista y escritor andaluz un oculto motivo, el dirigente de Estados Unidos quiere apuntarse a lo de los ERE:

En otras cosas, no sé, pero anda que en cuestión de almanaque tiene Barak Obama una puntería… Con la de años que ha estado en la Casa Blanca, no ha tenido el hombre otro momento para venir a España más que por los sanfermines, cuando por la calle de la Estafeta estarán corriendo los mozos y por la de la Estafita de la ley electoral andarán dándose patadas en el trasero los perdedores, a ver quién tajela más hacia el pacto, qué modo más efectivo hay para echar a Rajoy de La Moncloa y al PP del poder, que es de lo que se trata para todo aquel que no haya metido su himno de campaña por un merengue con mucho son: ¡cómo son de carajotes!

Dice que:

Viene Obama a España con un Gobierno en un segundo mandato en funciones; cuando podía haber venido en caliente cuando Zapatero no se levantó al paso de la bandera de las barras y estrellas, la enseña que libró a Europa del nazismo y del fascismo y luego del comunismo, al apoyar la caída del Muro de Berlín y la disolución de la URSS. Podía haber venido en caliente para haberle dado dos bofetadas a tiempo a Zapatero por su sentada afrenta a la bandera americana, por la que tantos muchachos de Dakota, de Kansas y (sobre todo) de Puerto Rico dieron sus vidas defendiendo nuestras libertades.

Aunque, visto por otro lado, quizá venga Obama a España en estas fechas tan inadecuadas porque como el resto de los americanos ni siquiera sabe dónde está nuestra Patria y menos de las elecciones del 26-J. Para la inmensa mayoría de los americanos, España es algo que está como al sur de México, por ahí, donde la gente va por la calle vestida de toreador y se dedica fundamentalmente a bailar flamenco. Así que viene, creo yo, para que cuando desembarque en Rota no vea un solo toreador ni escuche un solo zapateado, y compruebe que el Escudo de Misiles ha dado mucha vida laboral a la Bahía y de momento le ha ocupado sus inmuebles a todo aquel que tenía un piso por alquilar y con la crisis no había forma.

Explica que:

Y desde Rota, dicen, viene a Sevilla. Ahí sí que sé para qué viene. Para ver cómo es eso de que la gente siga votando a un partido que lleva en el poder más tiempo que Franco, el amiguito de Eisenhower el del desembarco en Normandía, y que tenga dos expresidentes camino del banquillo. No porque pase la bandera de Estados Unidos, en plan Zapatero, no, sino porque han montado un entramado para hacer el egipcio… y la gente los ha seguido votando. Obama se quedará sin trabajo en noviembre, cuando los americanos elijan entre Trump y la señora Clinton, lo cual no es un dilema, sino una desgracia. Y como se queda sin trabajo, viene a orientarse a ver si puede acogerse a los generosos ERE de la Junta. O, si no, para ver si le encargan que dé allí en su tierra un curso para los parados de larga duración y hondo calado, y que de momento le manden por Seur la morterá que suelen a todos los que montan un chiringuito de formación para llevárselo como sabe bien el mollete de Antequera: calentito.

Y concluye:

De paso, está interesadísimo en conocer cómo los andaluces han elegido presidenta a una que se casó con un tieso. Le choca, porque la candidata Clinton no se casó con un tieso y puede que sea su sucesora. Su mujer le contó maravillas de cuando vino a Andalucía y se hartó de reír cuando le dijo que las gitanas del Sacromonte granadino le llamaban «Mojama». ¿Quiere probar la mojama propiamente dicha? ¿O las mariscadas modelo UGT? No, lo que sí quiere probar es la ensaladilla rusa, porque hasta ahora sus asesores le tenían prohibida cualquier relación con lo ruso, incluida la ensaladilla que rima con Sevilla y que aquí es gloria pura. Desmiento que venga a Sevilla para que lo hagan hermano de la Cofradía de los Negritos. Dice que mejor lo apunten en la Macarena, pues se sabe la canción de Los del Río. Y que si es necesario, incluso está dispuesto a bailarla, a cambio de lo suyo del ERE, «ay, Macarena».

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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