Alfonso Ussía desolla a Julio ‘El Rojo: «Su ética reside en la recepción de dinero de la tiranía narcopetrolera»

Ración de palos a Podemos en las tribunas de opinión de la prensa de papel este 2 de julio de 2016. El partido de Pablo Iglesias, tras conocerse los resultados electorales del 26 de junio de 2016, anda más perdido que un pulpo en un garaje buscando explicaciones de una derrota que, sencillamente, no tiene más vuelta que lo dicho por su propio líder, «el miedo (inteligente) de los votantes».

Arrancamos en La Razón y lo hacemos con Alfonso Ussía que pone al general de Podemos, José Julio Rodríguez, de vuelta y media, por eso de decir que los españoles que no han votado a su opción política poco menos que vienen a carecer de ética:

El general de Podemos, José Julio Rodríguez, me ha desconcertado. Intuyo, que además de desconcertarme, me ha metido en un enorme saco en cuyo interior ha ordenado que seamos arrestados muchos más de la mitad de los españoles. El inconveniente -para el general de Podemos-, es su falta de mando. No manda a nadie, y ha aceptado en la cumbre del escalafón militar, ser un mandado. Lo mandan a Zaragoza, y tararí que te vi, y lo mandan a Almería, y teteré que te ve. El desconcierto proviene de su análisis de las elecciones generales, en la que, como es costumbre, no ha conseguido su escaño. «Es peligroso que la mitad de los electores no crean en la ética». Me parece que el general de Podemos, contagiado por la gente entre la que se mueve, ha perdido su buena educación. Ha insultado sin mover una ceja a más de diez millones de españoles. ¿Acaso la ética la concede y reparte a su gusto el general de Podemos?

Resalta que:

Para el general de Podemos la ética reside en la recepción de dinero de la tiranía narcopetrolera venezolana. Una nación poderosa y rica que no tiene dinero para ofrecer en sus supermercados rollos de papel higiénico, mientras sus dirigentes comunistas guardan en el exterior miles de millones de dólares. Para el general de Podemos, la ética reside en la recepción del dinero que le envía un Estado que ahorca sin juicio ni defensa a los homosexuales de lo alto de las grúas. Para el general de Podemos la ética reside en el gozo, públicamente reconocido por su jefe Pablo Iglesias de contemplar cómo un manifestante del perroflautismo le abre la cabeza a un agente del orden público, sea guardia civil o policía nacional. Para el general de Podemos, la ética se instala en los asaltos a las capillas de las Universidades, las pintadas amenazadoras y los gritos dirigidos a imágenes sagradas, sacerdotes y estudiantes cristianos de «¡Arderéis como en el 36!».

E insiste en que:

Para el general de Podemos, la ética se ubica en el cenicero de un concejal de Madrid en cuyo interior lamenta no ver la ceniza de miles de judíos provenientes de los campos de la muerte nazis. Para el general de Podemos, la ética se instala en el homenaje a la figura de Stalin, el dirigente georgiano soviético que lidera la siniestra relación de los más brutales asesinos de masas de la Historia de la Humanidad. Para el general de Podemos, la ética se centra en los proyectos de fragmentación de España alentando consultas anticonstitucionales y traidoras. Para el general de Podemos, la ética se demuestra con la mentira, el disfraz de amores y sonrisas en quienes no tienen otro objetivo que la venganza -no se sabe de qué o contra quién-, y de implantar en una de las naciones más crecientes de Europa una dictadura comunista. Para el general de Podemos la ética se sitúa en los tuits de los dirigentes de su partido en los que amenazan de muerte y desean participar en ellas contra Alberto Ruiz-Gallardón, Esperanza Aguirre o Mariano Rajoy. Para el general de Podemos, la ética se ilumina en el apoyo a un dirigente terrorista de la ETA como Arnaldo Otegui, y en el silencio ante la tortura que padece por una condena dictada desde el sillón presidencial de Maduro un héroe venezolano que sólo busca la recuperación de la libertad de su pueblo. Para el general de Podemos, carecemos de ética los españoles que defendemos la Constitución, la Corona, la libertad, la democracia, la independencia de los tres poderes, y para colmo, los que agradecemos una y otra vez a las más abiertas y leales Fuerzas Armadas y de la Seguridad sus desvelos por servir a todos, incluidos los que pretender terminar con su decencia institucional. Para el general de Podemos la ética se fortalece en una España fragmentada, una Cataluña fraudulentamente independiente y en un País Vasco gobernado conjuntamente entre ellos y los que antaño brindaban con chacolí las muertes de los inocentes.

«Es un grave problema», dice el general de Podemos. En mi humilde opinión el problema es otro. El problema es que la ciudadanía ha visto las orejas al lobo del populismo, al lobo venezolano y al lobo de la mentira. Y Podemos, en seis meses, ha perdido más de un millón de votos. Y el pequeño problema del general de Podemos es que lo mandaron a Zaragoza para que lo votaran cuatro gatos y sentarlo en un escaño y le votaron tres gatos. Y posteriormente lo mandaron a Almería para que lo votaran tres gatos y sentarlo en un escaño, y le han votado dos.

Deje de insultar y váyase a su casa a recuperar en silencio la dignidad de su pasado.

En ABC, Salvador Sostres reconoce que el miedo de muchos ciudadanos a Podemos y, por ende, depositando su voto a otras opciones políticas es lo que ha demostrado que en España aún hay atisbos de inteligencia:

Pablo Iglesias ha atribuido el mal resultado de Unidos Podemos al miedo al cambio. Lo ha dicho como perdonándonos la vida, pero tiene toda la razón. Pablo Iglesias da miedo. Alberto Garzón da miedo. Sus partidos, juntos o por separado, dan miedo. Y este miedo es la inteligencia de España.

Que a última hora entraran en razón tantos frívolos que habían coqueteado con la insensata posibilidad de votar a Podemos, fue una demostración de audacia que yo francamente ya no esperaba. Son una cosa y lo mismo el miedo a la extrema izquierda que el amor a la libertad y el gusto por la vida.

Asegura que:

Claro que te tenemos miedo, Pablo. A ti y a tu cambio. Porque somos ciudadanos libres y no queremos dejar de serlo, porque vivimos en un país próspero y no queremos que nos condenes a tu hambriento atraso venezolano, porque somos felices y no queremos morirnos de asco bajo el yugo de tu totalitarismo despiadado.

Tú y tu proyecto sois el miedo que ha de tener cualquier ciudadano vertebrado que no haya caído en las garras de tu deprimente propaganda. Tu populismo y el comunismo de tu socio son las ideologías que más miseria y muerte han causado. Siempre nos habéis arruinado. Siempre nos habéis asesinado. No teneros miedo es una muerte asegurada y hablan por mi millones de cadáveres. Vuestras obras completas yacen ensangrentadas. Sois el gran miedo de la Humanidad, nuestra noche más amarga.

Nos dais miedo porque os conocemos. Nos dais miedo porque hemos visto morir de hambre y de cosas peores a tantos y tantos incautos que confiaron en vuestros correligionarios. Sois la lección más triste de la Historia y no queremos ser los próximos.

Claro que nos dais miedo. Y claro que sabemos que lo más valioso del domingo no fue que ganáramos unas elecciones, sino que milagrosamente, salvamos el cuello.

Luis Ventoso le da un completo repaso a Pedro Sánchez por seguir con su empeño de vetar a Mariano Rajoy y hacer todo lo posible por volver a dinamitar la nueva legislatura que aún está por nacer:

Aunque mi opinión es de limitada valía, oso escribirle, señor Sánchez, movido por la admiración hacia su figura política. Creo que lo adornan cualidades notables, que procedo a enumerar: es joven, pues tiene 44 años (es decir, en solo seis le caerán los 50 tacos); es alto y aseguran que guapo, chapurrea con soltura en inglés y sabe jugar al baloncesto. ¡Ahí es nada! Podría enumerar muchísimas más virtudes. Aunque me estrujo las meninges y no recuerdo ninguna. Su programa económico se queda en cepillarse la reforma laboral y subir los impuestos. Su solución para el desafío sedicioso catalán es un mejunje inextricable, el «federalismo asimétrico», que no entiende ni una pensadora tan eminente como Susana Díaz. Sus dos aportaciones intelectuales son: «Váyase, señor Rajoy» y «No es no». Pero yo lo admiro, porque es joven, de buen porte y sabe inglés.

Comprendo que a Bego le molaba ser primera dama. Y usted, concejal en Madrid hace solo tres telediarios, flipaba ante la posibilidad de ocupar La Moncloa con solo 90 escaños y el peor resultado de su partido. En cualquier democracia al uso dimiten con más votos (mire a Cameron). Pero usted se atornilló a la poltrona con faz de acero inoxidable; porque ser diputado de los de apretar al botón es un muermo tras rozar la gloria; y salir a la calle a buscar curro como cualquier español… ay, eso ya ni le cuento. Las ridículas maniobras durante meses para intentar ser presidente saturaron al público. Hasta hubo lances de vergüenza ajena, como cuando viajó a Bruselas a pedirle una ayudita a Tsipras, a ver si convencía a Pablito; o aquel solemne «Acuerdo de Gobierno» (sin votos) con Bisagras Rivera.

Añade que:

Su indigencia programática, su talante sobrado y el circo de querer ser presidente con 90 escaños se han traducido ahora en una segunda toña, más jevy que la anterior. Si antes estaba a 33 diputados del PP, ahora está a 52. Además ha vuelto a conseguirlo: ha batido su récord personal y ha logrado empeorar la mayor debacle del PSOE.

Querido Sánchez, usted se preguntará por qué se pega semejantes costalazos. Vislumbro alguna pista. La sucursal de su partido en Cataluña, por ahora una comunidad autónoma española, como Andalucía, Galicia o Valencia, acaba de exigir una reforma constitucional, que deberá reconocer que Cataluña es «una nación», sus «derechos históricos» y «la singularidad de su autogobierno». Es decir, pretenden consagrar algo tan regresivo -y antisocialista- como que los vecinos de un territorio son superiores a los demás por cuna. Ah, y si el resto de los españoles no aceptamos el agravio, entonces referéndum de independencia y al carajo, añade su PSC.

Y le aclara el panorama de por qué Sánchez no es querido entre los españoles:

Querido Sánchez, la pusilanimidad de su partido a la hora de defender a su país da repelús a la mayoría de los españoles, por eso no le votan. Ni siquiera le funciona en Cataluña, donde el filonacionalista PSC ha caído en picado desde que inició la línea entreguista.

Sea honesto, no haga más el pingo poniendo trabas a la gobernabilidad del país por capricho de su ombligo y acepte lo que cualquier demócrata habría hecho hace meses: déjelo, dé paso a alguien más competente que pueda reflotar al PSOE. Un abrazo afectuoso y gracias.

Ramón Pérez-Maura se pregunta qué puede llevar a un votante a mentir a un encuestador. Claro, así luego defraudan a los de Podemos que ahora buscan las razones de su fracaso en las urnas:

José Luis Rodríguez Zapatero sigue siendo un político que marca nuestra actualidad cada día. Por más que algunos puedan creer que ya ha desaparecido de la escena, su legado es tan perdurable como dañino. Vean ustedes la frase de su Jemad, José Julio Rodríguez, afirmando que «es peligroso que la mitad de los electores no crean en la ética». Tamaña afirmación ya fue glosada ayer en las páginas de ABC. Pero lo que a mí me gustaría reseñar es de dónde ha recibido Rodríguez la «auctoritas» para poder hablar de ética. Y como no la encuentro en ningún sitio sólo me queda concluir que lo que él tuvo fue una potestad que le dio Zapatero y que encaja perfectamente en Podemos. Porque todo lo que rodea a esa formación -hoy titubeante- tiene su origen en los siete larguísimos años de gobierno del presidente leonés.

Señala que:

Zapatero dejó al PSOE «fané y descangallado», con Pérez Rubalcaba obteniendo el peor resultado de los últimos 35 años de historia socialista. Pero el germen de problemas aún mayores estaba dentro. Bajo el liderazgo de Pedro Sánchez vivimos el auge de Podemos, gestado desde los medios de comunicación favorecidos por el zapaterismo de forma escandalosa. Como quiera que tanto Pablo Iglesias como Pedro Sánchez eran productos de la misma paternidad intelectual -digámoslo así exagerando un poco-, era inevitable que esto se tradujese en competir por el mismo territorio ideológico. Los hijos putativos de Zapatero amanecieron un día declarándose «socialdemócratas» y los hijos legítimos, los del PSOE, empezaron a jugar en su terreno populista. Lo que, como bien ha advertido Nicolás Redondo Terreros, es la mejor estrategia para que Podemos un buen día gane las elecciones.

Y recomienda a los de Podemos que no gasten energías en encuestas internas entre las bases para saber qué pasó el 26J:

Como Iglesias y todos sus compañeros de viaje -por más que en esta hora estén peleados- han heredado de Zapatero el creerse en posesión de la verdad, su reacción al contratiempo electoral ha sido de lo más divertido que hemos visto en la política europea desde los tiempos de la Unión Soviética. Alguna voz ligeramente descarriada, como José Julio Rodríguez, ha hecho un análisis propio del realismo mágico. Pero el resto de sus camaradas han optado, como buenas mentes comunistas, por el realismo científico. La crónica en ABC de Víctor Ruiz de Almirón era un buen ejemplo de ello: «El secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, durante su ronda de contactos ha redactado un documento a modo de cuestionario para conocer cuáles fueron los errores que condujeron al fiasco electoral del 26-J. Este texto fue trasladado ayer a la Secretaría de Organización de cada territorio para «tener una visión concreta por comunidades de análisis postelectorales». El documento se mandó a todos los territorios para que participen también los círculos sectoriales del partido (…) El documento, titulado «Análisis colectivo de los resultados y la campaña del 26-J», se unirá al estudio demoscópico que está elaborando Carolina Bescansa». Verdaderamente notable. Van a hacer este sesudo informe científico para averiguar de qué fue de lo que no se enteraron. Yo les sugiero que se lo ahorren y se lo cuento: el pueblo español ya conoce su sectarismo y su incapacidad para gobernar allá donde tocan poder. Y es por eso por lo que Pablo Iglesias se anticipó ayer al estudio de realismo científico y apuntó que les tienen miedo. Ahora sólo tienen que preguntarse por qué un votante miente a los intitutos de sondeo diciendo que va a votar a quien no piensa hacerlo.

En El Mundo, Lucía Méndez aconseja a Pablo Iglesias que haga caso de los expertos y que no lo fíe todo a unas encuestas que fallan más que una escopeta de feria:

Pablo Iglesias tenía sobre su mesa en la campaña electoral un libro: El juicio político de los expertos, escrito por Philip Tetlock, profesor de la Universidad de Pensilvania y muy celebrado científico social. Es un trabajo más académico que divulgativo a propósito de los fallos que cometen los expertos y analistas a la hora de hacer predicciones políticas. La Historia es pródiga en errores de juicio y diagnóstico que son desmenuzados por el profesor. En sus investigaciones empíricas sobre la actuación de los expertos, Tetlock demuestra que no superan demasiado en aciertos a un orangután lanzando dardos o a un algoritmo, a pesar de la fe que la sociedad sigue depositando en los nuevos oráculos.

No me negarán que el libro viene al pelo después del 26-J. El fiasco de las encuestas ha llevado a una legión de politólogos, sociólogos, analistas, responsables de empresas demoscópicas y periodistas a desfilar cubiertos de ceniza por haber visto el sorpasso con los ojos cerrados.

Nuestra merecida penitencia, sin embargo, se queda corta al lado del estrés postraumático que sufren Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y el resto de los dirigentes de Podemos. El no sorpasso les ha dejado planchados como esas figuras de dibujos animados cuando los atropella un camión.

Los dirigentes de Podemos estaban mal acostumbrados. Desde que nacieron han ido encadenando éxitos, superando los obstáculos que -a veces con malas artes- se le han puesto en el camino. Incluso han superado los obstáculos colocados por ellos mismos. El trauma igual es un poco excesivo para un partido recién creado que tiene un grupo parlamentario de 71 diputados. Es de suponer que una reflexión serena les permita descubrir dónde estuvo su error de juicio. Al margen de la eficaz campaña del miedo de sus adversarios.

Y finaliza:

El libro del profesor le será de ayuda a Iglesias para esa reflexión. En un capítulo asegura que a veces «los analistas tenían la teoría correcta pero no entendieron el mundo real». Pablo Iglesias, que es político a la vez que experto, estaba convencido de que podía ser presidente del Gobierno. Así, a la primera. Creía tener la teoría correcta, pero perdió de vista a la España real. Y quizá sea poco realista pensar que La Moncloa es compatible con ser el presentador de un programa que se llama Fort Apache.

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