LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Alfonso Rojo: «Por mucho pecho que saque, a Rivera no le queda otra que difuminar las líneas rojas»

Bajo la mesa, a escondidas, PP y PSOE están negociando

Todo puede torcerse y no hay que descartar que el PSOE, tras votar en bloque «no» el 27 de julio, repita la operación dos días después, confiando en desgastar a Rajoy

El triple ‘no’ de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy en el transcurso del Comité Federal del PSOE del 9 de julio de 2016 es la cuestión primordial que este 10 de julio de 2016 podrán leer en la tribunas de opinión de la prensa de papel. También hay referencias a la visita del presidente norteamericano a España, Barack Obama, en este caso preguntándose también cuánto le ha costado a los sevillanos los arreglos hechos en su ciudad para que al final el mandatario de la Casa Blanca haya tenido que descartar su estancia en la capital hispalense.

En La Razón, Alfonso Rojo se apunta a la hipótesis de que Mariano Rajoy va a darle ministerios a Ciudadanos y considera que el partido de Albert Rivera debe aceptarlos, puesto que va a tener más relevancia como partido que catalice las reformas que como formación en una oposición que se van a disputar a dentelladas PSOE y Podemos:

«No sé qué vamos a arreglar en agosto que no podamos arreglar este mes de juli»». La frase es de Rajoy. La dejó caer hace unos días en el Congreso, cuando acudió a acreditarse como diputado, y aparte de sentido común, revela las intenciones del líder del PP. Tiene unas maneras el presidente del Gobierno que confunde al personal. No es flojo, ni suave, ni vago o dubitativo. Y a estas alturas, visto el maquiavelismo con que ejecutó la campaña del 26-J, alguno de los que lo pintan tendido en la tumbona, deberían preguntarse cuántos escaños les habría sacado si en lugar de leer el Marca hojeara el Financial Times.

Destaca que:

Subrayo esto, porque abundan los convencidos de que se limita a esperar y no es así. Como hizo en las semanas previas a las elecciones, ha asumido personalmente el control, marca los tiempos, fija los objetivos y decide cada paso. Inasequible al postureo del PSOE y al aturdimiento de Ciudadanos, trabaja para ser elegido presidente el 29 de julio, en su segundo intento de investidura, y con la abstención total o parcial de los socialistas.

Todo puede torcerse y no hay que descartar que el PSOE, tras votar en bloque «no» el 27 de julio, repita la operación dos días después, confiando en desgastar a Rajoy, forzándole durante todo el verano a embarrarse en negociaciones farragosas y sin perspectivas, para terminar perdonándole la vida allá a finales de septiembre. El riesgo de esa táctica es que Rajoy puede envidar más alto. Si se niega a entrar en ese juego y coloca a los socialistas ante la aterradora perspectiva de unas terceras elecciones en noviembre, a Sánchez o lo que quede de él y compañía, les daría un infarto. Bajo la mesa, a escondidas, PP y PSOE están negociando y los mismo ocurre con Ciudadanos.

Y sentencia:

Por mucho pecho que siga sacando, a Rivera no le queda otra que difuminar las «líneas rojas» y asumir que su papel no es el de feroz opositor sino el de catalizador de las reformas. Pensando en la demagógica y feroz competencia que van a establecer PSOE y Podemos para aparecer ante los españoles como la verdadera oposición, lo mejor para todos y sobre todo para España sería que Ciudadanos agarrara el toro por los cuernos y aceptara asumir unos cuantos ministerios. Estoy seguro de que Rajoy, pensando en lo complicada que va a ser esta legislatura, le va a ofrecer carteras y lo que se tercie.

Alfonso Ussía se chotea de las intenciones de Pablo Iglesias, líder de Podemos, respecto de ese encuentro con Barack Obama, presidente de los Estados Unidos. Dice que para el podemita será un alivio que no le sienten al lado del norteamericano, básicamente porque éste igual le pregunta por Venezuela:

Lleva la cortesía a flor de piel. E incluso, bajo la piel. Lo cantaron Jorge Cafrune y José Larralde -mejor el primero-, en una balada del norte argentino. Eso, que se quedaba la ternura, como resolana, debajo de la piel. La ternura, la voz que aborrecía Mingote. Cuando era homenajeado, el parlanchín de turno destacaba del gran Antonio su «inconmensurable ternura», y Antonio, por lo bajini, trinaba en grajo: «La ternura, la ternura, que se meta la ternura por donde le quepa, pedazo de cursi». Un acrisolado entrevistador conversó con Miguel Mihura, el formidable autor, inventor de la mano de Antonio de Lara «Tono» de un humor inteligente, fresco, imprevisto y lúcido. El entrevistador glosó «la ternura de don Miguel para con los canes. Siempre se hace acompañar por un perro cuando se va de vacaciones». Y Mihura se divertía «con su ternura para con los canes» hasta que decidió quitarse la máscara. «No viajo con un perro por ternura. Lo hago, porque si alquilo una casa en la que no he vivido nunca, suelto al perro. Y cuando veo que el perro ha elegido su sitio, le doy una patada y coloco allí mi sofá. Los perros tienen una gran instinto para encontrar el mejor sitio de las casas».

Destaca que:

Pablo Iglesias es muy de ternuras. De ternuras aparentes, muy superficiales, porque en la resolana, debajo de la piel, acumula un resentimiento pavoroso. Y es cortés. Al menos, ha decidido ser cortés con Barack Obama, lo cual resulta edificante porque su compañero de coalición, el bolchevique Garzón, está moviendo a sus masas -sus masitas, mejor-, para protestar por la visita a España del presidente de los Estados Unidos. Garzón no es cortés. Los que lo conocen bien le dicen el «lelo», y por algún motivo se lo dirán. Cortés con mayúscula era don Clodoaldo, el fundador de «Jockey» y el «Club 31», prodigios de la gastronomía española. Fue el triunfador, con sus restaurantes «Toledo» y «Granada» de la Gran Exposición Universal de Nueva York. Contaba divertido que más de un centenar de clientes americanos le pidieron su mediación para saludar personalmente con el fin de felicitarlos por su maestría, a los señores Velázquez y Goya. Y Clodoaldo, por no decirles que eran unos burros, se excusaba siempre de la misma manera. «Están agotados y se han marchado a su hotel». Clodoaldo es protagonista de un soneto demoledor de Agustín de Foxá, escrito en colaboración con José Vicente Puente: «Forman vuestra Corte de adulones,/ flamencos, tortilleras, maricones,/ el Cuerpo Diplomático y Cortés». Bueno, hasta aquí una pequeña muestra de Memoria Histórica, para que los que se dedican a eso se aperciban de su ilimitada incultura.

Iglesias, el cortés de la ternura, no el Cortés de «Jockey», ha aceptado la invitación oficial para compartir almuerzo con Barack Obama. Se vestirá con chaqueta y corbata, lo cual ha sido muy celebrado en el Pentágono. No obstante, y para que Obama no se crea lo que no es, ha dejado claras sus diferencias y limitaciones. «Voy por cortesía. La comida y las fotografías me sobran. Querría hablar de política con él». Estoy seguro de que Obama también quiere hablar de política con Iglesias, pero va a ser difícil. A pesar de la importancia mundial de Iglesias, no creo que lo vayan a sentar junto a Obama, y en eso sale ganando Iglesias. Porque si de política hablaran, lo primero que Obama le preguntaría a Iglesias sería acerca de Venezuela, sus relaciones, su larga colaboración con el comunismo bolivariano, su postura ante la condena injusta a Leopoldo López y la cuantía de sus continuos trinques venezolanos. De ahí, que lo más provechoso para Iglesias es que el saludo de cortesía se quede en eso, en un «hola, ¿qué tal?» sin más pretensiones.

Considera a Iglesias un ególatra de tomo y lomo_

La comida, lo ignoro. Pero las fotografías jamás le han disgustado al pretencioso cortés. Otro cualquiera se daría con un canto en los dientes por compartir, aunque sea en la lejanía, uno en Madrid y el otro en Cuenca, una comida con el presidente de los Estados Unidos. Ahí queda la foto del saludo para el currículo y los nietos. Porque Iglesias no asistirá por cortesía. Asistirá porque desde que recibió la invitación oficial, tiene el antifonario hecho agua de la ilusión. Y pisará las reales alfombras de los Stuick, que tanto impresionaron a Rivas Cherif, el cuñado de Azaña. «¡Joé, qué alfombras, la madre que las parió»!

Y concluye:

Obama está de vuelta, a punto de finalizar su mandato. No creo que pierda mucho tiempo con Iglesias. Iglesias acude por cortesía, y Obama saludará a Iglesias por protocolaria educación. Es decir, que se deje de vainas, aproveche el momento, coma bien y hágase fotos.

Pd. El presidente Obama, habiendo conocido las manifestaciones del líder mundial Iglesias, ha decidido a última hora solicitar la suspensión de la comida oficial.

En ABC, Antonio Burgos se pregunta por el coste de todos los adornos y arreglos que se han hecho en Sevilla con motivo de la visita, ahora frustrada, de Barack Obama a la capital hispalense:

Me lo contaron ayer las lenguas de doble filo: a Juan Espadas, alcalde de Sevillar del Río, se le ha puesto cara de Pepe Isbert. Al americano, a Morenito de Hawaii (nombre de torero que no llega a nada), no sólo lo íbamos a recibir con alegría, sino con la ciudad sacada de brillo, de ensueño. Como para el rodaje de una película. Lo que ha ocurrido es que esa película no es que haya sido la de Luis García Berlanga que ahora todo el mundo cita (qué jartibles con Mister Marshall), sino algo mucho peor. Como El Cid ganaba batallas después de muerto, Berlanga sigue poniendo en pie su España muchos años después de irse al otro mundo. Berlanga se ha ido al otro mundo, pero nos ha dejado aquí, intacto, el mundo de Berlanga. Como que había uno no sé si de IU o de Podemos que quería a toda costa venderle algo de porteros automáticos a Obama en el almuerzo del Alcázar de Sevilla, tengo entendido.

Recuerda que:

¿Y los de las pancartas del «OTAN no, bases fuera», qué fue de ellos? Nos quedan muchos latinos «ubi sunt» en estas coplas a lo Jorge Manrique sobre la «no visita» de Obama a Sevilla. Decían que su foto asomado al mismo balcón de la Giralda desde donde lo hizo un santo, el Papa Juan Pablo II, iba a dar la vuelta al mundo y a ser un cartel para traer turismo americano a Sevilla. Se jodió la foto, se jodió el cartel y todo vuelve a su cauce. Sevilla se acostó ciudad ideal, disfrazada de ensueño, y se ha despertado como siempre: frustrada. Como en un eterno «día después» de la Expo del 92, donde se hartaron de venir Jefes de Estado extranjeros y no salió ningún cartel turístico como ese milagroso de Obama con Giralda que dicen se ha frustrado.

Dice que todo este montaje es :

Todo esto es inequívocamente americano. Más que el vaquero de Marlboro o los fuegos artificiales en la Estatua de la Libertad la noche del 4 de julio (que no es San Fermín, sino Santa Independencia), lo inequívocamente americano es un loquito que por correo contra reembolso o por Internet compra un fusil de asalto o un rifle de repetición, sin permiso de armas, con menos papeles que una liebre. Y ese loquito, como es su obligación en una nación que permite la libre posesión de armas y hasta hay una Asociación del Rifle que la defiende, hace lo que tiene que hacer: subirse a la torre de una Universidad o meterse en el recuerdo del asesinato de Kennedy en Dallas y liarse a tiros con todo lo que se mueve. Cómo serán de buenas las armas que venden libremente a los loquitos en Estados Unidos, que los disparos del francotirador de Dallas han llegado hasta Sevilla. A la Giralda le ha pegado un tiro a la altura del cuerpo de campanas y ha jodido la foto turística que se buscaba. No ha sido un tiro de muerte, sino una dosis de recuerdo de que la España de Berlanga sigue existiendo: que somos como somos y esto es lo que hay. En este caso, Sevilla ha sido como una colonia del Imperio, que ha pagado los platos rotos de la triste matanza del loquito de Dallas.

Y se pregunta:

¿Pagado? Eso digo yo. Y esto ¿quién lo paga? ¿Cuánto se han gastado inútilmente el Gobierno del Reino de España, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento en la frustrada visita de Obama a Sevilla? Nada más que en poner macetas por los alrededores del Alcázar ha tenido que ser un dinero muy curioso. Y en horas extras o días libres de las Policías Nacional y Local, ni te cuento los jornales perdidos. ¿Cuánto ha costado revisar las alcantarillas de todo el perímetro de la Acrópolis sevillana? Y las reservas de hotel no utilizadas, ¿quién las paga? Las han anulado antes de 24 horas, y eso a los particulares nos cuesta pagar el cuarto que no usamos. Los daños colaterales de la matanza de Dallas han llegado hasta las arcas públicas de España y de Sevilla. Señor Obama: comprendo que no haya venido usted, por el luto nacional; pero, «Martín, Martín, paga la convidá» que rechazó, dejando a Sevilla con dos palmos de narices como la palma del Giraldillo…

Ignacio Camacho plantea con cierta lógica que Mariano Rajoy debe asegurarse primero el apoyo de los 32 diputados de Ciudadanos y así dejar sin excusa o argumento al PSOE para seguir bloqueando la conformación de un Ejecutivo:

Hay mucho de irresponsable en esta espera, incluso de falta de respeto a los ciudadanos. Al cabo de doscientos días de bloqueo, los partidos continúan fiándolo todo al arreón de la última apuesta como tahúres inmóviles que miran de reojo al adversario. El que reparte las cartas, que es o debería ser Rajoy, lleva dos semanas convertido en estatua. Una táctica que le dio resultado en la fallida legislatura anterior pero que ahora no procede repetir porque esta vez las urnas le han entregado una iniciativa clara. Al quedarse a la expectativa está permitiendo que se achique su victoria. Su error consiste en depositar toda la presión sobre el PSOE como si éste le debiera algo, en vez de proceder desde el principio a construir con C’s una minoría insuficiente pero sólida. No es lo mismo gobernar con 137 diputados, un calvario, que con una masa crítica de 169. Y mientras no sume esa base agregada, los socialistas tendrán pretexto para situarse a la defensiva.

Eso es exactamente lo que han hecho. Su solemne triple negación -no al PP, no a Podemos, no a las terceras elecciones- es metafísicamente insostenible, pero les concede respiro para comprar tiempo. Sánchez no acaba de despejar del todo la posibilidad de intentar una alternativa de izquierdas; ayer se lo reprochó Susana Díaz. Aunque no tiene respaldo interno para promoverla, quizá la quiera usar para encarecer una abstención de última hora. El presidente debe darle una salida digna y eso pasa por asociarse primero con Rivera. Será difícil que Ciudadanos entre en el Gobierno -pese a que a muchos de sus cuadros les gustaría ¿verdad, Luis Garicano? sentarse ante el cuadro de mandos-, porque su líder teme quedar diluido en un papel subsidiario; sin embargo las dos fuerzas comparten un modelo de sociedad y ese consenso ha de quedar reflejado al menos en un acuerdo de partida. Y a partir de ahí el PSOE se quedará sin coartadas para no mover ficha. Es posible que aún quiera proporcionarse una inútil autosatisfacción: bloquear una investidura completa para darse a valer, hacer sufrir a Rajoy y obligarlo a volver en septiembre con otra oferta.

Y lanza un recado inequívoco a aquellos que se empeñan en el postureo:

Los españoles no están impacientes porque el país ha aprendido a funcionar por su cuenta, pero no conviene minusvalorar la autoestima ciudadana en un momento de desconfianza en las instituciones. Los partidos, en especial los de oposición, deberían ser conscientes de que el postureo estéril desgasta la reputación general de la vida pública. La gente ha dejado de creer en la palabra de los políticos porque sabe que carece de vigencia y que sus contratos verbales tienen una firmeza líquida. Son lágrimas bajo la lluvia. La charlatanería mediática, la compulsiva costumbre de hablar por hablar, ha provocado que «no» acabe por significar «sí» y que «nunca» quiera decir «por ahora». Exactamente igual que en la vieja política. La de siempre. La única.

Luis Ventoso asegura que a Pedro Sánchez su estancia en el chiringuito no le ha servido de acicate para ser más reflexivo, más tolerante, políticamente hablando:

El blanco y bonito Mojácar, allá en el Levante almeriense, en realidad son dos pueblos: el clásico y guapetón, encaramado en el monte, y el playero, más abigarrado. En Mojácar saben bien lo que es ir de incógnito, pues dicen que así fue como nació allí Walt Disney, en el parto secreto de una lavandera hermosa liada con un médico. La leyenda urbana detalla que la mujer, Isabel Zamora, emigró de inmediato a Chicago, donde tenía un hermano, y entregó el bebé a los bondadosos Elías y Flora Disney, padres ya de tres hijos.

Walter Elías Disney (Walt) sería en realidad José Guirao Zamora. La verdad es que revisando fotos, el viejo Walt, con su mirada pilla y su bigotillo de casino, gasta aire de español. Esperemos que cuando salga de su hibernación, que es la otra leyenda que lo rodea, el padre de Pluto nos aclare el enigma de sus orígenes andaluces.

Precisa que:

Lo de ir de incógnito tiene su miga, y más si eres conocido. Para pasar desapercibido, a Michael Jackson se iba la pinza y se tapaba el rostro blanqueado con una máscara quirúrgica. Lógicamente, lograba el efecto contrario: ¿Quién es ese friki que viene por ahí con máscara de operar y una guerrera llena de medallas? Pues Michael Jackson, quién va a ser…

Nuestro Sánchez es de esa escuela. Tras lograr de nuevo un «resultado histórico» en las urnas (en solo seis meses este crack ha firmado por dos veces el peor dato del PSOE), el matrimonio SánchezGómez, Pedro y Bego, se fue a Mojácar a aliviar penas y revisar estrategias monclovitas. Para pasar desapercibidos, Sánchez y Gómez protegieron sus extensas cabezas con sendos tocados: él con una gorra blanca de heladero y ella con un pintón sombrerito de paja. Sánchez completó su camuflaje con unas gafas de sol de enormes cristales negros, el mismo antifaz que emplea la Pantoja cuando le toca penar por el juzgado por sus picardías fiscales (que siendo tal vez menores que las de Messi, dieron con sus tonadilleros huesos en la trena).

Y señala con cierta sorna que Sánchez no iba a hacer como el líder de IU, Cayo Lara, y apuntarse al paro:

Plantados de tal guisa en el chiringuito de Mojácar, los Sánchez-Gómez fueron cachados al minuto por el respetable. Como somos un pueblo de porteras, en un plis plas ya teníamos en Twitter una foto robada del líder, allá en la terraza playera con innegable careto de mala uva. El indiscreto fotógrafo alivió a la nación, pues tras los comicios, en lo que un observador maligno podría llamar una pataleta infantil y juvenil, Sánchez se había vuelto súbitamente mudo. Nada se sabía del lince que quería ser presidente con noventa escaños (ahora 85). Cundía la zozobra entre la ciudadanía ante el eclipse del Pericles que formuló el «no es no». ¿Dónde estaba Sánchez? ¿Acaso sospechaba dimitir tras su doble y espectacular castañazo y anotarse al paro, como Cayo Lara? Pues claro que no.

«No es no»: no dimite. Ayer emergió tras la meditación del chiringuito y anunció ante el comité del PSOE un «triple no al PP». En realidad lo único pasmoso es que los de su partido no lo echen a patadas tras haberlos dejado en el chasis. Ese sí que es un misterio y no la hibernación del viejo Walt y las estériles deshibernaciones de González.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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