LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Luis Ventoso le baja los humos a Susana Díaz: «¿Alguien pensaría en ella como líder de no ser por el ínfimo Sánchez?»

"Nada hay de brillante en su gestión en la Junta ni tampoco la adorna una formación muy sólida"

Ignacio Camacho: "Todavía está por ver en España un partido que se adelante a denunciar a sus propios corruptos"

Reflexión este sábado 17 de septiembre sobre una semana intensa en lo que a los casos de corrupción se refiere. Tras los estallidos judiciales sufridos tanto por PP como por el PSOE, los columnistas y los editorialistas se afanan en seguir buscando nuevos puntos de vista.

Javier Redondo, en El Mundo, destaca la capacidad de Pedro Sánchez para aguantar el chaparrón dentro de su propio partido y como, en este caso de los ERE fraudulentos, la suerte le sonríe ya que a quien acorrala es la presidenta andaluza, su archienemiga dentro del PSOE, Susana Díaz:

Ya sabemos que Sánchez ha ajustado sus pulsaciones a las de Rajoy. Los estímulos funcionales alteran la rutina y el estado de cosas: Susana Díaz tocó a rebato y de repente retornan los fantasmas de Chaves y Griñán. Los barones comenzaron a incordiar y promover un Comité Federal, que se convocará «seguro» tras las elecciones vascas y gallegas. Sánchez se refugiará en la consulta a la militancia. Considera que Matas, Barberá y los dos ex presidentes andaluces han dotado a su cerril «no» de pleno sentido. Sánchez no tiene el don de la oportunidad sino el de la resistencia. El traqueteo no le inmuta porque dos fenómenos de la misma intensidad y previsibles consecuencias contrarias que topan en un mismo tiempo provocan un efecto de movimiento nulo.

El editorial de ABC se refiere al PSOE como una auténtica olla a presión que puede estallar de un momento a otro, especialmente tras la carga de dinamita que deja el escrito del fiscal del caso de los ERE fraudulentos en Andalucía:

Sánchez y su equipo pueden considerar que la acusación de la Fiscalía es una baza a su favor porque debilita a Susana Díaz en el seno del PSOE. De momento, la presidenta de la Junta ha conseguido imponer silencio en la agitada dirección socialista, donde durante toda la semana han volado los cuchillos en torno a la libertad de expresión a favor de un giro a la abstención. La olla a presión de Ferraz sigue subiendo de temperatura a apenas una semana para las elecciones gallegas y vascas, y lo más preocupante para el PSOE debería ser que son muchos los que, desde dentro, esperan que estalle.

Luis Ventoso aprovecha la crisis del PSOE para pedir una reflexión sobre si realmente Susana Díaz es la alternativa que le viene bien al socialismo. Verdades como puños:

La empanada en Ferraz es tal que algo tan elemental como defender la idea de España y plantarse ante los separatistas te convierte en un raro asombro, un estadista. Y ahí toca reconocer que Díaz cumple, pues si bien acepta formalmente la indescifrable ensaimada federalista, al menos se muestra patriota y parece dispuesta a plantarse ante los sediciosos.

Sus cualidades no se agotan ahí. Posee gracejo coloquial -quizá hasta demasiado coloquial-, comunica con intensidad y llega al público. Además, es muy trabajadora y va sobrada de amor propio. ¿Pero realmente está al nivel de lo que demanda la presidencia de España? ¿Alguien pensaría en ella para tan alta magistratura si no nos hubiésemos sumergido en esa sima apellidada Sánchez? Nada hay de brillante en su gestión en la Junta, donde se mueve en el tópico y con una producción legislativa baja. Tampoco la adorna una formación muy sólida (aunque sí extensa: la mítica carrera de derecho en diez años).

Ignacio Camacho lamenta que en el fenómeno de la corrupción en España aún no haya un partido que se atreva a denunciar las malas praxis en casa propia antes que fijarse en lo que hace el vecino político:

El encubrimiento, la ausencia de autocrítica, la maldita idea de que sólo se corrompen los otros, la confianza en que la inmoralidad ajena equilibra el efecto electoral de la propia, sólo han logrado degradar la confianza y extender la sospecha en un clima paroxístico, irrespirable, de reproches mutuos. Todavía está por ver en España un partido que se adelante a denunciar a sus propios corruptos. Lo que nuestra dirigencia no es capaz de comprender es que un escándalo no tapa otro escándalo: sólo suman dos escándalos.

El editorial de La Razón le recuerda a quienes insisten en pedirle a Rajoy que presione a Barberá para que devuelva el escaño algo tan elemental como que el acta de senador, como la de diputado, son a la persona, no al partido:

Quienes exigen a Mariano Rajoy que obligue a Rita Barberá a renunciar a su escaño deberían indicar también qué método se puede emplear. A lo mejor, piensan en algún tipo de presión más propio de las películas de espías que de la normalidad jurídica y política que debe regir un país. Rita Barberá ha dicho «no» a entregar su escaño y sólo ella puede cambiar de opinión.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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