LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Un asesor aúlico de La Moncloa a Raúl del Pozo: «No nos hagamos pajas mentales, iremos a elecciones si no echan a Sánchez»

Ignacio Camacho: "Ya es tiempo de que Podemos empiece a sufrir el desgaste de sus propias equivocaciones y a pagarlas"

Mayte Alcaraz, en ABC, habla sobre el futuro de Pedro Sánchez y dice que si sigue en la secretaría general del PSOE se debe a dos circunstancias que han concurrido prácticamente a la vez:

Sigue al frente de ese histórico partido gracias a la concurrencia de dos situaciones: la cobardía de los barones que no quieren dar un paso al frente más allá de las crueles críticas que le dedican en los pasillos; y el avieso acuerdo en el último Comité Federal, en el que los dirigentes territoriales más críticos decidieron poner sobre sus hombros la responsabilidad de llevar a España a unos terceros comicios en los que previsiblemente, y sin que a nadie parezca dolerle, el suelo socialista frisará el subsuelo.

ABC editorializa sobre Pedro Sánchez y tilda sus aspiraciones de mediocres:

Pedro Sánchez es como esos alumnos que cuando suspenden se consuelan diciendo que han sacado mejor nota que la que esperaban. Es una forma de mitigar el fracaso engañándose a sí mismo con el mensaje de que «hemos salvado los muebles». Es una táctica sencilla: basta fijar un objetivo fácil y alcanzarlo. En las dos últimas elecciones el PSOE ha horadado su suelo electoral. Nunca, desde 1977, ha habido tan pocos socialistas en el Congreso, pero ahí sigue Sánchez, dando lecciones para dirigir el PSOE en estos tiempos de crisis y presentándose como el eje de la gobernabilidad, en vez de como la causa del desgobierno. Sánchez se ha conformado con evitar el «sorpasso» de Podemos y convertirse en minoría de bloqueo. Aspiraciones mediocres para un partido que debería tener mejores ambiciones.

Raúl del Pozo trae a su columna a una de sus gargantas profundas que dice bien claro que si en el PSOE no hay nadie que siquiera le toda a Sánchez, las terceras elecciones están cantadas:

«¿Que qué pasará después del domingo?» -se pregunta un escriba, un áulico de La Moncloa. Y se contesta: «No nos hagamos pajas mentales. Si no hay un tío que levante el dedo para echar a Pedro Sánchez, iremos a las urnas. Después de diciembre ‘el Coletas’ quería elecciones para echar a Sánchez. Ahora es Sánchez el que quiere elecciones para echar a el Coletas». Se espera a una Susana que no llegará nunca aunque Felipe Alcaraz ha escrito un tuit que dice: «Las tropas del susanato están acuarteladas en Despeñaperros a la espera del 25-S».

La Razón, en su editorial, da casi por hecho que vamos a terceras elecciones y exige que no sólo los partidos acuerden el cambio de fecha para pasar del 25 de diciembre de 2016 al 18 de diciembre de 2016, sino también que pacten una reducción de los gastos:

UPN registró en el Congreso una propuesta para modificar la Ley Electoral en lo que se refiere a la duración establecida de la campaña, reduciéndola en una semana, con lo que la cita en las urnas se adelantaría al 18 de diciembre. Hay que agradecer al partido navarro que, por lo menos, haya puesto sobre la mesa lo que, en aras del tacticismo político, parecía un tabú. Pero ya que la modificación de una ley orgánica, que incide en el texto constitucional, obliga a un amplio acuerdo parlamentario, tanto en el Congreso como en el Senado podría aprovecharse la oportunidad para extender la reforma legislativa a la cuantía de las subvenciones que reciben partidos y parlamentarios por gastos electorales y que, sólo en la última convocatoria del 26 de junio, supusieron para las arcas del Estado 130 millones de euros. Si tenemos en cuenta que en el mes de diciembre anterior ya se había gastado otro tanto y que, además, hay que sumar a esas subvenciones los gastos de composición y funcionamiento de unas Cámaras que no llegaron a ejercer, parece lógico que se intente reducir un gasto público que, no lo olvidemos, se paga con los impuestos de los ciudadanos.

CRISIS EN PODEMOS

Ignacio Camacho, en ABC, considera que ahora que Podemos se ha enzarzado en una lucha por el poder interno, conviene a los demás partidos no distraerlos, sino que sigan adelante con sus purgas internas:

Cuando el enemigo se equivoca, decía Napoleón, no hay que distraerlo. La brecha abierta entre Iglesias y Errejón es una buena noticia para el sistema constitucional que aspiran de forma explícita y confesa a destruir. El pujante surgimiento de Podemos ha sido el factor clave de la crisis política española; sin él no sólo habría Gobierno, sino estabilidad y garantía de alternancia. Un partido de izquierda, otro de derecha y un centro bisagra: la fórmula que ha traído en Europa la mayor prosperidad democrática. Pero el populismo irrumpió como consecuencia de los errores de la partitocracia. Ya es tiempo de que empiece a sufrir el desgaste de sus propias equivocaciones y a pagarlas.

El editorial de El País se pregunta hacia dónde va Podemos y pide que se aclare ideológicamente tras hacerse públicas las discrepancias entre Iglesias y Errejón:

La tensión entre los generales de Podemos coincide también con la lucha abierta entre los dos sectores de sus organizaciones en tres comunidades autónomas y en una docena de ciudades, importantes para medir la relación de fuerzas ante el congreso de 2017. Y a su vez incide en el debate sobre el tipo de organización hacia el que Podemos pretende caminar. Sus acuerdos con otras fuerzas en Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Galicia le reportaron buenos resultados en las elecciones generales, pero esas coaliciones se están agrietando. El debate de Podemos no podrá tampoco soslayar por más tiempo la contradicción entre defender una patria plurinacional y querer hablar como un partido de ámbito nacional.

El Mundo también dedica su editorial a la crisis abierta en el seno de Podemos:

En el fondo de la reyerta política entre Iglesias y Errejón subyacen las profundas contradicciones de un partido que, con 71 escaños y cinco millones de votos, encara el dilema de consagrar su espacio en el marco de las instituciones o volver a la agitación callejera. Es evidente que a lo largo de los últimos meses Podemos ha incurrido en algunas de las prácticas que más ha afeado al PP y al PSOE, como el enchufismo o la falta de transparencia. Es evidente también que la dirección de Podemos ha dejado claro su interés en tutelar el poder judicial o controlar los medios. Y esta es precisamente la principal ecuación que debe resolver Podemos. Si porfía en su irresponsabilidad adolescente o si al fin aspira a convertirse en un actor político normalizado capaz de aceptar el juego propio de una democracia parlamentaria.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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