LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Burgos da por amortizado al exsecretario general del PSOE: «Gracias al susanismo nos hemos librado del malvado e inepto Sánchez»

"Ni yo ni usted acertamos a comprenderlo, pero este gachó, Sánchez, tiene hasta partidarios"

¿Dónde están las obras completas de Sánchez? ¿Dónde la teoría política de Sánchez? ¿Dónde las soluciones económicas de Sánchez?

Por activa o por pasiva, Pedro Sánchez, exsecretario general del PSOE sigue siendo el protagonista de las editoriales y columnas de opinión. Este 9 de octubre de 2016 hay algún ‘regalito’ para el ‘guapo de Magariños’ en el que celebran su destitución al frente del socialismo, pero al mismo tiempo le piden que haga algo de provecho por España y haga caso a lo que mandate el próximo Comité Federal, que seguramente abogará por decretar abstención a la investidura de Rajoy:

Antonio Burgos, en ABC, le da una buena somanta de palos a Pedro Sánchez, político cuyo único legado ha sido el ‘no’ a Rajoy:

¿Sanchista? Sí, tal como suena. De Sánchez, del malvado Sánchez, del inepto Sánchez, del peligrosísimo Sánchez. Que de buena nos hemos librado con Sánchez gracias al susanismo, nada menos que de un Gobierno de España formado por los que quieren destruirla. Pero ¿se puede ser sanchista? ‘Hay gente pa tó’, evidentemente. Ni yo ni usted acertamos a comprenderlo, pero este gachó tiene hasta partidarios, y a los hechos de las rebeliones internas de barones y federaciones regionales del socialismo patrio me remito. Comprendo perfectamente que se pueda ser madridista o culé, belmontista o gallista, de Cánovas o de Sagasta. De Manolete o de Pepe Luis, de Picasso o de Dalí, de Concha Piquer o de Juanita Reina, de Serrat o de Sabina, bético o sevillista, de Murillo o de Velázquez. De Cernuda o de García Lorca, rojo o nacional, católico o evangélico, de la Cruzcampo o de la Mahou, de José Tomás o de Roca Rey, de Juan Pedro o de Victorino, de la fabada o del cocido, y así hasta el infinito de preferencias entre duales. Pero ¿de Sánchez? ¿Cómo se puede ser partidario de Sánchez? Pero ¿cómo puede haber sanchistas, del mismo modo que hay culés, tomasistas y hasta yijadistas? ¿Dónde están las obras completas de Sánchez? ¿Dónde la teoría política de Sánchez? ¿Dónde las soluciones económicas de Sánchez? ¿Dónde las fórmulas de Sánchez para resolver los problemas sociales y, por ejemplo, acabar con el paro? Yo lo de Sánchez lo resumiría en una sola palabra: odio. Odio a Rajoy, que es lo que ha terminado cargándoselo.

Ignacio Camacho insiste en su columna en que el PSOE de Pedro Sánchez o, mejor dicho, el exsecretario general socialista cayó en la trampa de podemizar a los suyos:

Podemos ha desplazado el eje político hacia una izquierda revanchista aglutinada por el discurso del odio, y le ha tendido al PSOE la trampa de retarlo desde una posición en la que le han tomado ventaja. Pedro Sánchez cayó de pleno en ese cepo porque sólo pensaba en La Moncloa; carecía de proyecto propio y de estrategia de luces largas. La rebelión que lo ha derribado fue organizada por los barones con poder institucional, fieles a la antigua vocación de partido de Estado. Un partido sistémico ante cuyas victorias la gente no sentía miedo al margen de lo que cada cual hubiese votado. Iglesias tiene la ventaja de que no engaña por mucho que mienta con lenguaje de circunstancias. Su designio de agresividad está impreso en su propia mirada. Con ella no sólo amenaza al centro-derecha, sino que desafía al socialismo a elegir bando.

El editorial de ABC no cae en la trampa de que Podemos sea un partido que ahora vaya por la senda de no ser populista y advierte al PSOE de que o se recompone, o los de Pablo Iglesias y compañía les come la tostada:

Este debate demuestra, en primer lugar, que la supuesta «transversalidad» y la negación del tradicional eje entre izquierda y derecha que tanto blandía Podemos no eran más que la típica estrategia que emplean los movimientos populistas para ocultar su verdadero rostro ideológico y su liberticida proyecto político. Y ahora que Iglesias ha decidido quitarse la careta, el partido morado exhibe ya sin tapujos su verdadera y única naturaleza, que no es otra que la radicalidad propia de la extrema izquierda. Sin embargo, más allá de la estrategia, tanto Iglesias como Errejón comparten el mismo objetivo, acabar con el PSOE. Podemos quiere aprovecharse de la profunda crisis de identidad y liderazgo que atraviesan los socialistas para ocupar su espacio y liderar la oposición al PP. El PSOE debe, pues, recomponerse cuanto antes y corregir la desastrosa deriva emprendida por Pedro Sánchez, para recuperar el centro-izquierda y arrinconar a Podemos, consciente de que no es su adversario, sino su enemigo político.

El editorial de El País se marca uno de esos editoriales edulcorantes donde pretende dar lecciones de moralidad en el que pone en el mismo lugar a quienes han intentado construir y a los que se han empeñado justo en lo contrario:

Para poder ganar el futuro, tenemos antes que ganar el presente, un presente marcado por el hito de llevar 300 días sin Gobierno, lo que supone el aplazamiento, y agravamiento, de todos los problemas que debemos resolver y cuyas soluciones no pueden esperar más. Pero en lugar de hablar de los problemas y buscar entre todos las soluciones, hemos acabado enredados en una conversación altamente emocional y, en demasiadas ocasiones, violenta, que impide cualquier tipo de discusión racional sobre los problemas reales. Somos los primeros en defender el derecho a criticar, pero conviene tener presente que la polarización que sufrimos no es tanto una consecuencia inocente del desbordamiento de las pasiones en el calor del debate, algo en lo que nosotros mismos hemos podido incurrir en alguna ocasión, sino de una estrategia deliberada que pretende impedir que tengamos la conversación que necesitamos y, peor aún, intimidar y atemorizar a los que opinan de forma distinta. La burda división entre los de arriba y los de abajo, los patriotas y los traidores, la exageración paranoica de la maldad del contrario, la obstinación disfrazada de principios o la simplificación de las opciones políticas hasta el extremo ridículo de los buenos y los malos son el mejor camino para privar a los ciudadanos del debate que precisan.

Fernando Sánchez Dragó, en El Mundo, ha reflexionado un par de semanas antes de meterle un buen varapalo a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con el famoso asunto de la guía informativa para abordar el tema de la prostitución:

La oleada de puritanismo que recorre Mojigatia (antes España) huele a tigre de sacristía y a bragas de monja progre, pero ya pasará. A una época de libertinaje sucede siempre otra de represión y tras ésta regresa la libertad de costumbres. Entre los bastidores de la cursilería de los mil y un movimientos podemitas se cierne la guadaña del totalitarismo. ¿Cuál de ellos? Pues el de siempre, porque sólo hay uno: el de los jacobinos, el de los asesinos de los Romanov, el del chequismo del Madrid republicano, el del nazismo o el del yihadismo, que ahora se viste con la piel de cordero del buenismo y el multiculturalismo. ¡Cuánto ismo, mare de Déu! Vale, vale… Ya lloverá menos, pero, de momento, hasta que escampe, nos lo están prohibiendo todo sin que nadie diga nada. El último apretón de esa tuerca es la homilía de la alcaldesa de Madrid concerniente al libro de estilo de la profesión periodística. Nihil novum. El totalitarismo, sea cual sea la ideología de la que proviene, siempre empieza manipulando el román paladino en el que suele el pueblo fablar con su vecino. Nos conmina la alcaldesa a no llamar putas a las putas en nuestros escritos, aunque sí puteros (discriminación sexista) a los que van con putas.

El editorial de La Razón se centra en la encuesta que saca este 9 de octubre de 2016 y pide que nos centremos en el ejemplo alemán y que tanto PP como PSOE vean que no pasa nada ni hay consecuencias electorales por gobernar conjuntamente o por prestarse apoyo:

Nuestra cultura política está a años luz de la experiencia alemana, y sigue viéndose como una traición que los partidos se pongan de acuerdo para temas que benefician claramente al conjunto de la población. Va siendo hora de innovar, también en esto. En la caída de Pedro Sánchez, los más conspirativos han descubierto la mano oscura de unos poderes que creen que el PSOE debe permitir el gobierno de Rajoy a toda costa, sin ni siquiera entrar en detalles de los puntos del programa socialista que podrían incluirse en el de los populares, siguiendo el muy castizo dicho de solos, antes que mal acompañados. Es decir, lo que se dice hacer política. Según una encuesta de NC Report que publicamos hoy, un 47,8% de los votantes socialistas prefiere que el PSOE negocie una abstención con el PP para desbloquear la investidura.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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