La estocada final de Cebrián a los Polanco: PRISA pone en venta Santillana

Santillana fue mucho más que la puerta de entrada de Jesús Polanco al mundo editorial de la España franquista. Allí aprendió a moverse con soltura por los laberínticos pasillos y despachos de gobiernos de todo pelaje.

Supo cómo descifrar las múltiples máscaras en las que se esconde el poder y perfeccionar sus estrategias de seducción con políticos y hombres de Estado.

Polanco se ajustaba a esa sentencia de Tácito que dice que «para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio». Era capaz de todo.

«Recuerdo como si lo estuviera oyendo ahora mismo, que Polanco me dijo: «Yo soy un puto (sic), y por conveniencia me acosté ayer con Suárez, y hoy lo estoy haciendo con Felipe González….», escribió Ramón Tamames en sus Memorias.

Ni su mentalidad rural ni su falta de idiomas le impidieron tejer un entramado de influyentes contactos en el Ministerio de Educación en manos del Opus Dei que le permitirán disfrutar de un generoso trato arancelario y fiscal para la industria editorial por no hablar de los beneficios que le otorgaría haberse hecho con el casi monopolio de los libros de texto.

Polanco consiguió gracias a Santillana tener acceso directo a políticos y ministros latinoamericanos que jugaron un papel esencial en la expansión de PRISA.

Martín Prieto lo recuerda así: «Al menos en buena parte de Sudamérica, aún bajo regímenes de terror, se me cerraban las puertas ante mi representación de periodista y se me derrumbaban en atenciones en cuanto yo aludía a mi condición de distinguido empleado de Polanco».

Santillana introdujo a Jesús de Polanco en los círculos de poder del tardofranquismo y le hizo inmensamente rico. El País le hizo poderoso e influyente.

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VENTA DE SANTILLANA

Casi cincuenta años después, Juan Luis Cebrián, el peón de Polanco ha decidido desprenderse de la piedra angular del imperio PRISA para rascar unos 1700 millones de euros, una cifra casi idéntica a la deuda del grupo y aproximadamente la mitad de su valor en 2013, cuando acordó su refinanciación con los acreedores.

En un breve comunicado, la compañía informaba a la CNMV de que «dentro del proceso de revisión estratégica iniciado por el grupo, se están valorando diferentes alternativas, entre las que se incluye una eventual desinversión, total o parcial, en el capital social de Grupo Santillana Educación Global, para lo cual la sociedad ha iniciado el correspondiente proceso formal».

La clave de la operación radica en que Cebrián está con la soga al cuello de los acreedores y deberá pagar a sus acreedores antes que finalice 2018 un total de 956 millones de euros, lo que equivale a más de la mitad de lo que les debe. —La clave de la Operación Santillana: Prisa debe pagar 1.000 M. de deuda en 2 años

Para ello no tendrá más remedio que incumplir una vez más la promesa que hizo a los accionistas de PRISA de que no malvendería activos «relevantes» de la compañía: luego de hacerla hizo caja con Digital Plus, Alfaguara, Cuatro, la portuguesa Mediacapital y sus acciones en Mediaset. Y no vendió el diario Cinco Días porque no encontró a nadie que le pagara lo que pedía.

El pasado verano valoró así el 75 por ciento que aún mantiene en Santillana -el otro 25 por ciento es del fondo DLJ South American Partnersen 1.500 millones de euros. Deshacerse de Santillana equivale a desprenderse de su activo mejor valorado y sólo en 2015 le aportó el 45% de sus ingresos.

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