LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

La prensa achicharra a Iglesias por su actitud con la muerte de Barberá: «Ruin, mezquino y miserable moral»

Isabel San Sebastián le lanza un mensaje al PP: "La trataron como a una apestada, condenándola a sentarse en el grupo Mixto de la Cámara Alta junto al representante de Bildu"

La muerte de Rita Barberá ocupa este 24 de noviembre de 2016 toda la atención mediática de tribunas y editoriales de la prensa de papel. Prácticamente todos los artículos van en la línea de darle hasta en el velo del paladar a Podemos por no guardar el minuto de silencio por la senadora y exalcaldesa de Valencia, aunque también hay quien le recuerda al PP que fue quien la arrinconó hasta conseguir que se fuese del partido.

Luis Ventoso, en ABC, le recuerda a Pablo Iglesias su miseria moral por no tener un rescoldo de humanidad con la muerte de Rita Barberá:

Imbuida de un integrismo regeneracionista a lo Rivera, la opinión pública la condenó sin esperar sentencia (son muchos los políticos absueltos tras la polvareda inicial). Como siempre, el summum del sectarismo lo alcanzó ayer Iglesias, ordenando salir a su bancada en el minuto de silencio. El partido que perdona grabaciones secretas en reuniones oficiales, becas fraudulentas, asaltos a iglesias, chistes con una mutilada por ETA, cobros hediondos de dictaduras, escaqueos a Hacienda y chanchullos con pisos sociales, no encontró un rescoldo de humanidad para reconocer que Barberá hubo de hacer aportaciones valiosas en sus 24 años de servicio público. Qué miseria moral, Iglesias, solo por chupar un minuto de cámara. Tú, que jabonoso llamas a Otegui «hombre de paz».

Isabel San Sebastián va en la misma línea al criticar la actitud sectaria de Podemos:

El desplante protagonizado ayer por la muchachada de Iglesias al ausentarse del hemiciclo durante el minuto de silencio y respeto dedicado a honrar su memoria expresa a la perfección esa mezcla de visión sectaria y falta de humanidad. El afán revanchista que empuja a esa turba odiadora a perseguir a sus víctimas hasta la misma tumba después de haberlas acosado sin piedad en vida. Su ínfima catadura moral.

Pero también le manda un mensaje al PP:

Esos cargos y carguillos del PP, hoy desolados, la abandonaron a su suerte hace pocos meses, cuando el Supremo la puso en su punto de mira por un asunto relacionado no con su lucro personal, sino con la financiación de la formación a la que sirvió durante décadas. Le exigieron que entregara el carné para no perjudicar al partido, fingiendo ignorar lo que nadie, a partir de cierto nivel, ignora en la calle Génova. La trataron como a una apestada, condenándola a sentarse en el grupo Mixto de la Cámara Alta junto al representante de Bildu, Iñaki Goioaga, procesado por un delito de pertenencia a ETA.

Ignacio Camacho añade que aparte de la catadura de los podemitas, a Rita Barberá le daño la abolición del derecho a la presunción de inocencia:

No te confundas: el gesto miserable de Podemos sólo retrata su cicatería moral, su incurable hemiplejía sectaria. Las personas oscuras tienen la ventaja de que siempre acaban dejando ver su fondo torvo. Pero la desazón que provoca la tragedia de Rita Barberá es más compleja que la de esa mezquina demostración de rencor póstumo. No te conformes con el espejismo de los que cavan trincheras con palas de sepulturero, ni con la repugnancia ante la ciénaga de las redes, ni con la simplista atribución de su muerte a la ansiedad de las traiciones o a la tensión de una descarga de odio. Hay una cuestión más importante y más profunda en este asunto, un debate más antipático que nos interpela a todos. Se trata de la abolición de la presunción de inocencia, de la naturalización de los veredictos anticipados de culpabilidad.

El editorial de ABC llama ruin y mezquino a Podemos por su actitud con la muerte de Rita Barberá:

Podemos quedó retratado por su conducta ruin, mezquina y ajena a la más mínima sensibilidad, más aún cuando tiene entre sus cargos públicos a corruptos con condenas firmes y sanciones vergonzantes. Urge una reflexión en España sobre la deriva de los juicios paralelos, sobre la escombrera moral en que se han convertido las redes sociales y sobre el alcance real que debe tener la libertad de expresión

El segundo editorial de El País está dedicado a analizar el pésimo gesto de Podemos con relación a ausentarse en el minuto de silencio por la muerte de Rita Barberá:

Hay momentos en los que las personas quedan retratadas como lo que realmente son. Pablo Iglesias y los diputados de Unidos Podemos volvieron a mostrar ayer su cara más oportunista al no participar en el minuto de silencio que se guardó en el Congreso de los Diputados por el fallecimiento de la senadora del PP y exalcaldesa de Valencia, Rita Barberá. El líder de Podemos justificó su decisión diciendo que se negaba a realizar «un homenaje político» a una persona «cuya trayectoria está marcada por la corrupción». Eso supone no entender la diferencia entre una muestra de humanidad, de respeto y de conmiseración hacia una persona fallecida y un homenaje a una personalidad política.

En La Razón, Cristina López Schlichting resalta la mezquindad de Pablo Iglesias:

Ni la muerte ha impedido que Pablo Iglesias reiterase que la alcaldesa histórica de Valencia no se merecía homenaje alguno. El gesto es de una mezquindad llamativa. En la Cámara no se pretendía vindicación alguna,sencillamente era el gesto de recuerdo de los senadores a la que había sido su compañera. Pura y llanamente una cuestión de humanidad. Pero la compasión no forma parte del bagaje político de Podemos.

El editorialista de La Razón habla de fanatismo cruel en el caso de los podemitas tras desmarcarse de las muestras de respeto hacia la senadora fallecida:

Ellos se desmarcaron del minuto de silencio que el Congreso guardó en memoria de Rita Barberá, cuyo cadáver permanecía aún en la habitación del hotel, a pocos metros del Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Iglesias denigró la figura de la ex alcaldesa de Valencia, a la que tildó de corrupta, y, en un ejercicio de demagogia superlativo, pidió minutos de silencio en la Cámara por las víctimas de la pobreza energética. Iglesias y sus camaradas se retrataron ayer por si alguien no conocía todavía su talla moral. Tanto, que se quedaron solos en su fanatismo cruel, pues ni sus compañeros de Podemos en el Senado ni en Valencia los secundaron.

En El Mundo, Raúl del Pozo habla del odio que se ha instalado en el Congreso de los Diputados y en el Senado:

Este país está enfermo de odio y esa patología se traslada al Congreso y al Senado. El parlamentarismo agresivo y fanático se ha extendido a las tertulias de radio y televisión; circula la demagogia a granel, las estampidas y estrépito de los jabalíes. Desde hace casi un año, San Jerónimo no es una Cámara sino un teatro de variedades, entre el absurdo y el pánico.

Arcadi Espada también le afea al PP que se plegase a las presiones populistas para arrinconar a Rita Barberá:

El partido Podemos culminó ayer mismo una sostenida tarea de destrucción, utilizándola, ya cadáver, para denunciar la llamada pobreza energética. Pero mientras el populismo queda recluido a esas granjas, el daño que provoca es limitado. La vida y hasta la belleza prosperan en el excremento. El problema es cuando otros políticos y otros medios actúan nublados por el humo de chusma. El problema del populismo son las 169 portadas que el diario El País dedicó a demostrar la culpabilidad de un inocente llamado Francisco Camps. El problema del populismo es que el Partido Popular decidiera que una imputación (o investigación, como la llaman ahora) era suficiente para que Rita Barberá abandonase la vida política. Una decisión, por cierto, en la que influyó la radical exigencia de Ciudadanos, mucho más grave cuando este partido se distingue o se quería distinguir por practicar una política absolutamente refractaria al populismo.

El editorial de El Mundo resalta la indencia mostrada por Podemos hacia la figura de Barberá:

Que los diputados de Podemos abandonaran el Hemiciclo para no «homenajear a personajes corruptos», como dijo Pablo Iglesias, fue una indecencia. La formación morada volvió a demostrar un sectarismo y una falta de la mínima cortesía política que, sumado en este caso a la ausencia de humanidad, produce escalofrío. La muerte de cualquier persona causa tristeza, no digamos ya cuando se trata de alguien relativamente joven como Rita Barberá, de 68 años.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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