LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Santiago González se troncha de la guerra civil podemita: «Su riña es una asamblea más de la Complutense»

Jaime González: "La guarnición pedrista no es capaz de resistir la ofensiva de las tropas susanistas ni tomando posiciones en lo alto del campanario"

Si leen en algún sitio que Pedro Sánchez desiste definitivamente de encabezar una candidatura en el PSOE, no se lo crean. Hoy es 28 de diciembre de 2016, Día de los Inocentes, y por tanto es más que posible que se trate de alguna inocentada.

Fuera de bromas, las tribunas y editoriales de opinión de la prensa de papel ponen su vista en dos frentese esenciales, la guerra civil que sigue más viva que nunca en Podemos y la pérdida de apoyos cada más sangrante de Pedro Sánchez para volver a encabezar el PSOE.

Santiago González, en las páginas de El Mundo, se troncha de la guerra civil que mantienen los dos gallos del corral podemita, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón:

Hay que optar entre un petudo y un zangolotino. Los dos quieren al final lo mismo, aunque el personal, que siempre necesita el patrón de la medida, considera al primero leninista y al segundo socialdemócrata. Basta hacer un seguimiento de los dos vía hemeroteca para comprobar que son muy parecidos. Vean el obituario por Chávez de Errejón, tan sentido como el de Pablo de Torso, aunque no sé si tanto como Monedero, el del Orinoco por el lagrimal, si bien Íñigo, que declaraba a Venezuela su «patria de acogida», hizo una confesión que no sé cómo interpretar: «Por mí también pasó Chávez». Íñigo y Pablo mantienen una lucha encarnizada que nos van a retransmitir minuto a minuto, en tiempo real hasta febrero. Las más feroces de las guerras son siempre las civiles, las peleas intestinas, las querellas familiares. Hermanos como Caín y Abel, empeñados en una riña teológica, como la de Buñuel entre el jesuita y el jansenista a cuenta de la gracia y el libre albedrío, creo recordar.

Raúl del Pozo constata que con determinados líderes y partidos políticos, la democracia se ha trasladado a Twitter. O al menos eso creen quienes no salen en todo el día de la red tuitera:

Es lo que se lleva y triunfan los textos hiperbólicos y demagógicos, los análisis equivocados que se aceptan como si fueran exactos, los linchamientos al enemigo, el escrache a los disidentes. Los de Podemos tienen sus sedes en los platós y en las redes sociales, les dan 100 vueltas a los otros partidos. Doblan en seguidores al PP y al PSOE. La Red es su campo de juego, y como en el fútbol también se presencian en vivo y en directo sus zancadillas y lesiones. Su lucha interna emerge en los hashtags.

David Gistau se fija, varios días después, en el incidente de Rafa Mayoral (Podemos) con los socialistas en la marcha contra la pobreza energética:

Mayoral montó en cólera cuando vio a los socialistas «con sus banderas encima de nuestras cabezas». «Sólo veo las banderas», decía en la película de John Ford una «army wife» de Fort Apache mientras la caballería se perdía en el horizonte rumbo a una guerra. A Mayoral le ocurrió lo mismo, sólo veía las banderas, y como eran ajenas a las suyas se agarró una zapatiesta que revela que, en lo concerniente a la «pobreza energética», solucionarla o concienciar sobre ella es menos importante que manejarla en monopolio como pretexto para la arenga demagógica. ¡Los pobres son nuestros, fuera de aquí! Menuda pelea se armó, comparable a la de dos vendedores de crecepelos milagrosos que se hubieran descubierto el uno al otro intentando captar la atención de los paseantes en un pueblo del Far West.

En ABC, Jaime González habla sobre la cada día más menguante guarnición de defensores de Pedro Sánchez en las filas del PSOE:

La guarnición pedrista no es capaz de resistir la ofensiva de las tropas susanistas ni tomando posiciones en lo alto del campanario, por mucho que prosigan con sus escaramuzas y redoblen sus tambores como el niño del Bruch. Cada vez más diezmados, su estrategia no es más que un juego de las apariencias, el ruido de los estertores, porque ya han perdido la guerra y su vano afán de invertir el curso de su segura derrota no les convierte en héroes, sino en víctimas de su propia impotencia. Nada que ver con Enrique de las Morenas, Saturnino Martín Cerezo, Juan Alonso Zayas, Rogelio Vigil de Quiñones o Cándido Gómez Carreño, auténticos soldados cuyo recuerdo reconforta, ahora que el sitio de Baler se ha puesto de moda y algunos pretenden parecerse a aquellos héroes a los que no les llegan ni a los pies.

El editorial de La Razón aconseja a Pedro Sánchez una retirada honrosa antes de seguir perdiendo apoyos a mansalva:

De hecho, si Pedro Sánchez -que todavía no se ha pronunciado oficialmente sobre si volverá a presentar su candidatura a la secretaría general del PSOE en el próximo congreso del partido- es capaz de interpretar las notables ausencias registradas entre sus antiguos partidarios y el desapego que muestran ahora en público algunos de sus más conspicuos colaboradores, comprenderá la conveniencia de un retiro honroso, al que están predispuestos los actuales responsables del PSOE. Pero si -pese a la evidencia de que la dirección del partido y las principales federaciones territoriales operan en su contra- Pedro Sánchez mantiene su idea de presentar batalla, fiado en un problemático apoyo de la militancia, lo lógico es que despejara la incógnita de su candidatura y comenzara cuanto antes la siempre ardua tarea de reunir los apoyos necesarios para disputar unas primarias que, como dicta la experiencia en el PSOE, no suelen ganarse en contra del aparato.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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