UN VISTAZO RÁPIDO A LA PRENSA

La resurrección de Pedro Sánchez siembra el pánico en el PP: «A falta de un Pablo Iglesias, ahora tenemos dos»

La política de comunicación del PP puede hacer trizas a ese PSOE tan necesario para hacer pactos de Estado

Los columnistas de la prensa de papel española han superado su vagancia congénita y han apurado sus primeros análisis de la victoria de Emmanuel Macron.

Este 8 de mayo de 2017 ABC hace una excelente cobertura de las elecciones francesas, no porque tengan al mejor corresponsal allí sino porque ocultan al que tienen, Juan Pedro Quiñonero –¡en Francia desde la época del vespertino Informaciones!–, y envían a Gabriel Albiac que sí tiene algo que decir:

Macron, sin embargo, tiene que librar, como les decía, una batalla aún más dura: la de cumplir lo prometido a quienes le votaron. Desatrancar una Francia prácticamente estancada, con una deuda que se aproxima al cien por cien del PIB, las exportaciones a la baja, la industria sustituida por los servicios y una falta de competividad alarmante. Con el dinero concretamente son más bien centroeuropeos y eso de que sus euros se convirtieran en francos de ganar Le Pen ha tenido que influir a la hora de votar.

El diario de Vocento también aporta el mejor análisis de lo que significa el Frente Nacional a manos de nuestro admirado Guy Sorman:

Este odio al capitalismo y a los extranjeros, la glorificación del Estado, fueron los pilares ideológicos del Régimen de Vichy, lo que explica la simpatía apenas disimulada del Frente Nacional por el mariscal Pétain: Jean-Marie Le Pen, padre de Marie, nunca ocultó su admiración por el único régimen fascista que ha conocido Francia.

Seguimos en ABC. Ignacio Camacho es muy escéptico sobre la victoria de Macron:

El voto del miedo, el del instinto de supervivencia de las clases medias frente al aventurerismo de la ruptura, todavía ha funcionado. Pero no quedan, ni en Francia ni en ninguna parte, muchas más balas en el cargador de ese mecanismo veterano. Quizá ni el propio Macron, con su manifiesto narcisismo, sepa hasta qué punto él mismo es importante para que la sociedad abierta demuestre que sigue siendo válida, capaz de renovar sus paradigmas de pensamiento, articulación y liderazgo.

No nos pidan que les expliquemos la columna de Iñaki Gil en El Mundo sobre la victoria de Macron porque parece haber sido escrito hace meses.

Y lo demás es todo Pedro Sánchez. Aquellos que lo daban por muerto hoy se llevan las manos a la cabeza. Salvo Pilar Rahola, ya me entienden. 

La cuestión es como dijo Luis Balcarce en el programa de Luis del Pino ‘Sin Complejos’ de esRadio «que Pedro Sánchez tiene un relato y Susana Díaz no».

Sobre esta idea gira la columna de Santi González en El Mundo:

Alfonso Guerra lo clavó hace unos meses: «El odio a la derecha no puede ser el programa del PSOE». De ahí mi afición a los clásicos. Lo de Pedro es la vida de Brian: para ser del Frente Popular de Judea «hay que odiar de verdad a los romanos».

Francisco Pascual rescata una columna de Jorge del Palacio que explica el giro táctico de Podemos:

«Para una parte del PSOE el partido debe ensanchar su base electoral asumiendo el discurso de los nacionalistas y guiar un proceso de reforma de la planta territorial del Estado cuyo corolario sería el reconocimiento de Cataluña, Galicia y el País Vasco como naciones. Para la parte restante, el actual Estado-nación se percibe como sinónimo de proyecto de solidaridad. Es decir, como el mejor instrumento para garantizar la cohesión social y evitar que el principio nacional se imponga a la igualdad entre los españoles».

Nada nuevo hay aquí tampoco. José Luis Rodríguez Zapatero ya edificó su victoria en 2008 combinando un cordón sanitario sobre el PP con la cesión de enormes cuotas de poder al soberanismo en Cataluña. Los resultados para su partido y para el país son fácilmente apreciables hoy en día.

Pero la columna que más nos ha gustado ha sido la de Curri Valenzuela este 7 de mayo de 2017 que ha pasado un poco desapercibida. Tiene uan frase de un gerifalte pepero que es luminosa:

«A falta de un Pablo Iglesias, ahora tenemos dos»

Como casi todas las operaciones políticas de salón y como el sándwich que se deja demasiado tiempo en la plancha, la operación Soraya-Casals ha cosechado con el paso del tiempo un fracaso para el Gobierno que en estos momentos contempla con preocupación la dura batalla entre Susana Díaz y Pedro Sánchez que puede reducir a cenizas a ese PSOE tan necesario para mantener pactos de Estado con el PP en cuestiones tan vitales como el freno a los independentistas catalanes.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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