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El dictador Maduro no quiere testigos: 30 periodistas internacionales, expulsados de Venezuela

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El dictador Maduro no quiere testigos: 30 periodistas internacionales, expulsados de Venezuela
Censura, veto y persecuación a periodistas. PD

Los veteranos saben que presentarse en Migraciones como periodista es, prácticamente, sinónimo de expulsión

Maduro no quiere testigos. La prensa internacional, históricamente incómoda para el régimen, sufre estos días la ira del Gobierno.

En menos de dos semanas periodistas de Argentina, Brasil, España y de medio mundo, han sido deportados en el mismo aeropuerto de Maiquetía.

Como relata Carmen de Carlos, enviada Especial a Caracas de ‘ABC’, los «inadmitidos», término utilizado por Migraciones para explicar el portazo, serían «entre 20 y 30» únicamente en esos días.

El caso del argentino, Jorge Lanata, era claro porque ya había sido expulsado en otra ocasión. Era sabido que su nombre engrosaba la lista negra del Gobierno de Venezuela. No pasaba lo mismo con los portugueses Luis Garriapa y Odacir Junior, de SIC Noticias, deportados en la misma semana que Lanata. Los periodistas no tenían «antecedentes» como para sospechar que les darían la vuelta.

Entrar en Venezuela se ha convertido en un desafío para los medios de comunicación nada fácil de superar.

«Los veteranos saben que presentarse en Migraciones como periodista es, prácticamente, sinónimo de expulsión», comenta uno de los últimos en entrar al país. Llegó hace casi tres semanas, cuando el polvorín que es Venezuela no amenazaba con recalentarse tanto.

«Si tienes fondos o tu medio te lo paga es mejor anticiparte porque, a medida que las crisis se recrudece, se hace muy difícil entrar», reflexiona. «¿Qué excusa puedes poner hoy para decir que vienes de turista a Caracas?».

Esa razón o la decisión de ir con la verdad por delante es lo que provocó que el pasado viernes un equipo español, de televisión y radio, tuviera que volverse a su país de origen y pasar la noche tirado en un banco del aeropuerto.

«Fueron muy cordiales. A nosotros no nos trataron mal ni nos requisaron los teléfonos móviles ni nos abrieron las maletas. Sencillamente nos dijeron que teníamos que esperar a que el ministro Ernesto Villegas decidiera si nos dejaban entrar o no».

Los periodistas estuvieron esperando cuatro horas hasta que les llegó la confirmación de que habían sido, «declarados inadmitidos y seríamos deportados en el siguiente vuelo».

Su empresa prefiere mantener un perfil bajo, «y que no se difunda» su nombre. Posiblemente esa misma razón sea la que explique la cifra cercana a la treintena de colegas deportados que han evitado hacer escándalo.

Ironías del destino, Ernesto Emilio Villegas Pokjak, de 47 años, se supone que es periodista y escritor, además de titular del Poder Popular para la Comunicación e Información desde el 2012.

Los enviados especiales de prensa escrita tienen más fácil sortear el obstáculo de la visa. «Puedes viajar ligero de equipaje sin que te delaten cámaras, focos o micrófonos», apunta un colega experto en zonas de conflicto. La imaginación para buscar argumentos que convenzan al funcionario de turno es determinante junto con el aplomo y el tono de voz.

«Hay que mirarles de frente, no bajar la vista y dar las explicaciones justas. Si empiezas a enrollarte corres el riesgo de liarte, levantar la liebre y cometer un renuncio», insiste otro que respira, «cuando veo que me toca una mujer. Ellas son más comprensivas», asegura.

Exactamente lo contrario piensa una corresponsal en la zona. «Prefiero mil veces un hombre. Puedes tener mejor o peor suerte pero siempre que me ha tocado una señora, aquí y en todos los países de conflicto, me ha complicado la vida».

En los formularios de migraciones que entregan las aerolíneas de viaje preguntan dirección y motivo del viaje pero no hay un apartado específico para la profesión.

«Ese hueco es por el que te cuelas .No se trata de mentir sino de contar una verdad a medias».

Dicho de otro modo, y sin rebelar sus trucos, de mencionar una actividad que sea verdadera pero no pronunciar la palabra maldita: periodista.

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