UN VISTAZO RÁPIDO A LA PRENSA

La mayoría silenciosa clama por la unidad de España mientras Rajoy insiste en dialogar con los golpistas

La buena noticia es que el nacionalismo excluyente perdió el monopolio de la calle

Las portadas de se quedan pequeñas este 9 de octubre para dar cuenta de la histórica concentración de casi un millón de ciudadanos, sin distinción de tendencias políticas, desfiló por Barcelona en defensa de la unidad de España, de la tolerancia y del Estado de derecho.

«Fue el clamor de la mayoría silenciada de los catalanes por la concordia constitucional, la convivencia pacífica y el proyecto nacional compartido con sus conciudadanos del resto del país. Frente al aparente unanimismo que han proyectado los separatistas, emergió la Cataluña real, diversa y plural», dice el editorial de El Mundo.

Hughes estuvo allí: «La cartelería era libre y bilingüe. Se pedía seny, convivencia, plena catalanidad y libertad para ser español. «Catalunya es la meva terra, España mi país». Se le cantó mucho a la manipulación de TV3. «¡Dejad en paz a mis hijos!», gritó un hombre solo. Pero no vi rabia. Era gente reunida para gritar Viva España por primera vez. No hubo ni un «A por ellos». Y cuanto todo terminó, volvieron a ser perfectos desconocidos en las terrazas del Borne».

Ignacio Camacho se deja llevar, pero se queda en la espuma: «No es rabia, sino hartazgo. No es ira sino cansancio. La continua reclamación unilateral de privilegios ha provocado la irritación de millones de ciudadanos. Esta sacudida de rebeldía no corresponde a una explosión de españolismo rancio; es la reverberación de una autoestima colectiva estimulada por la insistencia separatista en el menosprecio y en el rechazo».

ABC va en la misma línea: Los catalanes «silenciosos» dejaron ayer de serlo. Pero los separatistas perseveran y persiste su agresión -no mera amenaza-, que puede hacer culminar su escalada anticonstitucional con la declaración unilateral de independencia mañana, en el Parlament, aprovechando la comparecencia de Carles Puigdemont.

Pero no nos engañemos. La foto de este 8 de octubre 2017 puede ser un espejismo, sobre todo después de escuchar a Rajoy en ese infame entrevista en El País en la que fue incapaz de asegurar que impedirá una declaración de Independencia. —Rajoy: “Un Gobierno de concentración podría ayudar pero bastaría con estar juntos”

Todo huele engaño y traición. Sucedió el 9-N y volverá a suceder ahora. De las fuerzas constitucionalistas, faltaron a la cita del PSC, con un Sánchez que no se quita la palabra diálogo (léase rendición) de la boca. Y el líder de Podemos, tercera fuerza política en el Congreso, tuvo que salir por la puerta de atrás de la estación de Renfe, de la vergüenza que le daban ver tantas banderas españolas.

La buena noticia es que el nacionalismo excluyente perdió el monopolio de la calle después de una de las manifestaciones de rebelión cívica más emocionantes de nuestra historia democrática.

El premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, le dio altura y prestigio a la masiva participación en la manifestación que significó un clamoroso triunfo de la razón cívica frente a la pasión política.

El conflicto separatista tiene desde ayer una vertiente de la que carecía: la Cataluña muda e invisible ha recuperado el habla y las calles. Gritaban ‘No estáis solos’ pero sí lo estaban. La rendición y el pacto con los golpistas está en marcha.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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