LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

La astracanada belga de Puigdemont ya traspasa los límites de la cobardía y de la irresponsabilidad

López Schlichting: "Me encantaría echarme a Carles Puigdemont a la cara para reprocharle los tres kilos que subí con el procès"

La astracanada belga de Puigdemont ya traspasa los límites de la cobardía y de la irresponsabilidad
Carles Puigdemont. PD

¿Comparecerá este 2 de noviembre de 2017 Carles Puigdemont ante la Justicia española? Las tribunas y editoriales de la prensa de papel pronostican que a ‘Cocomocho’ habrá que ir a buscarlo y traerlo ante el juez para que explique con pelos y señales por qué ha intentado fracturar España.

Álvaro Martínez, en las páginas de ABC, retrata a Puigdemont como un perfecto cobarde que no se atreve ahora a dar la cara ante la Justicia española:

Lo único que logra Puigdemont con su disparatada huida a Flandes es aparecer como un perfecto cobarde que no se atreve a someterse a la autoridad de los tribunales, mientras manda a sus monaguillos a que la Justicia, con el mando supremo de la ley en la mano, pese en su balanza el alcance y grosor de la gigantesca infamia criminal con la que trataron de sepultar la libertad en Cataluña.

El editorial de ABC añade otro adjetivo, el de irresponsable, al ya expresidente de la Generalitat de Cataluña:

Quien tiene el futuro más claro es Puigdemont, pues aunque hoy, cobarde e irresponsablemente, no atienda al llamamiento judicial, antes o después acabará en prisión provisional. Él mismo habrá acreditado el riesgo de fuga.

Gabriel Albiac se une a la tesis de la cobardía de ‘Puchi’:

Este sujeto lleva a los suyos hasta el borde del abismo y les va dando un empujoncito de despedida y sale él enseguida corriendo en sentido contrario. Todo hombre tiene derecho al miedo y a la huida. Todo hombre, salvo aquel que ha forzado a los suyos a hacer de héroes en su nombre. No tiene perdón la cobardía de aquel que ordenó a sus subordinados morir como guerreros de la patria humillada.

Isabel San Sebastián se hace una pregunta esencial, que cuándo el exmandatario catalán y su tropa van a estrenar el traje a rayas horizontales:

Va a cumplirse una semana desde la proclamación de la república sediciosa, un delito flagrante penado con hasta 30 años de cárcel si se califica como rebelión, sin que se haya producido una sola detención. Separación de poderes, se nos dice. Y lentitud, añado yo. O tongo. ¿Cuánto tiempo más de libertad van a disfrutar los golpistas para desplegar su campaña electoral? ¿Cuántos más se fugarán?

Ignacio Camacho resalta la astracanada vivida en los últimos tiempos con Puigdemont:

La tensión de dos meses en vilo ha roto en cachondeo nacional en torno a la indigna peripecia de un político de astracán que ya nunca podrá sacudirse a su propio personaje; carne de chistes, bromas y memes en la posmoderna barraca de feria de las redes sociales. España necesita reírse de la angustia vivida en las semanas críticas que han empujado al país hasta el borde mismo del desastre.

Manuel Marín considera que lo de Puigdemont, lejos de ser un delirio, es una una cuestión de soberbia deliberada:

El delirio puede ser causa atenuante, o incluso eximente, en un juicio penal. Pero esto ya no es un delirio. Es el sumun de una soberbia racional y deliberadamente elaborada. Señoría, magistrada Lamela, no lo dude hoy: esto ya es trabajo para Torrente, el brazo tonto de la ley. Puigdemont no merece menos.

Cristina López Schlichting le reprocha una cuestión personal a ‘Puchi’:

Gano peso con la ansiedad, de modo que el ‘procés’ me ha costado tres kilos más. Me encantaría echarme a Carles Puigdemont a la cara para reprochárselo, y también los perjuicios que los ansiolíticos ingeridos han tenido en muchos de mis amigos catalanes, las rupturas entre amigos y familiares por culpa de las discusiones políticas, los medicamentos para poder dormir.

Para Arcadi Espada, en El Mundo, el Estado, desde el 1 de octubre de 2017, le ha puesto las cosas bien claritas al separatismo:

Si hoy en Cataluña, y a pesar de los desastres profetizados à la Batasunà, no se mueve una hoja es porque desde el 1 de octubre el Estado cambió su política de desentendimiento por otra que consistió en ir detallando a los soberanistas, letra a letra, cuál era el precio de la revolución que ensayaban.

Javier Redondo critica los cálculos de Iglesias que, desde luego, no son los que convienen al interés general de España:

Podemos recalcula la ruta. Primero tomó el trayecto más corto, el que siempre tienta a su mesiánico líder de estrella declinante. Se subió jubiloso al vagón del independentismo sin disimulo. Ahora reconsidera sentarse al mantel de agosto, el que les dispuso el emperador del fútbol a él y al zigzagueante Junqueras para cuando descarrilara el plan A, nutridamente facturado.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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