IRÓNICA COLUMNA DEL GENIAL ESCRITOR EN LA RAZÓN

Ussía se pitorrea de las feministas y denuncia que Aguirre le puso la mano en la rodilla en 1972

"Después de un trepidante partido con el gran tenista donostiarra Iñaqui Bengoechea"

Ussía se pitorrea de las feministas y denuncia que Aguirre le puso la mano en la rodilla en 1972
Esperanza Aguirre y Alfonso Ussía.

Alfonso Ussía no acaba de creerse tanta denuncia glamurosa de acoso sexual de hechos que acontecieron hace varias décadas. Las hordas feministas ya se le echaron encima cuando se preguntaba si la chica acosada por Dustin Hoffman tiene ahora 49 años…no ha tardado demasiado en denunciarlo? —Las hordas de feminazis y los ‘progres’ del ‘HuffPost’ caen sobre Alfonso Ussía

Ahora le toca a él denunciar una traumática situación que le tocó vivir tras ser derrotado en un partido de tenis en 1972: una desconocida Esperanza Aguirre le puso la mano izquierda en la rodilla para consolarle por la derrota. Así lo hace en una columna publicada este 8 de noviembre de 2017 en La Razón titulada ‘Rodilla acosada’ que no gustará a las sensibles jaurías feminsitas.

Ussía en estado puro.

«El 7 de agosto de 1972, en la terraza del Real Club de Tenis de San Sebastián, sito en la falda del Monte Igueldo, malecón occidental de la bahía, fui acosado por Esperanza Aguirre. No me apercibí de ello en aquellos momentos, en los que yo era un inocente muchacho que acababa de perder un partido de tenis del histórico torneo «Olegario Arbide», pero el caso del ministro de Defensa británico me ha abierto los ojos e inyectado la angustia en el otoño de mi vida».

El partido de tenis fue con el tenista donostiarra Iñaqui Bengoechea:

«Después de un trepidante partido con el gran tenista donostiarra Iñaqui Bengoechea, tuve una bola de partido a mi favor y con turno de saque. De mi raqueta «Maxply» salió disparada la bola hacia el cuadro receptor de Bengoechea. Éste, con un extraño movimiento, me devolvió la bola con un churro de dejada. Sentí harto dolor. Tres juegos más tarde Bengoechea me vencía en aquellos memorables treintaydosavos de final. Abochornado por mi derrota injusta, antes de acudir al vestuario, me tomé una bebida refrescante en la terraza. Me senté junto a Esperanza Aguirre que había asistido al gran encuentro y aplaudido todas mis intervenciones. Me adivinó tan apesadumbrado, que cariñosamente me palmeó con su mano izquierda mi rodilla derecha mientras me animaba. -Has jugado muy bien y aquí no se acaba el mundo. No te preocupes «Vipi» – así me llamaba -, sigue como hasta ahora, y un próximo verano serás el campeón del «Olegario Arbide»-. Dicho esto, que en aquellos momentos agradecí sin reservas, insistió en palmearme la rodilla.

Ussía confiesa que no se acordaba nada de aquel episodio:

«Había olvidado completamente aquella escena de mi vida. Pero la dimisión del ministro británico de Defensa me ha devuelto la panorámica borrada de mi memoria. Y creo que fue acoso sexual. Lamento profundamente que su esposo, mi buen amigo Fernando Ramírez de Haro, y sus hijos, Fernando y Álvaro, conozcan el atroz comportamiento de su mujer y madre, respectivamente, con tantos años de retraso. Pero más vale ponerse una vez colorado que un centenar amarillo. Hasta aquí podíamos llegar»

«Como, de existir delito, la prescripción es una realidad irrebatible, el único objetivo de este artículodenuncia, de este artículo-reivindicativo social, de este artículo-antiacoso, no es otro que poner las cosas en su sitio, y si fuera posible, percibir la correspondiente indemnización por parte del Estado. Sí, ya lo sé, de acuerdo, que he tardado muchos años en hacer pública mi angustiosa experiencia, pero qué quieren que les diga, se me había olvidado. Por otra parte, entra en lo posible que Esperanza cometiera el acoso involuntariamente, y que sus gestos y palabras correspondieran a un acto de auténtica amistad. Pero que ella tocó mi rodilla es tan cierto como que Mahoma veraneó un año en Irún. Con estos ojos lo vi en diferentes ocasiones pasando la frontera para adquirir en la «Rue Gambetta» de San Juan de luz alguna lata de «Paté de foie truffé». Pero esto merece otro artículo específico por su importancia histórica. Lo siento «Hopy» -así le llamo yo a Esperanza-, pero se te va a caer el pelo».

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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