Periodismo
Pedro Sánchez (PSOE). EP

Pedro Sánchez, como un mal jugador de ajedrez, se enroca en La Moncloa para no tener que dar explicaciones sobre su tesis. No es solo cuestión de un contenido bastante mediocre, sino que cada día salen más y más pruebas de plagio. Pero él erre que erre, aunque ya sean varias las editoriales y tribunas de papel quienes le reclaman menos burofaxes y más acciones, entre ellas la de convocar elecciones.

El diario ABC insiste en que Sánchez debe de ofrecer explicaciones convincentes y dejarse de amenazar al mensajero:

Lo que conviene al presidente del Gobierno es lo mismo que a todo político sorprendido en un renuncio: ofrecer una versión convincente de lo que sucedió con su tesis doctoral, aunque suponga admitir que, por prisas o por otros motivos, no fue todo lo correcta que debió ser. Y si además fuera acompañado por una explicación institucional de la Universidad Camilo José Cela sobre el procedimiento que siguió dicha tesis doctoral, desde su inscripción hasta la designación del tribunal, mejor aún. Publicar la tesis en internet, utilizar La Moncloa para que hiciera una comprobación de plagios y amenazar a ABC con acciones legales no han sido reacciones adecuadas para que Pedro Sánchez arrojara luz sobre su tesis doctoral. Las sombras siguen, y más espesas cada día.

Luis del Val hace un retrato de un Sánchez capaz de ir a por quien sea con tal de querer tener razón:

Lo que a mí me defrauda y, sobre todo, me preocupa no es el alto concepto de sí mismo que pueda tener Pedro Sánchez, ni siquiera que mercantilice con los sentimientos de sus hijas -a las cuales nunca hubiera aludido de no ser porque él se encargó de machacar su intimidad y su privacidad-, sino esa falta de encaje, esas malas condiciones de fajador, esa ausencia de serenidad en momentos claves donde la soberbia y la suspicacia anulan su inteligencia y su raciocinio. Ese Pedro Sánchez que, en poco tiempo encajó la derrota, y aprendió, y se hizo con la victoria, ha sido en esta semana un hombre airado, amenazador, incapaz de controlar su cólera.

Luis Ventoso le recuerda a Sánchez que las trolas, por muy bien guardadas que se tengan, siempre acaban saliendo a la luz:

La mentira siempre acaba saliendo a la luz, incluso aunque se persiga judicialmente a los periódicos. Supongo que Sánchez, hombre estudiado y todo un doctor cum laude, lo sabe y lo tiene presente.

Ignacio Camacho le compara con Donald Trump, aunque con la diferencia de que el norteamericano disfruta con el cuerpo a cuerpo contra los medios:

No hay mucha diferencia entre el Trump que cada mañana arremete en las redes sociales contra la prensa y el Sánchez que usa Twitter y Facebook para amenazar a los periódicos con pleitos y querellas. Si acaso existe alguna es la de que el presidente americano disfruta con las polvaredas. Al español, instalado en un prematuro cesarismo, le molesta que los medios cuestionen su fatua apariencia y que la oposición le haga preguntas incómodas por sorpresa.

El País, en su línea, no hay ‘caso tesis', sino una universidad anquilosada en prácticas de hace décadas:

La presunta corrupción en la Universidad que pone de manifiesto el caso de los másteres es solo la gota que colma el vaso de una situación desatendida durante décadas: la enseñanza superior no ha alcanzado en su conjunto el nivel de calidad que España merece y necesita. Lo increíble es que lo más cerca que han estado los diputados de abordar una materia en la que cualquier sociedad se juega la solidez del vínculo entre ciudadanos y sus posibilidades de progreso, es decir, la educación superior, son las escaramuzas de días pasados, movidas por la estrategia de utilizar el Congreso como caja de resonancia para crear climas de opinión y no de examinar con rigor un problema crucial.

La Razón considera que a Sánchez solo le queda la salida honrosa de convocar elecciones:

La dimisión de dos ministros y una directora general no son una anécdota, muy al contrario, son un síntoma de la desorientación política que vive. No es una anécdota que tras anunciar que no defendería al juez Llarena en Bélgica ante una denuncia basada en una falsedad -luego demostrada-rectificase; tampoco lo es que la Mesa del Congreso tumbase el plan de modificar la Ley de Estabilidad por la vía de urgencia y aprobar así los Presupuestos; que paralizase la venta de armamento a Arabia Saudí y luego anunciase lo contrario cuando comprobó el perjuicio que podía causar en la industria naviera española ante la amenaza de los saudíes de paralizar algunos contratos; la dimisión de Carmen Montón por una trabajo de máster plagiado y, por último, la confusión creada por el propio Sánchez ante las dudas sobre su tesis doctoral. Esto sí, le queda el cadáver de Franco, que tantos réditos sigue dando. Prolongar esta situación va en contra de los intereses de España y puede ir también en contra de los del PSOE. Por responsabilidad, Pedro Sánchez no tiene más salida que convocar elecciones cuanto antes.

Para Francisco Rosell, en El Mundo, a Sánchez se le ha acabado el idilio demoscópico y la ‘fake tesis' va a ser su talón de Aquiles:

El doctor Sánchez se desdibuja y posiblemente se lamenta de que se le haya podido pasar el arroz para ir a las elecciones con el viento de cola del que se beneficia todo aquel recién llegado al poder.

Arcadi Espada considera que lo grave es la falta de escrúpulos de Pedro Sánchez:

Hay que vencer la tentación de ridiculizar intelectualmente a Doctor Sánchez. Lo decisivo es su absoluta falta de escrúpulos. Para hacer su tesis doctoral. Para llegar al Gobierno. Para seguir en él mientras expulsa a otros menos culpables que él. Para decirle, en medio de un áspero debate electoral, al que había sido, tras oposición durísima, el registrador de la propiedad más joven de España: "Usted no es una persona decente". Decirle eso, conociéndose.