Periodismo
Pablo Iglesias, flanqueado por su 'original' logo y el usado por un salón de bellaza hace décadas. PD

40 años de vigencia de nuestra Constitución y nada nuevo en el horizonte, los de siempre, separatistas, nacionalistas y podemitas a hacer su 'performance'. Sin embargo, no ha escapado a la vigilancia de columnistas de la prensa de papel este 7 de diciembre de 2018 el gol que algún avispado le ha colado a los listillos de Podemos con el logo con el que pretenden reclamar la República. Es de chiste 'ozoriano'.

Hughes, en ABC, critica la postura, ya por otro lado habitual, de Podemos al demostrar una mala educación en un acto tan trascendente como el día de la Constitución:

Usufructuarios como son del momio constitucional, Podemos tuvo el detalle de asistir al acto de celebración de los 40 años, aunque una vez allí se sintieron obligados por las circunstancias históricas a representar su acostumbrado teatrillo. Hicieron huelga de aplausos. El protokolo con k de Podemos es siempre el mismo: un numerito, un entremés testimonial. Ayer defendieron su república exhibiendo un símbolo que lo primero a lo que recordaba era al champú Wella Balsam. Lo llevaban en la solapa, la república pin. Una Marianne de Lavapiés, porque la república de Podemos es mujer, es feminista y es joven. Es decir, es su votante. Es una república un poco narcisista. Si la República fuera un señor miope y narigudo de cuarenta años con inicio de desfondamiento perimetral a lo mejor yo me lo pensaba.

Hermann Tertsch ve en cierta parte lógico el esperpéntico show perpetrado por Podemos en el Congreso de los Diputados al hilo de la celebración del 40 aniversario de la Carta Magna:

No aplaudieron ayer al himno nacional de España los diputados de Podemos e Izquierda Unida. ¿Cómo va a aplaudir la tropa comunista en el Congreso si su jefe tiene dicho que él no puede ni «decir España»? Cuando la bandera nacional es para ellos un trapo fascista que solo sirve para ofender a quien la aprecia y honra. Cuando el principal objetivo de ese partido es destruir la nación que representan ese himno, esa bandera y esa Constitución, cuyo nacimiento ayer se celebraba. Para ello lo primero es derrocar al Rey, el principal bastión de defensa contra la voladura de la nación y la democracia. Que es lo que pretende Podemos.

Ignacio Camacho expone que el deseo de Pablo Iglesias es ver desfilar a la Familia Real camino a Cartagena, con todos sus privilegios desposeídos:

Por si no había quedado claro en octubre del pasado año, cuando Felipe VI frenó el desafío separatista catalán casi por su cuenta, el aniversario de la Constitución demostró ayer que la monarquía parlamentaria es el último dique de preservación de la convivencia. Y no tanto por la mayoría social que la apoya en el Congreso, en la calle y en las encuestas, sino por la visible diana con que la han marcado los nacionalistas y la extrema izquierda. De vez en cuando hay que agradecerle a Pablo Iglesias que abandone los eufemismos para expresar en su lenguaje rupturista lo que realmente piensa y que se muestre sin tapujos como lo que es: un dirigente antisistema. Su explícito pronunciamiento republicano demuestra que su objetivo no es la reforma de la Carta Magna sino su derogación completa, el derribo del régimen del 78 para refundarlo a su manera. Borrón y cuenta nueva: un orden populista asambleario que sustituya a la democracia burguesa y envíe a la Familia Real al completo camino de Cartagena.

Juan Fernández Miranda destaca que los dirigentes podemitas no son capaces de ver nada positivo en estos 40 años de Constitución:

Hay que reconocer a los podemitas que al menos sí asistieron ayer al acto, incluso supieron portarse correctamente, pero renunciaron a aplaudir: ni a Don Juan Carlos ni a Don Felipe, ni a nada que sonara a Transición. Algo les impide reconocer las conquistas de ese proceso político, a pesar de que sus mayores ideológicos sí participaron. Los podemitas están en su derecho: ellos están más cómodos en señalar los errores que en destacar los aciertos. Hay partidos, y personas, que son así, pesimistas y cenizos. No obstante, cada vez son más los dirigentes podemitas que poco a poco y en privado van despertando a la realidad: «Las cosas se pueden cambiar en las instituciones, no en la calle», reconocía un destacado diputado que también lamentaba que «con tres salarios mínimos no se puede contratar a buenos asesores». Bienvenidos a la vida real.

Pedro Narváez, en La Razón, se troncha del lobo que los de Podemos llevaron al acto de los 40 años de la Constitución:

Lo barato sale caro, solían decir las madres, o los padres de la Constitución, que estuvieron tantas horas discutiendo para que la nuestra durara una eternidad, por más que los retoños del poder le pongan fecha de caducidad como si fuera un kilo de tomates. Cara les salió a los de Podemos su gracieta con el logo de la república que lucieron ayer en el Congreso, un perfil de mujer de pelo al viento que resultó un diseño comprado por 9,50 en una web y que ya utiliza un salón de belleza. La casta es ahora la caspa, y está en sus hombros. Podemos quiso matar al virus con una gripe, hacerse una greguería que quedó en la payasada de un hospital de melancólicos.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72