LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El Constitucional obliga a los separatistas a repetir con el fantoche ‘Puchi’ la jugarreta que le hicieron a Artur Mas en 2015

El País: "Si quiere gobernar Cataluña, como le corresponde, no tiene más que renunciar a un candidato acusado de graves delitos contra el Estado y proponer a otro"

El Constitucional obliga a los separatistas a repetir con el fantoche 'Puchi' la jugarreta que le hicieron a Artur Mas en 2015
Artur Mas y el prófugo Carles Puigdemont. EF

Victoria por la mínima, pero triunfo al fin y al cabo del Estado de derecho. La decisión del Tribunal Constitucional de suspender una investidura telemática del prófugo Carles Puigdemont es el tema que este 28 de enero de 2018 inunda las tribunas y editoriales de la prensa de papel.

El editorial de ABC celebra la decisión de Tribunal Constitucional de suspender una investidura telemática de Puigdemont, aunque también sigue zumbándole al Ejecutivo por forzar al Constitucional a mojarse en una cuestión tan delicada:

El Gobierno ha precipitado soluciones contra la investidura que han sido muy cuestionadas, y ni los letrados del Tribunal ni el ponente eran partidarios siquiera de admitir la impugnación, lo cual revela el grado de forzamiento del debate. Objetivamente hay motivos para poner coto jurídico a los cansinos abusos que comete Puigdemont con su desprecio a las leyes del Estado. Era impensable que el TC permitiese la enésima burla aunque haya sido a costa de no seguir el procedimiento del Gobierno. Puigdemont debe ser detenido en España. En eso están de acuerdo. Y no es una mala noticia.

Ignacio Camacho tiene claro que Puigdemont es útil para el separatismo hasta lograr su propósito o, también, cuando vean que ya no les sirve para la causa:

Su figura representa para los independentistas la legitimidad mitológica y melancólica que los cohesiona en su victimismo. Son conscientes de que no es más que un personaje insignificante, un pelele crecido con tendencia al ridículo, pero les interesa darle el rango solemne de representante institucional de un pueblo que se cree agredido. Lo desprecian en el fondo y cuando ya no les sirva, que será pronto, lo tirarán por la borda pero ahora les interesa como estandarte tras el que reagrupar su proyecto y reconstruir su designio. Su relevancia es meramente pragmática, utilitaria, alegórica: es el mártir del 155. Ese fantoche al que desdeñas es el ariete con el que te quieren, nos quieren, abrir de nuevo una brecha.

Para Carrascal, la decisión del Constitucional ha sido un triunfo del Estado de derecho, pero por la mínima:

El Constitucional debatió durante seis horas con una mayoría inclinada a bloquear la designación de Puigdemont y una minoría apoyando la opinión de sus letrados de rechazar la petición del gobierno. Al final, dictaron una sentencia salomónica que acepta la votación de Puigdemont, siempre que regrese a España, sin garantizarse que no será detenido. Ha sido una victoria por la mínima y por penaltis. Pero mejor que nada. Aunque si no se ponen de acuerdo los jueces, ¿quién va a ponerse?

El País subraya que la decisión del Tribunal Constitucional es una derrota del separatismo y que éste no tendrá escrúpulos para poner a otro candidato, algo que ya hizo en 2015:

Si quiere gobernar Cataluña, como le corresponde, no tiene más que renunciar a un candidato acusado de graves delitos contra el Estado y proponer a otro. Tiene experiencia en ello. Alegar que solo Puigdemont puede ser investido por ser el elegido del «pueblo de Cataluña» es un argumento torticero. Este eligió en 2015 a Artur Mas (cabeza, entonces sí, de la lista más votada) y los suyos le descabalgaron para dar satisfacción al grupúsculo anticapitalista de la CUP, nombrando en su lugar justamente a Puigdemont.

La Razón entiende que el pleno del 30 de enero de 2018 no tendrá lugar en el Parlamento catalán tras la resolución adoptada por el Constitucional:

El Tribunal Constitucional ha supeditado la validez de la presunta investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat de Cataluña a la presencia física del candidato en la Cámara, previa autorización del juez instructor del Tribunal Supremo, Pablo Llarena. La sesión parlamentaria, pues, queda suspendida en cuanto no parece que puedan cumplirse en tiempo y forma las dos condiciones impuestas por los magistrados.

El editorial de El Mundo habla de decisión salomónica, aunque está claro que el Gobierno, en gran medida, se ha salido con la suya:

En una inaudita resolución, que podría calificarse de ingeniería jurídica, el pleno del Tribunal Constitucional, reunido ayer con carácter extraordinario, decidió por unanimidad no admitir aún a trámite el recurso del Gobierno, hasta que no se pronuncien todas las partes, a la vez que suspender la investidura de Puigdemont a no ser que ésta sea presencial. Con esta decisión salomónica, no contradice los argumentos del Consejo de Estado sobre el carácter preventivo de la impugnación del Gobierno, a la vez que recoge la pretensión del Ejecutivo de evitar de facto las dos posibles representaciones esperpénticas y circenses que manejaban los independentistas. Puigdemont no podrá ser investido telemáticamente, ni tampoco podría presentarse de manera improvisada en la cámara autonómica.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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