Entre Cataluña y el CIS se mueven este 9 de mayo de 2018 las tribunas de opinión de la prensa de papel. Sobre el primer asunto, críticas a la dejadez del Gobierno de España con una autonomía golpista en la que, por ejemplo, se le da cancha a un terrorista para que encima se cisque en las víctimas. En cuanto al sondeo electoral, recados a un Albert Rivera para que no se crea las cifras.
Federico Jiménez Losantos denuncia como TV3 sigue siendo un canal en el que se da amparo y bombo y platillo a terroristas como Josean Fernández y Carles Sastre:
Lo único relevante que ha hecho en su vida el invitado de TV3 es matar de nueve balazos a un comerciante, cuya mujer acabó suicidándose y dejando cuatro hijos huérfanos. Con esos antecedentes de indudable interés humano, es lógico el interés de la misma cadena que presentó al decano de los asesinos separatistas catalanes, Carles Sastre, que mató a Bultó y su esposa con una bomba lapa adosada al pecho, como «independentista gran reserva». 40 minutos en el horario de más audiencia dedicó TV3 a este gran reserva criminal, muy aplaudido por el público, ataviado con el ritual lazo amarillo, cuando elogió al Prusés catalán.
El editorial de El Mundo le mete una buena sacudida al Estado por dejarse robar la cartera, nunca mejor dicho, en Cataluña y haber financiado, involuntariamente claro, incluso la consulta del 9-N de 2014:
La ceguera del Estado ante las declaradas intenciones del separatismo se revela hoy en sus consecuencias. Cataluña está instalada en la excepcionalidad, y el vacío de poder alienta brotes violentos preocupantes. Los primeros responsables son los secesionistas; pero el ciudadano espera del Estado una contestación más rotunda ante el mayor desafío que ha padecido en décadas la democracia española. Ojalá no sea demasiado tarde.
ABC se centra en el sondeo del CIS y, pese al bajón sufrido por el PP, aún le otorga un cierto crédito a la formación de Mariano Rajoy:
No obstante, hay otro dato objetivo que sí favorece al PP. Sufriendo el desgaste de numerosos casos de corrupción, el encarcelamiento de altos dirigentes del partido, la salida forzada de Cifuentes y el deterioro del liderazgo de Mariano Rajoy, lo cierto es que mantiene un soporte electoral que otros partidos, en mejores condiciones y con optimistas expectativas de futuro en términos de opinión pública, no consiguen superar. Es un síntoma de esperanza para Génova, toda vez que el PP -y también el PSOE- estiman que el voto a Rivera está sobredimensionado gracias a un viciado efecto simpatía y a la lejanía de los comicios. Pero es un pírrico consuelo para un PP al que ya no bastará solo con atacar a Ciudadanos.
Ignacio Camacho le lanza un mensaje a Albert Rivera, que el electorado espera que sea una persona que supla a Rajoy, no que le eche del cargo:
La gran incógnita consiste en saber si el actor político de moda entenderá que el papel para el que lo reclaman no consiste en echar a Rajoy sino en sustituirlo. Que, aunque una cosa implique la otra, no es exactamente lo mismo.
Luis Ventoso considera que analizando detenidamente los resultados del último CIS, los partidos de la llamada nueva política poco o nada han aportado:
Han pasado cuatro años desde la irrupción de Iglesias y Rivera, la flamante Nueva Política que nos iba a redimir. ¿Cuáles son los resultados prácticos de tal prodigio? El Congreso y las cámaras autonómicas legislan menos que nunca. Los «ayuntamientos de progreso» están paralizados y dedicados a las rencillas sectarias. Cuando se produjo la insurrección en Cataluña; al final, mal que bien, fue el viejo Mariano quien detuvo el golpe (con el empujón inestimable del Rey). Entonces, ¿no ha traído nada la Nueva Política? Pues sí: encanallamiento del debate público, soluciones adanistas, analfabetismo numérico y toneladas de demagogia, con inflación de eslóganes simplones para problemas densos.
Kiko Llaneras, en El País, considera que aunque el CIS suele darle resultados a la baja a los grandes partidos, especialmente en las elecciones de 2015 y 2016, es verdad que en esta ocasión la encuesta viene a coincidir con otras externas que suelen tener más fiabilidad:
El PP y el PSOE tienen un argumento para mantener la calma recordando que sus peores datos en las encuestas de 2015 y 2016 nunca llegaron a confirmarse en las urnas. Sus resultados en esas elecciones acabaron siendo mejores y la suma bipartidista alcanzó el 51% en 2015 y el 55% en 2016. Pero no parece un argumento fortísimo, especialmente si atendemos al resto de encuestas, diferentes de las del CIS y en su mayoría peores para PP y PSOE. Los nuevos partidos no solo parecen consolidados, sino que se demuestran capaces de competir, tres años después, por la izquierda y la derecha.
La Razón le da una doble lectura a los buenos resultados de Ciudadanos y le mete miedo a su líder, Albert Rivera:
Una primera lectura de los resultados de este barómetro dejaría la equívoca impresión de que el partido de Albert Rivera consolida una tendencia al alza imparable, impulsado por el trasvase de votantes populares, que terminará por confirmarle como el nuevo referente del centroderecha español. Sin embargo, el mismo sondeo detecta una sensible reducción en el ritmo de crecimiento del partido naranja y, lo que es más significativo, una pérdida del nivel de aceptación de su líder, Albert Rivera, que ha pasado de ser el político mejor valorado en la encuesta de enero a caer al tercer puesto en la de abril. Para tratarse del dirigente de una formación política que no tiene responsabilidades de gestión prácticamente en toda España, es decir, que no sufre el normal desgaste de quien gobierna, ese descenso en la valoración puede ocultar un punto de inflexión en la marea creciente de Ciudadanos que no se debería pasar por alto.
Pedro Narváez no las tiene todas consigo con respecto al alza de Ciudadanos:
Duda todavía Albert de a quién lanzar el ataque final, si a diestra o a siniestra, aunque es de suponer que le agradaría más la primera opción. Tiene que manejar la toxicidad con mucha astucia o se le volvería en su contra. No le conviene un muerto todavía porque entonces Ciudadanos tendría que hacerse el vivo, proponer algo serio, gobernar en algún sitio, patalear en el parlament, y le va mejor ir adormeciendo al enemigo con los fallos que ellos mismos cometen mientras seduce al electorado con buenos propósitos y candidatos que llaman «limpios» y, añado, a la moda.


