"Hemos tenido la suerte de constatar que ya no nos vale ningún Estatuto del mundo"

El oculto manifiesto de Quim Torra pidiendo un alzamiento armado en Cataluña

"Habíamos olvidado Prats de Molló. Pero el espíritu de Maciá ha vuelto. Y una nueva ilusión avanza"

El oculto manifiesto de Quim Torra pidiendo un alzamiento armado en Cataluña
Quim Torra EFE

Quim Torra, que será proclamado President de Cataluña si nada se tuerce con los votos favorables de ERC y JxCAT y la abstención de la CUP, es de armas tomar por mucha cara de santo que ponga. Amén de sus conocidos tuits xenófobos en los que deja constancia del asco que le produce todo lo español, aboga por un alzamiento armado en Cataluña. (Los tuits supremacistas que borró acojonado el antiespañol sucesor de Puigdemont).

El 3 de noviembre de 2010 escribió un artículo en ‘El Matí Digital’, titulado ‘Per un nou Prats de Molló’, donde deja más que a las claras sus aviesas intenciones y su incondicional agradecimiento a quien le salvó de acabar viviendo bajo un puente con su familia. (El golpe del reportero de guerra en los ‘collons’ de Torra para que se le quite la «gilipollez»).

Y es que el mentado no ganaba por entonces un céntimo con la editorial que dirigía, por lo que el abrazo del independentismo por parte de Artur Mas, y la confianza de Quim Torra -que le ofreció el cargo de gerente de Fomento de Ciutat Vella y director del Born Centro Cultural en Barcelona-, en ese viraje de Convergència, le vino al pelo. Así, lo reconoce en una web dedicada a su esposa Carola por su 50 aniversario. (Inés Arrimadas al fanático Torra: «Cuando usted insulta a los españoles nos insulta a todos»).

Torra manipula en su vil manifiesto la historia, y cuenta a su manera los sucesos en los que el nacionalismo catalán instigó desde la Lliga el golpe de Estado de Primo de Rivera de 1923, y revive el espíritu de Francesc Macià, un militar españolista y alfonsino convencido, a quien el resentimiento de ascensos no obtenidos le llevó al nacionalismo más instransigente con el beneplácito del gobierno fascista de Mussolini:

«4 de noviembre de 1926. Era el día fijado, después de haber tenido que retrasarlo casi 2 meses (…). Los 500 hombres reclutados entrarían en Cataluña en 2 columnas: un primer grupo, comandado por Martí Vilanova, tiraría por el collado de Ares; la otra columna, con Josep Rovira al frente, saldría de San Lorenzo de Cerdans.

Los 2 grupos debían encontrarse en Olot, sin ser descubiertos. Gente reclutada en el interior (González Alba, etc) se les unirían. Todos juntos atacarían las casernas de la Guardia Civil y de los carabineros. Las fuerzas crecerían con la adhesión de la mayoría de los 900 reclutas destinados a Marruecos que entonces estaban concentrados en la capital de La Garrocha. Olot se ganaría fácilmente.

Sin perder tiempo, se proclamaría la República Catalana. Y se encendería la chispa que se necesitaba. El país, enterado de los hechos, se alzaría. Cataluña, liberada, unida, se enfrentaría a la España de Alfonso XIII y de Primo de Rivera. El mundo se daría cuenta de que la causa de los catalanes era una causa justa. Por fin, libres.

Este era el plan de Maciá: invadir Cataluña. Ni más ni menos. Con todas las consecuencias. (…) No dudó ni un instante. Ya en los primeros momentos de exilio, Maciá afirmó: «Queremos una República catalana independiente (…) porque esta es nuestra volutad, que nadie ni nada torcerá (…) El día en que decidamos el alzamiento, el entusiasmo lo inflamará todo». Tres años enteros intentando que una chispa encendiera un país. (…)

En aquella epopeya, como diría Humbert Torres, «Maciá humanizó el catalanismo». (…) Lo impregnaba de vida, de acción y de una ética irrenunciable. Llamadle dignidad. (…)

Es natural que el espectáculo de tacticismo provinciano autonomista de estos últimos años nos haya podido desanimar, pero alegrémonos. Hemos tenido la suerte de constatar que ya no nos vale ningún Estatuto del mundo. No todas las generaciones de catalanes han podido verlo, aprovechémoslo. Es un paso importante para situarnos en otra dimensión, para siempre.

Nos habíamos equivocado. Habíamos olvidado Prats de Molló. Pero el espíritu de Maciá ha vuelto. Y una nueva ilusión avanza».

Esta cara se le quedó a Susanna Griso cuando Joaquín Leguina llamó gilipollas e imbécil a Torra

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