"¿Qué ofrece Sánchez a los separatistas y golpistas catalanes y a los herederos de la ETA a cambio de su apoyo?"

El mazazo de Ussía a los jueces por cuenta del homenajeado Pujol y de un desahuciado Zaplana

"Me permito sospechar que la Justicia en España no depende de los códigos, sino de la voluntad de los jueces, y de sus simpatías, y de sus humanas inclinaciones"

El mazazo de Ussía a los jueces por cuenta del homenajeado Pujol y de un desahuciado Zaplana
Jordi Pujol abroncando a los parlamentarios catalanes que osan preguntarle por la corrupción. CAT

Demoledor artículo de Alfonso Ussía este jueves 31 de mayo de 2018 en ‘La Razón‘, donde se pregunta por Jordi Pujol, el perverso patriarca del clan al que nadie osa mirar y menos hacerle frente pese a las abrumadoras pruebas en su contra. (Ussía retrata al peligroso Sánchez como un personaje femenino de Gila).

El sagaz periodista carga contra él y saca a colación a Eduardo Zaplana, al que nadie se refiere como «preso político», y quien padece leucemia, enfermedad que parece no importar a quien le ha condenado:

«La juez lo ha enviado a prisión porque, según parece, los indicios de su actividad delictiva son abrumadores. Nadie se refiere a él como un preso político. Es el Código Penal el que se ha aplicado para privarle, preventivamente, de su libertad. Como se ha hecho con todos los golpistas y ladrones del separatismo catalán.

«Zaplana, que lo fue todo en el PP, es hoy un preso preventivo, pero sin lazos. Tiene leucemia y está sometido a un penoso tratamiento oncológico. Aún así, ha ingresado en la cárcel sin miramiento alguno».

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Y atiza a Jordi Pujol y a los jueces, por gozar de plena libertad:

«Los jueces se han olvidado de él, a pesar de los abrumadores indicios de su actividad delictiva, como máximo responsable y jefe de una banda de ladrones. Se le intentó aplicar el Código Penalito, pero amenazó con hablar. El Código Penalito es al Código Penal lo que el chalé de los Iglesias a la lucha obrera.

Pujol lo fue todo, y más que todo, en CDC y la Generalidad de Cataluña. No tiene leucemia ni está sometido a un penoso tratamiento oncológico. Aún así, ha sorteado su paso por la cárcel gracias al amable miramiento judicial».

La sentencia Gürtel es objetivo cómo no de su atinada pluma:

«Por una sentencia que condena al PP por el Código Civil a pagar algo más de 200.000 euros, se ha presentado contra el Gobierno de Rajoy una moción de censura. No hay condena penal, sino civil, y está recurrida. El PSOE de Pedro Sánchez desea el poder en el Gobierno a costa de la unidad de España, y sin pasar por las urnas».

Y recuerda lo de Andalucía:

«Simultáneamente, en Andalucía, se está juzgando por el mayor robo de un dinero público que correspondía a los trabajadores a dos presidentes socialistas de la Junta de Andalucía y a decenas de altos cargos del PSOE andaluz. Centenares de millones de euros desaparecidos en los bolsillos socialistas y ugetistas.

Pero esa estafa masiva carece de importancia. Una travesura. Un atraco con mucha gracia. No parece que Rivera conceda al juicio de los ERE fundamentos negativos. Por otra parte, las sentencias que condenan a los socialistas, casualmente, se conocen en momentos más oportunos que las que abruman a la corrupción de dirigentes del PP. Si España alcanza la Final del Mundial de Fútbol de Rusia la sentencia coincidirá con la celebración del último partido. Tiempo al tiempo».

Lo que se avecina con Sánchez, no es a su juicio moco de pavo:

«¿Qué ofrece Sánchez a los separatistas y golpistas catalanes y a los herederos de la ETA a cambio de su apoyo? Por lógica, nada bueno para España. Por lógica y sentido, lo peor para España. Por lógica, sentido y seguridad absoluta, lo más perverso para España. Intento ser optimista, pero no puedo.

Con diez socialistas dispuestos a defender a España, Sánchez sería nuevamente derrotado. Pero después de muchos años, he llegado a una conclusión. Comprender, entender y justificar las acciones del PSOE equivale a perder el tiempo. Y el tiempo, para mí y a mi edad, es oro.»

Y vuelve para terminar con Zaplana, rematando:

«Vuelvo a Zaplana. No lo defiendo ni justifico. Es más, me indigna. Del mismo modo que me he sentido estafado, humillado y robado por todos los dirigentes del PP que se han forrado a espaldas de sus votantes y del resto de los españoles. Que cumplan el castigo que la sociedad les imponga. Pero sin agravios comparativos ni tratamientos personales medidos con diferentes varas.

Zaplana padece una enfermedad gravísima. La de Joaquín Garrigues, por hacer memoria. La juez ha decidido que es compatible la prisión con la administración de sus quimioterapias. Si lo ha dispuesto así será porque ha consultado previamente con oncólogos y especialistas.

Pujol no tiene leucemia ni padece el castigo de la reclusión, después de haberse enriquecido sin límite durante veinte años al frente de la Generalidad y su familia. Pujol entra y sale de su casa y es homenajeado. No lo sé, pero me permito sospechar que la Justicia en España no depende de los códigos, sino de la voluntad de los jueces, y de sus simpatías, y de sus humanas inclinaciones».

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