MANUEL MIRAT DESHACE LA POLÍTICA DEL ANTIGUO CEO, OBSESIONADO CON LA TRANSFORMACIÓN DIGITAL, DE DESPRECIAR A LA GENTE POR SU EDAD

PRISA construye su futuro mirando al pasado: el grupo inicia la era pos-Cebrián colocando en la dirección a sus ‘viejas glorias’

Los nombramientos de Soledad Gallego-Díaz (El País) y Daniel Gavela (SER) significan reconocer que lo analógico seguirá sin ser desbancado por lo digital

PRISA construye su futuro mirando al pasado: el grupo inicia la era pos-Cebrián colocando en la dirección a sus 'viejas glorias'
Soledad Gallego-Díaz, Daniel Gavela y Juan Luis Cebrián.

«Yo digo que somos zombies. Ya nos hemos muerto. Lo que pasa es que, como buenos zombies, nos negamos a pensar que estamos muertos».

La frase, pronunciada en su día por Juan Luis Cebrián, encierra en pocas palabras su filosofía durante los últimos años en los que fue amo y señor del grupo Prisa: los periodistas (veteranos) de prensa escrita eran muertos vivientes.

Desde su salida, los nuevos mandamases del conglomerado mediático están empeñados en enterrar la era Cebrián girando el volante de su filosofía unos 360 grados: PRISA vuelve a sus orígenes con la idea de revivir días de esplendor de la mano de alguna de sus ‘viejas glorias’–Soledad Gallego-Díaz, la elegida por PRISA para recuperar a los lectores de izquierdas perdidos por El País–.

Los nombramientos -sorprendentes, para muchos- de Daniel Gavela (León, 1948) en la SER y de Soledad Gallego-Díaz (Madrid, 1951) como directora de El País son la muestra palpable que Manuel Mirat, consejero delegado, y Manuel Polanco, presidente, se encomiendan a la experiencia y a la veteranía para salvar los muebles de un barco que lleva demasiado tiempo navegando en la deriva–La ‘amenaza Herrera’ provocó que la SER se dejase de experimentos fallidos y volviera a confiar en Daniel Gavela–.

Gavela tiene 70 años y Gallego-Díaz, 67. Ambos pueden presumir de que su edad no fue problema para la llegada a sus respectivos cargos porque sus respectivas redacciones les valoran por lo que son y no por lo que hicieron. Si se hiciera una encuesta entre la totalidad de las plantillas, el resultado sería arrollador a favor de sus designios.

Ello contrasta de lleno con la idea que tenía Cebrián de que un periodista que sobrepasara los 50 no era el indicado para comandar el desafío del desarrollo digital, que parecía obsesionarle.

«El 70% de la pérdida de lectores en los últimos años es debido a la revolución tecnológica«, decía Cebrián en una entrevista con Javier del Pino en la Cadena SER.

Sin embargo, parece que en el grupo entienden que lo analógico y lo impreso seguirán siendo, al menos durante los próximos años, las bazas de PRISA para volver a cumplir al dedillo con aquello que el periodista Enric González afirmaba en el año 2007 en una columna que precisamente dedicó en El País a Soledad Gallego-Díaz: un diario es, sobre todo un negocio; secundariamente, un instrumento de poder. En ocasiones, funciona también como servicio al lector.

El problema que ambos se encontrarán para alcanzar sus objetivos no es tanto el fin en sí mismo, a pesar del excesivo entusiasmo con el que algunos el han recibido, sino como los medios, ya que las plantillas de ahora de ambos medios fueron brutalmente recortadas en los últimos tiempos mediante salvajes EREs.

El antecesor de Gallego-Díaz, la última en llegar al cargo, Antonio Caño, se despidió ayer miércoles 6 de junio de 2018 de la que ha sido su plantilla en estos últimos cuatro años consciente de que tuvo que afrontar la que posiblemente fue la etapa más difícil del periódico, y que se ha cerrado precisamente, casualidades del destino, con la llegada al poder de un Pedro Sánchez al que sacudió con saña desde las páginas del rotativo, llegando a calificarlo en un editorial como ‘insensato sin escrúpulos’.

En el día de su adiós algunos quisieron tener palabras de reconocimiento para el cesado:

El alejamiento de PRISA con el partido ahora en el poder, el PSOE, con el que siempre existió afinidad y cercanía, se ha puesto de manifiesto con el hecho de que los dos rostros más importantes del nuevo gabinete con pasado catódico no provienen de las filas del grupo, sino de Mediaset: Miguel Ángel Oliver, secretario de Estado de Comunicación, que trabajó en Cuatro; y Màxim Huerta, ministro de Cultura y Deportes y cuya trayectoria desempeñó durante muchos años en Telecinco.

Autor

Roberto Marbán Bermejo

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente cursa el grado de Ciencias Políticas por la UNED, fichó en 2010 por Periodista Digital.

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