Pedro Sánchez tiene este 16 de junio de 2018 la oportunidad de demostrar si es o no un presidente de corcho, capaz de flotar en unas aguas turbulentas que son las tribunas y editoriales de la prensa de papel. Y es que su efectismo con la inmigración puede tener sus horas contadas cuando el Aquarius haga su entrada por el puerto de Valencia.
El editorial de ABC dice que el Ejecutivo de Sánchez no puede tener como piedra filosofal de su acción de Gobierno la acción en materia inmigratoria:
Que el recibimiento a los inmigrantes del Aquarius sea el asunto principal de la agenda del Gobierno dice mucho de las carencias políticas del equipo de Pedro Sánchez. Es un síntoma cualificado de que el PSOE no estaba preparado para gobernar, ni tampoco para promover la actividad legislativa, según la función que constitucionalmente tiene atribuido el Ejecutivo. Por eso se está refugiando en un programa intensivo de buenismo migratorio, que por ahora va sumando la desproporcionada campaña con los inmigrantes del Aquarius, entendiendo que se trata de un socorro humanitario necesario pero que debiera haberse coordinado con la UE. Seguidamente, ha venido la extensión por Decreto de la asistencia sanitaria a los inmigrantes en situación irregular y el anuncio del desmantelamiento de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla. Estos gestos no sólo tienen un efecto político efímero, sino también contraproducente, Antes o después el Gobierno tendrá que enfrentarse con la realidad de un país que tiene una grave crisis separatista.
José María Carrascal denuncia la falta de coherencia en el programa que pretende aplicar Pedro Sánchez durante el tiempo que tenga para gobernar:
En espera de la próxima guiñada, palabra marinera para indicar un brusco cambio de rumbo, tras elegir la política económica de Rajoy, Sánchez toma la nacional de Zapatero. Perdón, la plurinacional. Como si fueran compatibles.
Juan Manuel de Prada tiene claro cuál será el triste futuro que le aguarda a los inmigrantes del Aquarius:
En el doctor Sánchez sólo hay cálculo y ostentación farisaica, oportunismo y perfidia, ansia de encumbramiento a costa del dolor ajeno, utilización sórdida de la desgracia ajena en beneficio de su imagen cosmética. Si todavía hubiese un periodista en la tierra, se dedicaría a averiguar el destino de los seiscientos inmigrantes llegados a Valencia a bordo del Aquarius, una vez recogidas las cámaras; y descubriría cómo serán abandonados a su suerte y arrastrarán una existencia indigna de escombros humanos o vestigios de una fiesta que, cuando se apagan las luces, cobran un aspecto indecoroso que conviene esconder.
Luis Herrero se juega un pincho de tortilla y caña a que el presidente Sánchez puede acabar siendo, por segunda vez, Pedro el breve:
¿Cuándo saldrá el presidente del Gobierno de su escondite para explicarnos qué conejo le queda en la chistera? Su cobardía empieza a ser proverbial. Lo que hizo el jueves dejando solo al primer ministro irlandés en la sala de prensa de La Moncloa para no enfrentarse a las preguntas incómodas de los periodistas, es un gesto sin precedentes. En dos semanas ha pasado de prometer transparencia a instalarse en la opacidad. Pincho de tortilla y caña a que si sigue a este paso volverá ser, por segunda vez, Pedro el breve.
La Razón considera que Pedro Sánchez está actuando de manera contradictoria con el tema de la inmigración irregular:
Han sido flagrantes las contradicciones y desavenencias de los ministros en el socorro del Aquarius. Se pasó de una movilización general de ayuda a los migrantes a un auxilio puntual en un caso excepcional, de la concesión general del estatuto del refugiado a un se analizará caso por caso, de un hospedaje privilegiado a derivarlos a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), de ser un aldabonazo para las conciencias europeas al puede haber expulsiones entre los recién llegados.
El País le aconseja a Pedro Sánchez (y a quien le suceda en el cargo) que no se puede elegir a la ligera a personas para puestos para los que no son idóneos por mor de escándalos que enturbien la gestión del departamento:
El nombramiento de cargos públicos tiene que estar sometido a unas normas mínimas de investigación, que deberían ser aceptadas, en beneficio propio, por los gobiernos y por las instituciones. De la misma forma que las empresas y algunos organismos independientes comprueban con detalle el currículo de los aspirantes y los rechazan cuando advierten irregularidades significativas, la trayectoria pública de los candidatos a ocupar un ministerio, una secretaría de Estado o las presidencias de las instituciones claves del Estado (Tribunal Constitucional, Supremo, Banco de España) merece un examen detallado que, por desgracia, hoy no se hace.
Luis Miguel Fuentes, en El Mundo, considera que el Gobierno de Sánchez es un poco la imagen de Telecinco:
Sí, Sánchez es un poco Telecinco, con su desquite, su ‘cásting’ y su telemaratón. Pero no es el Gobierno, es España. Màxim Huerta podía parecer sólo una mascota, pero era la España telecinquista y mesacamillera llegando al Gobierno no como adorno, sino como señorío. Huerta era lo más puro del Gobierno, de España, tanto que ha caído tan españolamente como Lola Flores, aunque con más inelegancia, acusando a una «jauría», esa jauría que sin duda le obligó a desgravar como gastillo una casa en la playa. Tendremos que asumir todos nuestro telecinquismo. Los políticos y las esperanzas caerán como triunfitos de Eurovisión y nos encantará verlo, criticarlo y mirar luego las fotos que dejan de muertos aún vivos, como en la boda de su muerte.


