LO CUENTA EL LIBRO 'PRISA: LIQUIDACIÓN DE EXISTENCIAS' (AKAL)

El fotógrafo de El País al que la redacción le hizo ‘mobbing’ por lucir en su mesa una bandera española

Alfredo García Francés estuvo más de treinta años como fotógrafo en el diario de PRISA

[Extracto de ‘Prisa: Liquidación de Existencias’ – Editorial AKAL, 2018]

Desde su fundación en 1976, el diario de PRISA había sido el lugar soñado para trabajar de cualquier periodista ‘progre’: sueldos estratosféricos de dieciséis pagas, condiciones laborales inmejorables, prestigio social y el saber que con una sola llamada se abrían todas las puertas. A cambio, la casa Polanco exigía una aborregada obediencia: en caso de disidencia interna, ésta era aplastada sin compasión con métodos casi leninistas.

Era lo que Javier Pradera llamaba ‘El Kelvinator’, en honor al frigorífico trato que PRISA otorgaba a sus empleados, bien remunerados pero despreciados por la dirección. Irse voluntariamente del rebaño del pastor Polanco era considerado un suicidio. Hay una historia que demuestra a las claras el duro invierno siberiano que le esperaba a todo aquel que no siguiera el guión establecido en Miguel Yuste.

Alfredo García Francés estuvo más de treinta años como fotógrafo en el diario El País.Muchos de esos años los pasó esquivando tiros en el País Vasco en los años de plomo de ETA. En una entrevista en Periodista Digital a raíz de la publicación de su libro La Noche de los Gitanos le pregunté si todos esos años de violencia, sangre y muerte le habían hecho inmune al dolor.

Su respuesta fue sorprendente: «Mira, una vez una amiga psicóloga en aquellos años me dijo que ‘hoy esta violencia no la sientes, pero dentro de unos años no te dejará ni respirar’. Así fue. Pasados unos años murió mi hermano y me derrumbé. Caía en una depresión que duró años. Todo eso que viví en el País Vasco despertó dentro mío con la muerte de mi hermano».

Su salida de El País tuvo que ver con una indecente maniobra de mobbing a la que fue sometido por el pecado de llevar una bandera española en su despacho. Así lo contó en su blog:

«He dejado pasar un tiempito, pero se lo voy a contar a ustedes. El otro día me llamó un amigo de El País. Dijo, «te vas a reír, o vas a llorar. ¿Recuerdas la bandera de España que pusiste en tu mesa y el follón que te montaron los jefes para que la quitaras? Pues hoy, con el Mundial, ‘El País’ está saturado de banderas, los tíos la llevan colgada del cuello y las tías como pareo». Ni me reí, ni lloré. O grados. En octubre del 2002, me enviaron una banderita española firmada por los amigos que acudieron a una manifestación en San Sebastián. Convocaba Basta Ya, el lema era Contra el Nacionalismo Obligatorio y participaron Mayor Oreja y Redondo Terreros. Fue un éxito. Por cariño, la puse sobre mi mesa en El País. En las paredes de la redacción colgaban otras banderas republicanas, palestinas y vascas. El gesto me costó un enorme disgusto en el diario en las siguientes elecciones.

Un miembro de CCOO, redactor de internacional, secuestró mi banderita, luego sufrí agresiones verbales por parte de algunos compañeros y jefes, muy especialmente del perro que soltaron para roerme las canillas, el entonces subdirector Félix Monteira, más tarde director de Público y luego Secretario de Estado de Comunicación del Gobierno de Zapatero. Félix, excelente periodista, me acusó durante semanas de llevar a la redacción la guerra de las banderas, y sus palmeros, de facha y otras memeces parecidas. Yo respondía atónito que estaba en España, dentro de la ley (Artículo nº 4 de la Constitución), y que en la redacción se exhibían otras banderas. Pero, no hubo manera. Chantaje y sectarismo, por delinquir mostrando la bandera de mi país. En Madrid. En el diario independiente de la mañana, en el templo de la libertad. Al final, decisión salomónica, ordenaron quitarlas todas. Me alegro que «el milagro del fútbol», como dice Teo Uriarte, haya levantado la veda de la bandera española en el diario El País. ¿Será momentáneamente?».

Los chequistas de PRISA se hartaron de ese electrón libre que no rendía servidumbres a nadie y comenzaron a hacerle una campaña de acoso para aniquilarle.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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