LO RECUERDA IGNACIO RUIZ-QUINTANO EN ABC

Hace un mes el ministro italiano Salvini era el mismo Himmler sólo por hacer lo que ahora hacen Macron y Sánchez

"Los pasajeros del Aquarius quieren un máster de Begoña Gómez, no vacunas y una bicicleta"

La crisis del Aquarius acabó con un acuerdo multilateral entre España, Francia, Alemania, Portugal, Italia y Luxemburgo para repartirse los 141 inmigrantes a bordo del barco humanitario.

En dicho pacto, Malta acepta que se haga uso del puerto de La Valeta como «base logística» para el desembarco de las personas rescatadas pero fuerza a sus socios europeos a que 60 de los 114 inmigrantes llegados en los últimos días a sus costas también entren dentro del reparto.

En este acuerdo «común y solidario» entre países de la Unión Europea, España acogerá a 60 inmigrantes del total de 255. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, anunció que la previsión es que todos ellos tengan como destino final Cataluña, después de haber aceptado el ofrecimiento de la Generalitat en la tarde de este lunes.

Pedro Sánchez se atribuyó esta alianza, la realidad es que se debe a Macron. En cuanto al resto de países implicados, Francia también acogerá a 60 personas, mientras que Alemania recibirá 50, Portugal 30 y Luxemburgo cinco. Por su parte, Italia está por concretar una cifra tras sumarse a última hora.

«Hace un mes el ministro italiano Salvini era el mismo Himmler sólo por hacer lo que ahora hacen Macron y Sánchez, que es pasar del Aquarius, ese Calypso de los progres», escribe en la contraportada de ABC Ignacio Ruiz-Quintano.

«Los pasajeros del Aquarius quieren un máster de Begoña Gómez, no vacunas y una bicicleta, que es todo lo que la socialdemocracia ofrece hoy, como símbolo de la libertad occidental, reducida a poder ir en bici por donde más moleste uno a los demás. -Los obreros lo que necesitan es bicicletas -contestó Franco a Ridruejo, que le pedía sindicatos».

Del entusiasmo buenista al primer Aquarius, el Ejecutivo socialista ha pasado al argumento risible y falso, como demostró ABC, de que esta vez el buque estaba demasiado lejos, para luego acabar aceptando 60 inmigrantes.

El Gobierno no tuvo empacho el lunes en aducir que nuestro país no representaba un puerto seguro para el Aquarius. Un subterfugio que contrastaba la retórica alrededor del gesto de «dignidad y humanidad» de anteriores rescates.

No era un problema de distancia, sino de número. Las concertinas siguen en su sitio e incluso el Gobierno socialista va a defender ante Bruselas la legalidad de las «devoluciones en caliente». Un caos.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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