LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

Rivera, a buenas horas rompes con Susana Díaz tras permitir ERES y putas pagadas con talonario público

Ignacio Camacho al líder de Ciudadanos: "Es algo tarde para darse cuenta de que han servido de azacanes en el cortijo"

Rivera, a buenas horas rompes con Susana Díaz tras permitir ERES y putas pagadas con talonario público
Albert Rivera decide poner punto final al idilio entre Susana Díaz (PSOE) y Juan Marín (Ciudadanos). PD

Dos cuestiones esenciales dominan este 6 de septiembre de 2018 en las tribunas de opinión de la prensa de papel. Por una parte, el sempiterno conflicto catalán, cada vez más metido en un callejón sin salida y, por el otro la decisión de Ciudadanos de romper con Susana Díaz en Andalucía poniéndose ahora dignos y descubriendo sorprendidos que en esa región hay una pestilente corrupción. A buenas horas mangas verdes.

ABC aplaude la valentía de la Cámara de Comercio de España reclamando que vuelva a aplicarse el 155 en Cataluña de persistir el empeño de Torra en continuar la senda independentista:

Es valiente que la Cámara de Comercio reivindique la aplicación del artículo 155 de la Constitución como un instrumento útil para recuperar la estabilidad perdida si persiste, como se infiere del extremista discurso de Joaquim Torra, la hoja de ruta hacia una república catalana. A Torra debería bastarle la preocupación expresada por el 60 por ciento de los empresarios catalanes, convencidos de que un retorno a la situación anterior al 1-O mejoraría las maltrechas cuentas de muchos de sus negocios e inversiones. La Generalitat podrá guardar todos estos datos en un cajón, ignorarlos y desmentirlos, para justificar su delirio separatista. Pero volverá a equivocarse, como siempre.

Isabel San Sebastián reclama a Sánchez elecciones y que espabile de una vez, que en Cataluña, con Torra al frente, no tiene nada que hacer:

No se quieren enterar. No asumen la realidad porque la realidad no les conviene. Sánchez «el conciliador», digno continuador de la obra de Zapatero, ofrece un nuevo tributo de sumisión al secesionismo, con la vana esperanza de contentarlo, sin otro resultado que un sonoro bofetón en plena cara. Torra no quiere un nuevo estatuto. Se ríe del ofertante tanto como de la oferta. Escupe en el plato que le tiende el impotente líder de la España a la que pretende arrodillar, porque percibe la debilidad que esconde semejante propuesta: regresar a la casilla de salida que invalidó hace años el Tribunal Constitucional por traspasar con creces los límites del marco legal. ¿En eso consiste su «solución al conflicto»? El Gobierno socialista es rehén del independentismo y acabará plegándose a sus pretensiones. Si Sánchez tuviera conciencia, si conociera el honor, convocaría elecciones de inmediato y empezaría a trabajar en un gran acuerdo patriótico destinado a salvar a España poniendo coto político a los desmanes del separatismo.

El editorial de El País critica el discurso de Torra, pero se guarda muy mucho de darle para el pelo a Pedro Sánchez:

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, pretendió el martes presentar como programa de Gobierno lo que solo era un plan de agitación. Las palabras que pronunció no dijeron nada nuevo a los ciudadanos de Cataluña a los que el independentismo prometió lo que no estaba en condiciones de ofrecer, y que llevan años haciendo sin resultado lo que Torra anunció que harán a partir de ahora como si fuera por primera vez. El president tampoco aportó novedades a quienes rechazan el programa de la secesión, por más que fueran estos los primeros interpelados. Pero no por el contenido del discurso, en el que no los citó, sino por la necesidad ante la que los colocó de decidir cuál era la exacta naturaleza de un acto celebrado en un teatro, en el que el orador sobre el escenario y el público en las butacas se jaleaban para combatir el fantasma de un Estado represor que deja de existir tan pronto se encienden las luces.

La Razón le espeta a los separatistas que su incendiario discurso nada tiene que hacer con el peso de la legalidad:

La Generalitat gobernada por Puigdemont-Torra ha demostrado que no tiene límites en su dialéctica incendiaria o en la utilización de las instituciones para romper el país, pero sabe que dar un paso que incumpla la ley y la Constitución tiene unas consecuencias que han llevado al «proceso» a un callejón sin salida. La desorientación estratégica del independentismo es absoluta y se mantendrá hasta que no reconozcan que las infaustas jornadas del 6 y 7 de septiembre fueron un desastre y todo lo que vino después es consecuencia de situarse fuera de la ley. La única lección que se puede extraer es que un movimiento independentista nunca puede alcanzar sus objetivos en un choque frontal contra el Estado de Derecho. Por principio.

Jesús Lillo, en ABC, le mete un buen sopapo a Albert Rivera por haber tolerado hasta más allá de lo permisible en Andalucía lo que era una ciénaga evidente y, en cambio, en Madrid, con Rajoy, actuar de oídas:

Que Rivera iba a dejar caer a Rajoy y a Díaz era una simple cuestión de tiempo, cosa sabida. Sin embargo, asistir de oyente y como si nada al juicio de los ERE y, más aún, consentir las continuadas escandaleras postfolclóricas del régimen andaluz mientras en Madrid se dejaba llevar, siempre de oídas y de encuestas, por la corriente de un desagüe que desembocaba en el actual Gobierno ha sido la gran aportación de Albert Rivera al mundo inexplorado de la bisagra española. Entre todos vamos cogiendo experiencia, para la próxima.

Ignacio Camacho, buen conocedor del paño andaluz, critica que Rivera se haya quitado ahora la venda de los ojos y se ponga estupendo con la amenaza de romper el pacto de legislatura con Susana Díaz:

Además del de los ERE, que ya venía de largo, con sus derramas discriminatorias, sus clanes familiares y sus tramas de enchufados, la opinión pública ha asistido al de los fondos de formación y al de las putas pagadas con cargo al erario, por resaltar sólo los episodios de mayor descaro. A todos ellos ha reaccionado el partido naranja con reproches más bien desganados y admoniciones de rutina que no comprometiesen el pacto parlamentario. Nariz tapada y ojos vendados para garantizar la estabilidad del susanato. […] Resulta demasiado obvio este arrepentimiento intempestivo porque están recientes los cálidos arrumacos del candidato Marín con el susanismo. En ninguna tesitura del trienio se le ha notado particularmente incómodo con un compromiso que de repente parece provocarle un gran fastidio. Este divorcio de última hora suena forzado, artificial, postizo. Es algo tarde para darse cuenta de que han servido de azacanes en el cortijo.

El Mundo cree que la decisión de Ciudadanos en Andalucía tiene un claro componente electoralista:

Al dar por roto su acuerdo de investidura con Susana Díaz, Ciudadanos en realidad da por comenzado el ciclo electoral en Andalucía. Es un secreto a voces que la presidenta de la Junta no parece dispuesta a agotar su mandato y que convocará elecciones con el objetivo puesto en revalidar el cargo. Los liberales alegan el incumplimiento de los compromisos en materia de regeneración -ciertamente la sempiterna asignatura pendiente en la política andaluza-, pero en realidad necesitan marcar distancias con el PSOE para configurarse como alternativa y disputarle el segundo puesto al PP de Juanma Moreno.

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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