De la llamada a las urnas en Andalucía subyace una multitud de consecuencias políticas que conviertirá el tercio sur nacional en poco menos que un sudoku institucional.
Si empezamos por el PSOE, a quien todas las encuestas dan como ganador, el panorama no está tan despejado como desde San Telmo, Ferraz e incluso Moncloa nos quieren inocular. La victoria de Díaz, alumna aventajada de los procesados Chaves y Griñán, parece indiscutible. Y así será.
Pero el mismo momento del recuento de votos, empiezan sus problemas. La que ha sido ‘reina del sur’ vencerá, sí, pero bajando ostensiblemente su representación. Una victoria pírrica de libro que le obligará a pactar con Ciudadanos o Podemos. No cabe más opción.
Y aquí comienza el malagatías multipartito cuyo cálculo nos llevará irremediablemente hasta los comicios de mayo y los generales. A todas luces parece que Susana se aliará con Adelante Andalucía (Podemos e IU), pero, tal como asegura a este digital un diputado andaluz en Madrid, «el daño en el voto urbano de cara a las municipales se empezará a notar desde ya».
Y continúa:
«El pacto presupuestario entre Sánchez e Iglesias acarrea ciertos compromisos postelectorales a los que el presidente ha accedido por aritmética parlamentaria, aunque las negociaciones le corresponden a Susana».
Ahí es, precisamente, donde radica el principal escollo para Díaz. La presidenta en funciones sabe que será la más votada del mismo modo que conoce que su investidura se parecerá en nada a un paseo. Y su martirio puede ser, igual que en 2015, Teresa Rodríguez. Hace tres años, la gaditana se negó a aupar a Díaz a la presidencia, lo que obligó a ésta a buscar a última hora un acuerdo con Ciudadanos.
¿Y ahora qué? A pesar de que las direcciones nacional y regional han declinado hacer declaraciones al respecto, más de un diputado morado en San Jerónimo creen que Rodríguez debería pedir ‘la cabeza’ de Díaz a cambio de conseguir la Junta de nuevo.
En cambio, los de la rosa descartan esta opción. Un diputado que no hace mucho tuvo grandes responsabilidades en el grupo socialista asegura que eso sería «de locos», ya que Díaz será «ampliamente la más votada» y esa exigencia podemita sería «un chantaje inadmisible».
Y va más allá: «¡Cómo lo vamos a hacer con la que cae a nivel nacional! Aunque Teresa (Rodríguez) es anticapitalista y contraria a Iglesias, un minuto antes de la repetición de las elecciones, aceptará, aunque le pese».
Hasta aquí la izquierda. Pero en el ámbito del centro-derecha, la marejada no es ni mucho menos menor. Todo lo contrario. La totalidad de encuestas internas y externas auguran un batacazo sin precedentes del Partido Popular, ya que sus 33 escaños actuales se verían notablemente reducidos hasta los «veintialgo», tal como asegura un cargo popular.
En este caso, la resaca vendría a partir del día 3, ya que el previsible tropezón de Moreno Bonilla -sorayo donde los haya- desembocaría en un congreso extraordinario donde los partidarios de la exvicepresidenta quedarían reducidos a la nada. En él, Pablo Casado pondría en los puestos clave a gente de su total confianza: «Es evidente, ya que la proximidad de las elecciones no le ha dejado la opción de hacerlo ya».
Preguntadas por las cuotas de cada candidato -Soraya, Cospedal y Casado-, las mismas fuentes aseguran que en las listas para el 2-D ha habido «una total desproporción»:
«Soraya ganó con más de la mitad de los votos y hay más apoyos de Casado y Cospedal. No sirve que digan que Juanma es cuota de Soraya porque es el candidato».
Y sigue, asegurando que, de celebrarse el cónclave regional popular, la criba del líder de Génova también «se llevará por delante» a los partidarios de la exsecretaria General y pone como ejemplo el caso de dos exaltos cargos del aparato del Estado que ya han cambiado notablemente su statu quo.
Con todo, la única tabla de salvación para Moreno Bonilla parece ser una hipotética y poco previsible alianza entre PP, Ciudadanos y, quizás, Vox. Esa suma, que debería ser de 55 escaños al menos, serviría para aliviar el descalabro, auparía a Bonilla a la presidencia o vicepresidencia de la Junta -según si es segundo o tercero-, a la par que daría portazo al congreso extraordinario y el líder popular andaluz gozaría de un sosiego interno y una posición institucional jamás vistos en el sur de España.
Cabe destacar que esa unión de centro-derecha supondría un escaso desgaste en el discurso que desde la época de Mariano Rajoy se instauró en Génova, según el cual debería gobernar la lista más votada y evitar así una ensalada de siglas perdedoras. Tras constantes rechazos en el Congreso a que ello quedase reflejado en ley, Casado se plantó y dio un golpe de timón hacia la conquista de ayuntamientos y comunidades autónomas aún sin haber ganado.
El único punto negativo sería dar alas a la línea marcada por el inefable Iván Redondo de fagocitar a Vox para relacionar a PP y Ciudadanos con ellos y arrinconarlos en el imaginario colectivo en la extrema derecha y, así, prender la estrategia del miedo.
En suma, las elecciones del domingo, aunque son de carácter regional, se han convertido en el primer round hacia un 2019 que puede estar repleto de estos precesos. El 2 de diciembre se elige al inquilino (me permitirán evitar el cursi lenguaje inclusivo), pero la lectura a nivel nacional será inevitable y servirá para medir la fuerza interna y la visión electoral de los cuatro principales líderes nacionales.

