Periodismo
Pedro Sánchez en su avión oficial TW

Arranca el nuevo año laboral y este 2 de enero de 2019 comienza con malas noticias para Pedro Sánchez, con todas las facturas aún pendientes de pagar y cuando encima se ve obligado a revelar el secreto de lo que le costó uno de sus viajes en Falcon, va y se ríe de los españoles asegurando que le costó una cifra ridícula. Los editoriales y tribunas de la prensa de papel no le perdonan ni media a 'Falconetti'.

El editorial de ABC le mete una buena sacudida a Sánchez por querer reírse de los españoles con respecto al coste de sus viajes en avión oficial:

Más grave si cabe es el inaceptable ocultismo que ejercita el Gobierno para evitar que la opinión pública conozca el coste de tales dispendios. Tal y como publica hoy ABC, tras varias peticiones amparadas en la Ley de Transparencia para averiguar la factura total que supuso el desplazamiento de Sánchez y sus acompañantes al Festival de Benicàssim, la respuesta de la Presidencia supone un desprecio absoluto hacia el conjunto de los españoles, dado que lo cuantifica en 283 euros. Tan solo una hora de vuelo en el citado avión cuesta más de 5.600 euros, y eso sin contar el coste del personal, la apertura del aeropuerto de Castellón o el gasto en el alojamiento de Sánchez y sus familiares y amigos. Y lo peor de todo es que, tras negarse inicialmente a ofrecer dato alguno, esa ridícula cifra es la respuesta del Gobierno a una resolución del Consejo de la Transparencia en la que exigía la publicación del coste total de dicho viaje, vulnerando así la normativa existente con el falaz argumento de que se trata de un secreto de estado.

Paco Robles hunde definitivamente la imagen de Pedro Sánchez:

En España sucede algo parecido. La izquierda se ha hundido estrepitosamente, pero no quiere reconocerlo. El presidente más inepto que ha dado la democracia sigue bailando al ritmo que le marca la orquesta del Titanic. Asiste a su propio hundimiento como el pobre de Berlanga, el que en Plácido rebaña los platos antes de que lo expulsen del breve paraíso al que lo han invitado. Por eso coge el Falcon al grito de guerra que lo define. ¿Cuándo voy a verme en otra? A disfrutar, que esto durará lo que tenga que durar, y el que venga luego, que pague o apague la luz.

Ignacio Camacho trae a su columna la confesión de un amigo que está seguro de que Sánchez no irá a las urnas hasta no tener desenterrado a Franco:

Este presidente, que no ha hecho nada relevante, que se estrella en casi todo lo que intenta, necesita un éxito en el que apoyarse. En la economía está viviendo del legado de Rajoy, y en todo lo demás depende de golpes de efecto que apenas le salen. Desenterrar al dictador es la única promesa que ha hecho, el único envite en el que se ha mostrado tajante, y lo tiene encallado en un laberinto de problemas legales. Por simbólico que sea, si quiere que los suyos lo tomen en serio tiene que llevar eso adelante. Créeme: un hombre tan obsesionado con la imagen no puede ir a las urnas con Franco en el Valle. Habrá otros factores, claro, pero no vamos a votar hasta que no lo saque.

El editorial de La Razón reclama elecciones a un presidente que ya se ha atrincherado en el poder:

Siete meses después de acceder a La Moncloa, ni ha consensuada nada con lo grupos parlamentarios -excepto con sus socios de Podemos y el resto de partidos minoritarios independentistas-, ni tiene previsto convocar nuevos comicios. A nadie se le oculta ya que la moción de censura fue una mera formalidad para acceder al Gobierno sin pasar por las urnas cuando el PSOE estaba en sus horas más bajas. El pasado 28 de diciembre ya no ocultó lo que estaba latente en su moción: «La voluntad del Gobierno es agotar la legislatura». Sánchez ve posible alargar la legislatura porque no vincula un eventual fracaso en la aprobación de los Presupuestos con la obligación de adelantar los comicios. Inaudito, pero cierto si nos guiamos por los principios éticos de este nuevo PSOE, que incluso estaba dispuesto a gobernar manteniendo los PGE que sacó adelante el gobierno del PP, cuyo partido votó en contra.

Luis María Ansón, en El Mundo, deja caer que Sánchez es un traidor de tomo y lomo:

¿Pedro Sánchez, traidor a España? Difícil contestar a este interrogante sin perder la ecuanimidad, pero incontables españoles participan de la acusación de Casado y Rivera. El despropósito presidencial ha llegado demasiado lejos y lo que está ocurriendo en Cataluña entre el Gobierno de España y la Generalidad que controla aquella región española, constituye una auténtica vergüenza nacional.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72