Periodismo

En las últimas 24 horas se ha visto un espectáculo interesante alrededor de la participación de María Claver, Albert Castillón y Carlos Cuesta leyendo un comunicado en una manifestación en defensa de la unidad de España pactados por partidos.

Muchos colegas han pedido abrir el debate sobre si dejas de ser periodista por leer manifiestos. Lo curioso es que este debate no ha salido cuando otros periodistas leían otros manifiestos. ¿No leyó Gemma Nierga un comunicado pactado por partidos? ¿No lo hizo Victoria Prego?

O por poner otro ejemplo, ¿No lo hizo la muy ilustre e independiente Rosa María Mateo, leyendo un manifiesto pactado por partidos de entonces? Tampoco se comprende la sorpresa.

Castillón ya había participado en manifestaciones de la órbita de Ciudadanos. Carlos Cuesta ya había ido a manifestaciones por la unidad de España y ha dado la cara por defender a Vox en tertulias y María Claver era identificada desde hace tiempo como tertuliana en la órbita del PP. ¿Cuál es, por tanto, la sorpresa?

Pero puede ser más interesante que el debate de los manifiestos, abrir el debate de los hipócritas. ¿Quiénes han salido reprochando el tema del manifiesto?
Pues el periodista Carlos Hernández de ElDiario.es, que se erige en sumo regañador mayor y se pone a teclear soltando el siguiente tuiterazo:

"Espero que las tres personas que leerán el manifiesto ultra en Colón dejen de ser rotuladas como "periodistas" en los programas de TV en que participen (...) han aceptado ser portavoces del eje PP-Ciudadanos-Vox y así se les debería rotular desde ahora".

Tras leer esto inmediatamente la vista se dirige a ver cómo se rotula Carlos Hernández en twitter. "Periodista de ElDiario.es". Curioso, él que ha estado en la nómina del PSOE tanto tiempo, no considera que eso merezca ser incluido en su rotulación, pero en cambio considera imperdonable que Cuesta, Claver y Castillón lean un manifiesto por la unidad de España, y en cambio, le parece mucho menor trabajar de jefe de prensa de un partido.

En ElDiario.es también tienen a Rodolfo Irago que también se auto-rotula como ‘periodista' sin que le deba molestar a nadie (salvo a Carlos Hernández, que seguramente preferiría que rotulara ‘ex jefe de prensa de Pedro Sánchez').

En Telemadrid apareció Antón Losada a decir que Carlos Cuesta ya no era periodista, sino que era activista. Y, prácticamente restó valor a la opinión de Cuesta para valorar la manifestación por haber sido parte de ella, además de calificarle de manipulador. ¡Y lo dice el ex número 2 del BNG en tiempos de Anxo Quintana y que ejerció de político llegando a ser Secretario de Relaciones Sindicales de la Xunta de Galicia, puesto en el que fue colocado a dedo por el Gobierno PSOE-BNG de Touriño.! ¡Modelo de independencia!

En Público.es sale uno de sus primeros espada a decir que Claver, Cuesta y Castillón son unos mamporreros que deberían ser llamados al orden por la APM y la FAPE. Si leer un manifiesto le parece tan grave, ¿qué le parecerá entonces al citado primer espada que sus dos principales jefes fueran directamente miembros de la estructura de un partido, del PSOE?

¿O no estaba en nómina Ana Pardo de Vera, actual directora de Público.es, cuando ejercía de jefa de prensa de Mr. ERE Zarrías? ¿O no lo estaba Chema Crespo cuando marhuendeaba por el PSOE como Secretario General de las JJSS, concejal y diputado por aquel partido y actual Director General de Público.es?

Naturalmente, todo es opinable. Ramón Lobo opina que los que leyeron el manifiesto no son ya objetivos por ir a una mani de PP, C´s y Vox. Otros opinarán que él dejó de poder ser considerado objetivo cuando dijo ante el triunfo electoral del PP que el "éxito del PP es el fracaso de España como país y de nosotros como sociedad civil", evidenciando su gran equidistancia en cuestiones partidistas.

Y, por si fuera poco aparece José María García que dijo que la presencia de esos tres periodistas en la manifestación evidencia que "la profesión se está yendo al carajo". García podrá lecciones de muchas cosas. Pero clases de ‘distanciamiento con el poder' está entra las pocas de las que nunca lo podrá hacer. Quién ha contado como descolgaba el teléfono Mariano Rajoy para pedirle que convenciera a accionistas de medios para que no tocaran a fichas de un partido político dentro de un medio, quién se ha jactado de que consultaba sus contratos con Aznar... ¿Está condiciones de dar clase de distanciamiento con el poder a quienes leyeron un manifiesto?

En su texto sobre este tema Ferrán Monegal, del Grupo Zeta, se atreve a decir que todos los periodistas que ejercían antes de 1975 eran unos masajistas del poder. (Hace bien en decirlo ahora, cuando Cándido, Jesús Hermida o Martín Ferrand, que tantos años trabajaron en el Grupo Zeta y trabajaron en esa época, ya no están vivos para replicarle). ¿Habrá visto Monegal en su vida alguna entrevista de Victoriano Fernández Asís o Herrero Losada antes de calificarlas de ‘masajismo'?

Sobre los lectores, por lo visto para Monegal leer un manifiesto te convierte en un hooligang que sirve al poder para vivir y lo compara con quienes cobran por hacer un anuncio de caldo de pollo. Lo que falla en esa comparación es que Cuesta, Claver o Castillón no cobraron. ¿Se imagina Monegal que alguien le hubiera acusado a él de ser menos independiente por cobrar del aparato audiovisual del ayuntamiento de Barcelona? Un gran programa, aquel zapping de Monegal, donde era divertido ver como se editaban determinados ‘fragmentos' para que no saliera nada que perjudicara a los patrocinadores del mismo (Zeta, por poner un ejemplo).

Distinto es el caso del regañador profesional, Víctor de la Serna Arenillas. Que dice que la mani "no fue un día para el periodismo" porque los lectores "no revisaron sus textos" (lo mismo pensamos en Periodista Digital de Serna Arenillas cuando se inventó que PD no había dado una información que iba en la portada).

En todo caso la regañina a Cuesta, Claver y Castillón por parte de Serna Arenillas no supone ninguna novedad, a Serna Arenillas le encanta regañar a colegas desde hace años. Por regañar, regañó hasta a los que eran compañeros de su periódico, como cuando despreció a Salvador Sotres por meterse, a su muerte, con Santi Santamaría (es decir, por hacer lo mismo que él había hecho cuando murieron Antonio Asensio o Jesús Polanco, por poner dos ejemplos).

De la Serna también regañó, cuando murió Suárez a los periodistas que le habían criticado cuando era presidente, pero excluyó del listado de ‘regañados' entonces al que en ese momento era su jefe en el periódico, que había zurrado a Suárez más que ninguno (señal de independencia). Tampoco acostumbra a regañar a los jefes que le llevan a tertulias aunque realicen prácticas que él ha reprochado a otros. Se comprende, es más fácil regañar a compañero, que al jefe (que es el que paga).

Es como Rahola, que llama franquista a todo el mundo menos a Godó, que para algo la remunera, y que en TV3 también puso a caldo la manifestación, en calidad de ‘periodista independiente' (no de ex diputada, ex concejal y ex portavoz de un partido político).

Hacen bien los regañadores. La independencia periodística es linchar a los colegas que leen manifiestos, y mantener la obediencia a la empresa que te remunera. Que los ‘regañadores' podrán ser incoherentes, pero no idiotas.