Periodismo
Daniel Lacalle y Pedro Sánchez. PD

Pedro Sánchez es de lo que creen que el dinero se estira o que crece en los árboles. De otra manera no se entiende que en solo nueve meses de permanencia en La Moncloa, este 'okupa' del poder haya llegado a unos registros que ni el más torpe Zapatero hubiera conseguido igualar. Ante esto, editoriales y tribunas de la prensa de papel de este 10 de marzo de 2019 se llevan las manos a la cabeza.

El editorial de La Razón se lleva las manos a la cabeza ante las intenciones de Sánchez que pretende seguir con su barra libre de gastos:

Sólo desde un optimismo a prueba de bomba se puede pretender que Pedro Sánchez, una vez ganadas las elecciones, -hipótesis, por otra parte, nada segura- se avenga a reconducir su política populista, aunque sea forzado por la realidad de la prevista recesión. En el mejor de los casos se verá abocado a pactar la investidura con los mismos socios que le auparon a La Moncloa, entre los que se encuentra Podemos, que viene dejando claro desde la moción de censura que no está dispuesto a renunciar a una política de logros sociales pagada con mayor presión fiscal y, en su caso, barra libre del gasto público. Por otra parte, y es uno de los factores del adelanto electoral, aunque no el más determinante, los españoles acudirán a las urnas el próximo 28 de abril cuando aún no sean palpables las consecuencias de la inevitable desaceleración, por más que ésta ya se empiece a notar, en la caída del empleo, de ahí que la propaganda de la izquierda esté volcada en el rechazo y la negación de unas previsiones que nos retrotraen a esos años de amarga memoria, con cinco millones de parados. Algo que merece una reflexión serena del elector ante la urna.

Daniel Lacalle le ajusta las cuentas al presidente del Gobierno:

Sánchez deja un agujero de 16.000 millones de euros en las cuentas públicas, y la Seguridad Social peor que cuando llegó. A base de decretos ley, ha aumentado el gasto estructural y consolidable pagando favores de moción de censura para financiar la mayor campaña electoral de la historia. Un aumento de gasto irresponsable que también incrementa el déficit estructural. La gestión de Pedro Sánchez es mucho peor que la del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, porque sus atroces resultados económicos se dan sin crisis y en medio de un enorme estímulo monetario. El próximo Gobierno se va a encontrar con un doble reto: Gestionar y revertir una ralentización económica que Sánchez casi convierte en una recesión si llega a quedarse más tiempo, y solventar el agujero de las cuentas públicas sin pasarle la factura de los desmanes de Sánchez al contribuyente.

El editorial de ABC carga contra los ‘viernes sociales' en los que el Gobierno de Sánchez ha convertido la reunión habitual del Consejo de Ministros:

Utilizar los consejos de ministros como altavoz político para anunciar e incluso poner en marcha promesas del partido a escasas semanas de los comicios viola tanto el espíritu como la letra de la Ley Electoral. Lo más grave, sin embargo, es que la perversa estrategia del PSOE consiste en poner al Gobierno y al BOE al servicio de sus propios intereses partidistas, pervirtiendo así las funciones y la naturaleza institucional del Estado. Y eso sin contar que la aprobación de decretos leyes, una figura reservada para casos de urgente y extraordinaria necesidad, es una forma de eludir el contrapeso que ejerce el Parlamento al Poder Ejecutivo, especialmente ahora que el Congreso ha sido disuelto, puesto que impide la introducción de enmiendas, y, por tanto, menoscaba la calidad democrática. Todo ello evidencia un peligroso desdén hacia las instituciones y el Estado de Derecho que no debe ser menospreciado.

Luis Ventoso considera que la opción de arruinarse para salir de la crisis, tal y como sugiere Sánchez, es un completo disparate:

Cuando la economía tose, como hoy en Occidente, retornan las «soluciones» milagreras que ya fracasaron en el siglo XX: el sueño de blindarse en el terruño, culpando al inmigrante y al enemigo exterior (el nacionalismo); la utopía de un reparto igualitario de la riqueza dirigido por el Estado (el socialismo y el comunismo, que acaban siempre en miseria compartida); o la receta socialdemócrata de intentar superar el bache a costa de arruinarse (en lo que anda Sánchez). El reto actual es complejísimo, desde luego, y más con la revolución de la Inteligencia Artificial. Pero la peor manera de encararlo es el festival de chorradas cortoplacistas, problemas autocreados y regateos electorales cutres que hoy conforman la política española.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72