Periodismo
Ángel Garrido o el arte del transfuguismo. PD

Ángel Garrido se ha convertido por méritos propios en el protagonista de editoriales y tribunas de la prensa de papel de este 25 de abril de 2019 después de que diera la espantada al Partido Popular para irse a Ciudadanos, un partido al que había denostado y hasta humillado en diversos foros -Ángel Garrido le pone los cuernos a Dolors Montserrat y al PP y se va con Ciudadanos-.

El editorial de ABC deja retratado a Ángel Garrido por su inexplicable paso a Ciudadanos y también reparte estopa a Rivera por su incoherencia y por unos cuestionables golpes de efectos -El 'tuitero loco' Ángel Garrido: obsesión con Pedro Sánchez y muchas bobadas en variedades-:

Para anunciar el fichaje, Garrido y Cs han escogido el momento que más daño pudiese causar a Casado, aunque está por ver que realmente tanto él como su nuevo partido salgan beneficiados. Garrido es un solvente servidor público, pero nunca fue un líder carismático con acreditada capacidad para arrastrar masas a las urnas. Además, la hemeroteca es demoledora. Si su premeditada fuga se debiese a un legítimo proceso de evolución ideológica personal, podría tener sentido. Pero no es así. Hace muy poco, Garrido dijo que Cs es el partido de la "extrema nada", y que solo sabía "naufragar en su indefinición ideológica" pues era "el tonto útil de la izquierda". Sin embargo, ahora sostiene que es el único proyecto en el que se siente "cómodo". Como mínimo es extraño e incoherente. Como máximo, bastante cínico y poco creíble, porque si antes Cs era un partido que acusaba a Garrido de representar "al partido más corrupto de España", ahora resulta ser "el que mejor representa el centro liberal y la moderación". Garrido se ha retratado a sí mismo con su concepto de la congruencia. Pero también lo hace Rivera con sus fichajes 'estrella' provenientes de PP y PSOE, porque no dejan de ser golpes de efecto arriesgados que dilapidan su concepto de regeneración política. Fichar a candidatos procedentes de partidos que Cs desprecia supone una bofetada a sus propias bases. Como lo han sido las chapuceras primarias sospechosas de manejos inmorales y pucherazos. La deslealtad y el oportunismo en política son malos consejeros.

Luis Ventoso tampoco se apiada de Garrido ni de Rivera por un gesto que, vaticina, les va a costar más de un serio disgusto -La increíble fuga de Angel Garrido a Ciudadanos y el bochorno del PP al que juró fidelidad-:

La conversión al naranjismo le sobreviene tras haberse pasado los últimos meses fustigando a los de Rivera con dardos como este: "Hoy por hoy los españoles saben que, lamentablemente, apostar por Ciudadanos es no saber siquiera por qué se apuesta. La única apuesta segura es el Partido Popular". O esta otra colleja, una más de muchas: "El oportunismo de Ciudadanos no tiene límites". En una maniobra de venganza, cutre a más no poder, el tal Garrido se pasa a una formación que hasta ayer despreciaba como "populismo pop". Mal Garrido. Pero casi peor Ciudadanos, que falto de elenco, pues es un partido de cinco amigos de Barcelona, está reclutando restos de serie de PP y PSOE para rellenar sus listas. Entre su soniquete cargante en el segundo debate y la chapuza tránsfuga de ayer, Rivera vuelve a hacer patente su problema habitual: es un buen dialéctico y un mal estratega. Garrido, Soraya Rodríguez, las primariaspucherazo de Castilla-León. Si esta es la Nueva Política... Cs no ganará un voto con la pataleta de Garrido, al revés.

Rubén Amón, en El País, recuerda todas las perlas del 'ciudadano' Garrido contra el partido de Albert Rivera:

"En la guerra, como en la guerra". El aforismo ruso alude a la validez de todos los métodos cuando ha estallado un conflicto. Rivera piensa reconstruir las relaciones con el PP después del domingo, pero ahora le apremia ganar terreno electoral. Y Garrido ejerce un efecto pedagógico en su envergadura política y significación centrista-tecnocrática, aunque llama la atención que la regeneración de Ciudadanos provenga del linaje del esperancismo. Y que Garrido recale en un partido al que definía como oportunista, populista pop, melodramático, incoherente y chupacámaras. Le faltó decir abrazafarolas y lametraserillos, emulando a José María García.

Para La Razón, lo que ha hecho Ángel Garrido es una puñalada directa a la credibilidad que los votantes pueden tener en sus políticos:

La cuestión que se plantea a los electores ante el enésimo caso de trasfuguismo que se incorpora a la lista de Ciudadanos, -el de el ex presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido-, es si el partido de Albert Rivera ofrece un proyecto realmente alternativo al del PP, dada la pasmosa facilidad con que los supuestos agraviados por la nueva dirección popular se integran en la formación naranja. Nada de largas y dolorosas reflexiones, ni siquiera ese darse un tiempo para superar el período de despecho, inevitable en toda ruptura que arrastra afectos, ilusiones y lealtades. No. Te quitan de las listas, de ese puesto de salida que asegura, cuatro años más, el escaño o la concejalía, y el agraviado a quien, es un tópico, "no se le reconocen los grandes sacrificios hechos por el partido", se pasa en horas al adversario y se deshace en promesas de nuevos afectos, ilusiones y lealtades. Nada, en fin, que sorprenda a unos ciudadanos ya curtidos en las veleidades de los políticos y que saben que las críticas, los reproches e, incluso, los insultos de ayer se convierten en los elogios de hoy. No es de extrañar que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, no se crea las protestas de Albert Rivera de que nunca pactará con Pedro Sánchez.

Fernando Rayón subraya que Ángel Garrido no es un político de fiar:

Aunque la jugada de Garrido -que definía a Ciudadanos como populismo pop- tampoco aporta mucho, dice bastante de los métodos de Rivera para hacer política. Obligar a la mano derecha de la imputada Cifuentes a anunciarlo ahora resulta revelador de esa capacidad de metamorfosis del partido naranja. Les vimos apoyar la investidura de Susana Díaz y cargársela junto con PP y Vox. Pactaron con Sánchez un plan de gobierno con 200 medidas, y a los pocos días votaron la investidura de Rajoy. Argumentos no faltarán para justificar una u otra cosa, pero avisan -y esto es clave- de lo que puede ocurrir tras el próximo domingo. Pero no todo vale, aunque sea lo que más convenga estratégicamente al partido. El efecto Garrido da también la razón a Casado cuando se lo cargó como candidato a la Comunidad de Madrid, aunque luego lo apoyara durante la crisis del taxi, y le hicieran un hueco en la lista mejor pagada de la política: las europeas. Se ha demostrado que no era de fiar.

Jesús Rivases considera que la traición de Garrido al PP es de las más baratas de la historia:

Ángel Garrido, ex presidente de la Comunidad de Madrid como sustituto de urgencia de Cristina Cifuentes, solo es otro traidor que cambia de bando. No pasará a la historia, salvo por lo desabrido del portazo a su partido de siempre y porque, salvo que se descubra algo que lo explique mejor, su traición es de las más baratas de la historia. Tenía motivos de queja con el PP, pero también de gratitud. Fue presidente de rebote y aspiraba a ser candidato a la Comunidad de Madrid, pero fue preterido por Isabel Díaz Ayuso. Garrido, en teoría, lo aceptó con buena cara y por eso el PP le ofreció "lo que quisiera" en las listas al Congreso, al Senado o al Parlamento Europeo. Al final, el ahora traidor eligió Europa y ayer mismo el BOE publicaba su inclusión como número 4 en las candidaturas del PP. Un destino-retiro dorado y bien retribuido. Horas después, sin embargo, daba el portazo y Ciudadanos lo presentaba como candidato ¡número 13! a la Comunidad de Madrid, en la lista que encabeza Ignacio Aguado. Garrido, despechado y por menos de 'un plato de lentejas', intentaba pinchar el subidón de Casado tras salir reforzado del debate de Atresmedia con Sánchez, Iglesias y un Rivera que igual acoge tránsfugas resentidos del PSOE como Soraya Rodríguez, que traidores populares a precio de saldo.

El Mundo circunscribe la traición de Garrido a una cuestión de deslealtad:

El sorpresivo fichaje de Ángel Garrido por Ciudadanos no entraña únicamente una cuestionable decisión personal sino también una abierta disputa entre las dos formaciones que aspiran a liderar el espacio del centroderecha. Por mucho que su perfil ideológico encaje en el proyecto naranja, el ex presidente de la Comunidad de Madrid no ha sido leal con el partido en el que ha ocupado cargos desde 1995 y que le había ofrecido un puesto de salida en la lista europea, puesto aceptado por el hoy ya candidato de Cs. Ahora bien, sería insuficiente circunscribir este episodio a una vendetta personal, cuando en los debates televisivos ya afloró una evidente pugna entre Albert Rivera y Pablo Casado por erigirse en alternativa al sanchismo. Casado reivindicó el PP como valor seguro y Rivera, con el golpe de efecto del fichaje de Garrido al día siguiente de la buena actuación de Casado, anula el eco de ese debate.

Javier Redondo habla de inelegante decisión por parte de Ángel Garrido, aunque también lo ve normal en unos tiempos donde la política se ha convertido en un mercadillo:

La inelegante decisión de Garrido sorprende por súbita y apretada. No obstante, es consecuencia natural de la gradual transformación que sufre la política en los últimos tiempos: el surgimiento de nuevas fuerzas permite a los profesionales de la política escoger entre ofertas sin renunciar a programa. A la vez, el alegre ingreso en los partidos de tele-stars o profesionales de relumbrón que se saltan los criterios y protocolos de promoción interna libera a los canteranos de su devoto compromiso con las siglas. Rivera quiere refundar el centro derecha desde el centro. Para tan elevada aspiración necesita intercambiables de relumbrón, pero sobre todo ser, como mínimo, el tercer partido nacional el 28-A.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72