LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

El fantasma de Rosa Díez se aparece en la sede de Podemos y provoca una despavorida desbandada

Luis Ventoso: "El Lenin castizo que pretendía derribar la monarquía contempla desde su dacha de Galapagar cómo arde su nave"

El fantasma de Rosa Díez se aparece en la sede de Podemos y provoca una despavorida desbandada
Rosa Díez y sus actitudes cesaristas parecen haberse implantado en Pablo Iglesias que se ha quedado sin sus lugartenientes. PD

Decía el gran José María García en una frase que hoy provocaría el clamor de los comisarios del lenguaje que «mariquita el último». La sentencia mordaz del periodista deportivo vale perfectamente para ilustrar lo que está sucediendo en Podemos, con una desbandada tremenda y con conjuras a espaldas de Pablo Iglesias, tal y como se comenta este 26 de enero de 2019 en las tribunas de la prensa de papel.

El diario ABC habla de un hundimiento definitivo de Podemos:

La descomposición orgánica de Podemos es un hecho. Es un hundimiento estructural en toda regla. La renuncia de Ramón Espinar, secretario general en Madrid, a todos sus cargos y a su escaño, unida a la cita que ayer mantuvieron diez líderes regionales en Toledo para cuestionar la estrategia de Pablo Iglesias e impulsar un acercamiento a Íñigo Errejón, y las crecientes críticas internas en IU por este desmembramiento de la izquierda, apuntan a una seria merma del poder del líder del partido. Por eso, abrumado por la caída de cascotes en el edificio en ruinas, Iglesias ha convocado el 2 de febrero una reunión urgente del Consejo Ciudadano Estatal, la ejecutiva de su partido, para debatir cómo reaccionan a este tsunami interno.

Luis Ventoso pronostica que Podemos acabará siendo el club privado de Pablo Iglesias e Irene Montero:

Podemos, que iba de Titanic de la indignación cuando nació hace cinco años, se ha estampado contra un iceberg llamado realidad. Hoy está yéndose a pique (para ganancia de España, su estabilidad y prosperidad). El Lenin castizo que pretendía derribar la monarquía contempla desde su dacha de Galapagar cómo arde su nave. El partido de la Gente va camino de quedarse en el club privado de él y su pareja, que lo dirigen con mano de hierro y éxito menguante.

En un puntazo editorial, La Razón considera que la crisis de Podemos ya no responde a otro motivo que no sea el cesarismo de su líder, Pablo Iglesias:

Sin duda, detrás de la dimisión de Ramón Espinar como secretario general de Podemos en Madrid opera el cálculo electoral de quienes consideran que Manuela Carmena es un valor más seguro que cualquier otra opción y estarían dispuestos a adoptar un papel secundario dentro de la plataforma de la actual alcaldesa madrileña. Pero, en el fondo, el problema viene de atrás, de una concepción excesivamente personalista de la dirección del partido morado, incapaz de mantener la cohesión de sus principales dirigentes.

Antonio Martín Beaumont recurre al fantasma de UPYD para aterrorizar a los podemitas:

Muchos escudriñan si la alianza madrileña firmada en el ya conocido como «pacto de las empanadillas» entre Carmena y Errejón puede tener más recorrido que el de las urnas en la Comunidad de Madrid. Algunos en la sede madrileña de la calle Princesa vaticinan que sí. Otros tantos dirigentes de Podemos, mientras, rebuscan en las hemerotecas las crónicas que en su día dieron fe de la desaparición del partido pionero de la llamada «nueva política»: la Unión, Progreso y Democracia de Rosa Díez. Y recuerdan ahora que UPyD murió víctima de una mezcla fatal de hiperliderazgo personalista y crisis de crecimiento. Como Podemos, Díez conquistó las instituciones, coqueteó con el poder, pero acabó desmoronada entre traiciones y desconfianzas. Ese mismo fantasma se le ha aparecido esta última semana a Iglesias en su casoplón del Guadarrama, ese que enterró su traje de «bestia negra» de la casta. Lo resume bien gráficamente uno de sus antiguos colaboradores: «Pablo nos creó y Pablo nos destruye».

El Mundo no ahorra en palos para la fuerza morada y el personalismo monolítico de su líder:

Ni en sus peores pesadillas hubiera imaginado Pablo Iglesias, en los albores de Podemos, que su propósito de asaltar los cielos iba a estrellarse con la realidad tan rápido y de forma tan cruda. Podemos, alumbrado al calor del hartazgo social que fermentó en el 15-M, se encuentra hoy al borde de la descomposición. Lastrado por un proyecto ideológico trasnochado y una estructura orgánica profundamente deteriorada, el tercer grupo parlamentario con más representación en el Congreso parece haber caído en barrena tras decidir Errejón ir a las elecciones de la mano de la plataforma de Carmena. Las siglas de Podemos están hoy chamuscadas por una mezcla de factores que revela la inoperancia de quien hace cinco años se presentaba como adalid de la regeneración. El personalismo excluyente y la soberbia de Pablo Iglesias, sumado a las purgas ejecutadas a los disidentes, la laminación de Izquierda Unida y la incapacidad para estabilizar su relación con las distintas confluencias, ha terminado por fagocitar a una formación radical y populista que en el lapso de un lustro ha pasado de abanderar un discurso antisistema a sostener al PSOE en La Moncloa.

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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