LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA

¿Qué se podía esperar de la mediocre Batet que ya fue multada tres veces por compadrear con los golpistas?

El Mundo: "Batet no estuvo a la altura de su responsabilidad institucional, quizá más atenta a no disgustar a posibles socios de su partido que a defender la dignidad del Congreso"

¿Qué se podía esperar de la mediocre Batet que ya fue multada tres veces por compadrear con los golpistas?
Meritxell Batet presidendo el Congreso gracias a sus guiños con el separatismo. PD

¿A alguien le sorprende este 22 de mayo de 2019 que las tribunas y editoriales de la prensa de papel vengan repletas con comentarios sobre el esperpento vivido en la sesión constitutiva de las Cortes? Desgraciadamente, como señalan algunos columnistas, los españoles comienzan a estar peligrosamente anestesiados y empieza a verse como algo normal lo que es una insultante anormalidad –Episodios nacionales: el ‘circo’ indepe ya está en el Congreso y Batet corta a Rivera por protestar por el juramento no valido de los golpistas-.

El editorial de ABC alude claramente al bochorno que se vivió el 21 de mayo de 2019 en la apertura de la decimotercera legislatura en el Congreso de los Diputados El colmo del esperpento es cuando el mayor bufón del Congreso lloriquea porque los de VOX aporrearon para silenciar a los golpistas-:

El separatismo catalán convirtió ayer la sesión constitutiva de las Cortes en un espectáculo bochornoso que no merece ningún demócrata de bien. Los cuatro diputados presos acusados de golpismo recurrieron a fórmulas vergonzantes de acatamiento de la Constitución, y la nueva presidenta del Congreso, la socialista Meritxell Batet, permitió incluso que el Parlamento legitimara una mentira flagrante al asumir como fórmula válida la existencia de «presos políticos» en nuestro país. Hay motivo para el sonrojo. Y algo muy profundo hay que reformar en nuestra legislación cuando se consiente que unos reclusos-diputados, que deberían ser suspendidos de inmediato, eludan un mandato expreso del TS, campen por el hemiciclo con dispositivos móviles y permitan convertir a nuestras instituciones en el hazmerreír de Europa. Imágenes como las vistas ayer deben hacernos reflexionar sobre la calidad de nuestra democracia.

Álvaro Martínez va en la misma línea hablado de la esperpéntica sesión del apertura en la Cámara BajaPedro Sánchez pone un ‘puente de plata’ en Congreso y Senado a los separatistas catalanes-:

Por si a alguien le cabía alguna duda del amaño, el propio Sánchez se lo dejó claro ayer a Junqueras y al resto de los españoles, que pudieron leer en sus labios un «no te preocupes» cuando el cabecilla separatista se le acercó para citarle con un «tenemos que hablar». Si el apretón de manos al sujeto que ha coliderado una operación para romper España ya supone una rendición de quien ostenta la segunda magistratura del Estado, el «no te preocupes» confirma los peores pronósticos sobre el dueño del colchón más famoso de esta España escuchimizada -¡qué infame sesión la de ayer en las Cortes!- a la que se quiere conducir a una capitulación incondicional ante la banda del lazo:

Luis Ventoso denuncia que se ha dado carta de normalidad a lo que es pura anormalidad democrática –Carlos Herrera ofrece una clave aterradora del escarnio y la provocación de los golpistas catalanes chuléandose en el Congreso-:

En su paseíllo, Junqueras se acerca al escaño del flamante presidente, Pedro Sánchez, que le choca las cinco. Acto seguido, el preso le suelta al presidente de España: «Tenemos que hablar». Aceptando que el líder golpista le fije su agenda, Sánchez responde: «Lo vemos», admitiendo así la petición de diálogo de un enemigo frontal de España, que sabido es que no se conformará con nada que no sea conceder la independencia a Cataluña. No es menester decir más. En la España actual todo se da por normal, incluso lo más anormal. El Congreso convertido en un circo. El presidente del Gobierno palanganeando a ojos de todos con un golpista -que al fin y al cabo fue el aliado de cuya mano llegó al poder-, y los españoles, en la inopia, preocupados por su finde, sus cañitas, su Ryanair y sus series… mientras comienza la suave demolición de los pilares que tan próspero han hecho este país.

Ramón Pérez-Maura le recuerda a Sánchez que su gesto con Junqueras tiene consecuencias –Abascal manda desde el primer día un mensaje a Pedro Sánchez: VOX se sienta justo detrás del presidente en funciones para ‘controlarle’-:

Un presidente del Gobierno de una democracia debe ser consciente de las consecuencias que tiene para su imagen y la del país el compadreo con golpistas. El último caso que recuerdo fue el de Rafael Caldera amnistiando a Hugo Chávez. Miren dónde acabó Chávez y dónde está Venezuela. Y Oriol Junqueras tiene muchas razones para preocuparse. Como debe tenerlas todo criminal. Pero está claro que Sánchez no lo considera como tal. Y los españoles lo sabían antes de votarle porque Sánchez llegó al poder con el respaldo de Junqueras y de todos los independentistas, creando el primer gobierno democrático de Occidente sostenido por los que quieren destruir el país sobre el que gobierna ese presidente. Verdadermente memorable. Inverosímil, pero esa es la España del presente.

Ignacio Camacho cree que, visto el panorama de la sesión constitutiva de las Cortes, nos lo vamos a pasar en grande –En Griso TV nos quieren colar que Pisarello en la mesa del Congreso no es un grosero ‘indepe’ que quitaba banderas de España-:

Desobedecieron las restricciones impuestas por el Supremo para transformar el acto en un espectáculo y chotearse de la Constitución que teóricamente estaban acatando mientras la flamante presidenta de la Cámara dejaba el ejercicio de su autoridad para otro rato. También pospuso para mejor ocasión -después de las elecciones, si es posible- la obligatoria suspensión de funciones de los procesados. Ésa será a partir de ahora su misión: tragarse sapos y gestionar con buena cara los inevitables escarnios que le esperan durante su mandato. La humillación consentida como nueva acepción de la palabra diálogo. Junqueras lo sabe. Buscó el momento para decirle «tenemos que hablar» a Sánchez y éste, que ya le había estrechado la mano antes, le contestó «lo vemos» con la naturalidad de quien se lo hubiese encontrado por la calle. Toda la situación era absurda, de una estúpida y forzada apariencia normal en medio de la más patente de las anormalidades: una bronca general y un presidente del Gobierno en charla amable con un golpista imputado por rebelión y otros delitos graves y a punto de ser devuelto por la policía a la cárcel. Buen rollito, que la política quede al margen de los tribunales. Bienvenidos a la legislatura de la distensión y el buen talante. Nos lo vamos a pasar en grande.

El editorial de La Razón detalla que los independentistas consiguieron lo que buscaban, convertir el Congreso en un plató del esperpento –El ‘golpista’ Junqueras a Sánchez: «Tenemos que hablar»… y el socialista responde: «No te preocupes»-:

Las Cortes fueron ayer un plató donde se exhibió sin pudor lo que llevan años mostrando en el Parlament y en las calles de Cataluña. Junqueras, el líder que propició la declaración unilateral de independencia del 27 de octubre, consiguió la fotografía que quería: el presidente del Gobierno dándole la mano e intercambiando unas palabras sobre un futuro «diálogo!. Lo que sucedió ayer en la Carrera de San Jerónimo de Madrid es difícil de contemplar en otros Parlamentos de democracias que se respetan a sí mismas, de lo que deben estar satisfechos independentistas y los populistas de Iglesias. Esta legislatura tiene muchas tareas por delante, pero una de ellas se ha demostrado prioritaria: impedir que la alianza nacionalpopulista se adueñe del Parlamento.

Julio Valdeón recuerda que Batet siempre ha tenido devaneos con el separatismo y ya le costó en su momento una multa del PSOE por romper la disciplina de grupo –Junqueras, abierto a investir a Sánchez para evitar a la «extrema derecha»-:

¿Quién rompió por primera vez la disciplina de voto del PSOE ¿Quién por votar a favor de la autodeterminación y el derecho a decidir? La multaron, señora Batet.Ya no la multarían porque el señor Sánchez ha asumido las tesis que usted defendía». Recomiendo buscar ese momento. Anotar mentalmente la sonrisa colérica de Batet. Comparar la forzada comodidad con la que encaja la paliza dialéctica con el trato beatífico que dedicó a los golpistas. El choteo de los juramentos sólo puede desecharse como folclórico por quienes todavía creen que las soplapolleces ante el golpismo servirán para contenerlo. Al contrario, lo alimentan. Los tiburones huelen el cansancio, la debilidad de la presa, la proverbial gota de sangre de un sistema zarandeado por la conjura de todos los judas.

Pedro Narváez afirma que lo que se vivió en el Congreso fue la más pura rendición al separatismo –La Junta Electoral impide al ‘golpista’ Junqueras participar en el debate de TV3 desde la cárcel-:

Junqueras y su cuadrilla recibidos con aplausos en el «templo democrático» es solo cola de comedia en el monstruo del drama. España se pega un tiro en el pie y ahora intenta salvarse sobre sus muñones. Todo irá bien en apariencia. El pueblo está tranquilo, tan anestesiado de todo lo que ha visto que ya le trae al pairo un episodio de más o de menos, consume la pedagogía independentista con pasmosa facilidad. Todo lo que no sea «diálogo» es fascismo. Jamás un presidente de Gobierno lo tuvo tan fácil. Gana haga lo que haga, aunque permita estampas malditas. Junqueras buscó la ‘foto finish’ y la consiguió, otra casilla ganada en el tablero. La propaganda dirá que es por nuestro bien. Somos tan buenos que invitamos a almorzar a los que nos quieren robar la merienda. Esa película no la veremos en el cine.

El País se alarma ante la petición de PP y Ciudadanos de que se cumpla la ley y se suspenda a los Junqueras y demás políticos presos –Carlos Herrera se harta de las chulerías de Sánchez: «Este cuentista va por la vida como si tuviera 190 escaños»-:

El Partido Popular y Ciudadanos quisieron dejar claro desde la sesión inaugural que su intención durante la nueva legislatura no es alcanzar ninguna política común frente a la crisis en Cataluña. Antes por el contrario, la búsqueda de diferencias con el partido socialista llegó ayer al extremo de exigirle con desplazada solemnidad el cumplimiento de aquello a lo que la ley obliga, cuando ni siquiera su candidato a la presidencia ha recibido el respaldo para formar Gobierno. Esta estéril precipitación por mostrar severidad frente al independentismo, en lugar de por articular un consenso que permita revelar su auténtica naturaleza tanto interna como internacionalmente, puede precipitar errores a la hora de abordar el primer problema al que se enfrentan las Cámaras recién constituidas: la suspensión de los diputados y senadores secesionistas procesados en el Tribunal Supremo. La decisión no puede ser banalizada en un sentido ni en otro puesto que involucra principios esenciales del sistema democrático como la separación de poderes, el derecho de sufragio pasivo o la seguridad jurídica. El Tribunal Supremo ha cumplido su deber al remitir el auto de suspensión a la Mesa del Congreso; es el momento de que esta cumpla el suyo recabando los dictámenes jurídicos que considere necesarios para hacerlo por sus pasos, y rigurosamente conforme a derecho.

Federico Jiménez Losantos, en El Mundo, recuerda como Batet tuvo que ser multada por el PSOE que gestionó Javier Fernández –En las redes no se creen el numerito de héroe de Marvel de ‘fake’ Sánchez ante el féretro de Rubalcaba-:

El espectáculo de perjurio soez que vimos ayer en el Congreso de los Diputados mostró en toda su sórdida desnudez al Bloque social-comunista-separatista, que, si este domingo no lo remedian las urnas, piensa volvernos la cabeza del revés y poner a España patas arriba durante, al menos, cuatro años. Meritxell Batet dejó por embustero a Pedro Sánchez, que poco antes de empezar el grotesco pleno de constitución de las Cortes, en un discurso para desmemoriados, insultó llamando «grandes españoles» a la nacionalista Batet y a Cruz, ese Iceta desteñido que preside el Senado. Ya sé que dejar por embustero a Sánchez es descubrir la luz del día, pero es que hace dos años el PSOE de Javier Fernández multó tres veces a Batet por alinearse con los separatistas y romper la disciplina de voto del partido, planteándose públicamente la ruptura con el PSC y la refundación del PSOE en Cataluña como solución contra el cáncer antiespañol del partido.

El editorial de El Mundo critica a Batet por no haber estado a la altura de su cargo como presidenta del Congreso –La repugnancia de El País no tiene precio: ¡acusa a Rivera y Villacís de romper el buen rollo denunciando un escrache!-:

La nueva presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, se equivocó clamorosamente en su estreno, desbordada por la situación. Bordeando la complicidad, como señaló Pablo Casado, y permitiendo la vulneración del decoro parlamentario, como apuntó Albert Rivera, Batet consintió que los diputados de EH Bildu y los cuatro presos preventivos separatistas faltaran al respeto a la institución, y por extensión a todos los españoles, con unas fórmulas de juramento que no escondían la voluntad expresa de seguir desafiando a la Constitución. Porque ni España es una república ni en ella hay presos políticos, como dijo Junqueras, sino presuntos golpistas. Es cierto que los juramentos heterodoxos están permitidos desde que el Constitucional avalase la fórmula de los batasunos, pero nunca se habían traspasado las líneas rojas que se cruzaron ayer, sentando un peligroso precedente. Tampoco se debió haber permitido que los diputados de Vox golpeasen las mesas y abuchearan cada vez que uno de los independentistas pronunciaba su juramento. Eso ocurre cuando la autoridad no comparece. Batet no estuvo a la altura de su responsabilidad institucional, quizá más atenta a no disgustar a posibles socios de su partido que a defender la dignidad del Congreso.

Santiago González retrata a la señora Batet –Federico J. Losantos: «Ante un gobierno del PSC y unas Cortes separatistas, no cabe la abstención»-:

De ministra mediocre fue ascendida a la Presidencia del Congreso. ¿Qué podría salir mal? Para empezar, la sesión constitutiva del Congreso. Meritxell se agarró a su clavo ardiendo: la discutible sentencia del Constitucional 119/90 de 21 de junio, validando como fórmula de acatamiento válida la que emplea la coletilla «por imperativo legal». No estaba en el Congreso el juez Marchena para que hiciera saber a aquella colla de menguados: «Miren, aquí todo se hace por imperativo legal», pero los diputados fueron mucho más allá y prometieron acatamiento a la Constitución «por los presos políticos y exiliados, por la República y por el mandato recibido el 1 de octubre».

Juan Velarde es redactor de Periodista Digital @juanvelarde72

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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