Vicente Vallés flipa con la habilidad de Pedro Sánchez para adaptar las normas a su entero capricho.
Pero la última pirueta es de órdago a la grande.
El presidente del Gobierno socialcomunista es capaz de atornillarse al sillón de La Moncloa aunque sea incapaz de sacar adelante la ley de los Presupuestos Generales del Estado.
Para el columnista de ‘La Razón‘ y director del informativo de las 21 horas en Antena 3, esa decisión supone un paso más a la hora de retorcer los modos de comportarse normalmente en política:
En apenas unos días, los estudiantes de ciencia política y, por extensión, cualquier interesado en la materia, han asistido a tres formas de actuar en política frente a un mismo problema: la gestión de una minoría parlamentaria ante la necesidad de aprobar unos presupuestos, que es la primera obligación que tiene cualquier dirigente político que preside una institución pública.

Señala lo que hizo el presidente catalán, y ahora candidato, al no poder sacar adelante los Presupuestos autonómicos:
En democracia, sacar adelante el proyecto de presupuestos es la demostración de que se dispone de los apoyos necesarios para gobernar. El presidente de la Generalitat llevaba tiempo gobernando en minoría. Así, llegado el momento de aprobar las cuentas, trató de alcanzar los acuerdos precisos, no lo consiguió, presentó el proyecto (como es obligado hacerlo) y perdió la votación. La costumbre democrática establece que, ante una situación de ese tipo, el gobernante tiene dos opciones: someterse a una cuestión de confianza que confirme o desmienta su falta de apoyos; y, si se evidencia la ausencia de respaldo, convocar elecciones para que decidan los ciudadanos. Esa ha sido la opción de Pere Aragonès, cargada de lógica política, legal y democrática.
El alcalde de Barcelona, además del PSOE, optó por la cuestión de confianza:
Días después, el alcalde de Barcelona se encontró en esa misma situación, con la salvedad de que la ley no autoriza a un regidor municipal a adelantar elecciones. De manera que Jaume Collboni podía dimitir o plantear una cuestión de confianza. Ambas decisiones son correctas, legal y políticamente, y ha optado por la cuestión de confianza.
Y compara ambos casos con lo hecho por Pedro Sánchez que, ante las tres opciones que tenía, ha preferido irse por la tangente:
En coincidencia temporal con los dos casos anteriores, el presidente del Gobierno estaba dispuesto a negociar los presupuestos con sus socios independentistas, después de entregarles la amnistía. Pero, convocadas las elecciones catalanas, a Pedro Sánchez se le hacía engorroso negociar las cuentas del Estado –a pesar de la obligación constitucional de presentarlas que señala el artículo 134–, porque podría perder la votación. Esa derrota sería, en la práctica, como una moción de censura, y Sánchez no puede aceptar que a él le hagan lo mismo que él le hizo a Rajoy. De manera que, ni se presentan los presupuestos ni se plantea una cuestión de confianza ni mucho menos se adelanta la convocatoria electoral. Moncloa dicta sus propias reglas.

