El Gobierno socialcomunista está emperrado en querer monopolizar el sector de los medios de comunicación.
Para los ‘genios’ de La Moncloa, empezando por Pedro Sánchez, todo aquello que se publique y que no esté en la línea de pensamiento del Ejecutivo PSOE-Sumar es poco menos que máquina del fango.
Sin embargo, tal y como recuerda Raúl del Pozo en su tribuna en ‘El Mundo‘, todos los intentos del sanchismo por intentar imponer un discurso unitario y sin disensiones se han ido, como no podía ser de otra manera, al garete:
El Gobierno sigue obsesionado con las fake news y las campañas de desinformación, y ataca a la galaxia reaccionaria y señala las mentiras del PP advirtiendo de que con su familia no se juega. Tampoco con el prestigio de España. Ya propuso un comité de la verdad, un gran hermano como Caín, para enviar a los desalmados que cofundan la libertad de prensa con la de difamar a la fachosfera. Hasta que alguien le recordó que la libertad de expresión es la viga maestra de la democracia.
Sánchez buscó otra artimaña, la de los cinco días de ‘reflexión’, para imponer una censura que también fue criticada:
Olvida que sin periodismo y sin jueces independientes no hay democracia. Y para quienes delincan está el Código Penal. Las asociaciones de prensa criticaron los señalamientos, las amenazas y el acoso a periodistas, y el reparto grosero de la publicidad institucional. Se paró el intento de mordaza y sus deseos de acabar con la desinformación que él mismo practica. Estuvo unas semanas sin amenazar, pero recientemente ha vuelto a insistir en el Congreso en eso de las calumnias de los periodistas a los que califica de corruptos.

Y ahora, en pleno carrusel electoral, con las Europeas a la vuelta de la esquina, el 9 de junio de 2024, el presidente del Gobierno redobla sus ataques a los medios que no le bailan el agua:
Sánchez ha asegurado que a PP y a VOX sólo les queda un estrategia para volver al poder: la máquina del fango. Culpa a los periódicos del debate embarrado. Creíamos que al Gobierno se le habían olvidado su obsesión con los demonios sueltos y su cruzada contra la libertad de prensa, los bulos, las fake news y la derecha judicial, con la tentación de alguna forma de mordaza y de control de los medios. Sus propuestas son irrealizables en Europa, pero insiste en el camino de la obediencia, el absurdo y la mansedumbre. Hay miles de periódicos digitales en España; en realidad, a casi todos nos leen en las webs.
Y se hace una pregunta más que oportuna:
¿A quién se le ocurre amenazar a tanta furia con un mal palo? Al Gobierno que ha organizado un nuevo sindicato del crimen.

