Le da igual ocho que ochenta.
María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda del Gobierno Sánchez, tendrá que abandonar sus responsabilidades en La Moncloa para batirse el cobre en Andalucía de cara a las elecciones del 17 de mayo de 2026 convocadas en la jornada del 23 de marzo de 2026 por el actual presidente, Juanma Moreno.
El periodista Aimar Bretos dejó a la socialista sin margen de maniobra cuando confirmó que dejará el Gobierno «en los próximos días» tras conocerse ya la fecha de los comicios autonómicos.
Lo más llamativo no fue la dimisión anunciada, sino la frialdad con la que Montero encajó el recordatorio de Bretos.
El conductor de ‘Hora 25’ (Cadena SER) le espetó con claridad: la responsable de las cuentas públicas se marcha del Ejecutivo sin haber cumplido uno de los deberes más básicos de su cartera. Y la ministra, imperturbable, ni parpadeó.
Montero reconoció abiertamente que su sucesor heredará la «tarea tan difícil» de sacar adelante los PGE:
Tengo la certeza de que la persona que me sustituya seguirá con esa tarea.
Juanma Moreno llama a las urnas el 17 de mayo en Andalucía https://t.co/fMydJIS4UL
— Periodista Digital (@periodistadigit) March 23, 2026
Y lo dijo con total naturalidad, como si no fuera ella quien ha pilotado Hacienda durante años sin lograr aprobar unos nuevos Presupuestos.
No es la primera vez que el Gobierno de Pedro Sánchez llega al final de un ciclo sin cuentas públicas actualizadas. Desde 2023, España lleva funcionando con prórrogas de los presupuestos anteriores, una situación que los propios socialistas criticaban duramente cuando estaban en la oposición.
Aimar Bretos no dejó pasar la ocasión y puso el dedo en la llaga: Montero se va sin haber llevado al Congreso los Presupuestos que ella misma había prometido en múltiples ocasiones.
La respuesta de la vicepresidenta fue llamar a la movilización para el 17 de mayo en Andalucía, defendiendo la sanidad y la educación públicas y la vivienda, pero evitó entrar en detalles sobre por qué Hacienda no ha cumplido con su obligación principal.
La ministra sí insistió en que su salida no es un fracaso personal, sino parte de la lógica tras el adelanto electoral andaluz. Sin embargo, el contraste fue evidente: mientras el Gobierno se prepara para una campaña centrada en defender lo público, deja atrás un vacío presupuestario que complica la gestión del próximo Ejecutivo y genera incertidumbre económica.