Lo de la «mujer más poderosa de la democracia» como candidata no ha dejado de ofrecer momentos para el recuerdo. Por lo esperpéntico y lamentable. La última pifia de María Jesús Montero vino en el debate previo a las elecciones de este domingo 17 de mayo en Andalucía.
La exvicepresidenta etiquetó la muerte en servicio de dos guardias civiles en Huelva como un «accidente laboral». Desde entonces, en lugar de pedir perdón por la metida de pata, ha dado excusas para no reconocer que se equivocó.
Y las reacciones no han parado.
Carlos Alsina ha dedicado su editorial a este asunto que la propia Montero mantiene sobre la mesa. A este y a las múltiples metidas de pata de la candidata de Pedro Sánchez en su etapa como candidata:
«Aciertos en la campaña seguro que ha tenido alguno la exvicepresidenta al rescate de los andaluces, pero la historia hoy la recuerda por llamar accidente laboral a la muerte de dos guardias civiles. Así se pierde una campaña: por hablar mucho y deprisa y no reparar siquiera en lo que una dice».
Ha citado la obra de Baltasar Gracián, Oráculo manual y arte de prudencia, para describir el esperpento de ‘Chiqui’ Montero:
«Ya no les va a dar tiempo a los gurúes que mecen la campaña electoral de María Jesús Montero —que vienen a ser como los ángeles custodios, de quienes se afirma su intercesión aunque nadie tenga prueba de su existencia—; ya no les va a dar tiempo a convencer a su candidata de que se empape del Oráculo de Baltasar Gracián. Pero quizá sí podrían, asistidos por Zapatero, curtido en el arte no de la prudencia, pero sí de la consultoría, extractarle un par de consejos de entre los trescientos que redactó el jesuita. El número 169, al menos, que es este que dice que hay que “prestar más atención a no errar una que a acertar ciento”. Nadie llevará la cuenta de tus aciertos, pero sí de tus errores; basta un solo desdoro para desmentir todos los aciertos juntos».
Además, criticó a la exvicepresidenta por decir que ha habido un «malentendido» porque ella no hablaba de los guardias civiles cuando dijo «accidente laboral», sino que se refería al tema que había sacado Maíllo en el debate preelectoral, quien mencionó a los agentes de la Benemérita para sumarse a la conmoción por lo ocurrido.
«Lo que revela que, incluso sin tener a Gracián a mano, una profesional de la política tiene interiorizada esta otra máxima suya que dice que hay que saber declinar sobre otro tus males. Que el poderoso siempre ha de tener un escudo sobre quien hacer recaer la desaprobación del público. Un fusible, diríamos hoy, aunque en el caso que nos ocupa el fusible sería el propio público, porque María Jesús Montero sostiene que quien acertó en el comentario fue ella y quienes yerran son todos aquellos que han interpretado que dijo lo que dijo».
Por último, ha estimado que María Jesús Montero ha dinamitado hasta tal punto su candidatura que puede superar las peores previsiones, que ya adelantaban un hundimiento histórico:
«Hasta ahora siempre había sido el PP quien hacía descarrilar sus propias campañas electorales en la última semana. Pero le ha relevado en el arte del autosabotaje la candidata socialista y la nave nodriza a la que, anímicamente, sigue perteneciendo, que es el Gobierno de la nación. No puedes disponer de toda la potencia de fuego del Gobierno central para desgastar, durante meses, a los gobiernos autonómicos que van a pasar por las urnas sin que tu candidata cargue con el peso de cualquier error que cometa el Gobierno central del que ella emana».