La calamitosa gestión del sector audiovisual que ha protagonizado el Gobierno de Zapatero

Antena 3 y Telecinco controlan toda la televisión en España

Es prácticamente inviable la supervivencia y el modelo de negocio de las decenas de microcadenas de televisión que hoy emiten en abierto a través de la TDT

Antena 3 y Telecinco controlan toda la televisión en España
Televisión, televisor, negocio y comunicación. PD

Cabe esperar que en la nueva legislatura se aborde al fin el cierre o privatización de canales autonómicos con una gigantesca deuda, del todo insostenible

La absorciónde La Sexta por parte de Antena 3 es el capítulo final de la calamitosa gestión del sector audiovisual que ha protagonizado el Gobierno de Zapatero.

De hecho, entra en la lógica que la operación vaya a cerrarse justo ahora, en vísperas de que Rajoy asuma la presidencia, tras dos años de negociaciones entre ambas cadenas.

Los accionistas de Antena 3 controlarán el 86% del capital de la entidad resultante, por lo que hablar de fusión es, más que un eufemismo, una broma.

El absurdo e injusto mapa televisivo será otra de las patatas calientes que heredará el Gobierno popular, por si no fueran ya pocos y graves los problemas a los que debe enfrentarse.

La integración del grupo Antena 3 y la televisión de Mediapro apuntala el duopolio efectivo que ya caracteriza al sector, y entierra toda posibilidad real de pluralismo audiovisual, algo por lo que, sin embargo, deben velar los poderes públicos.

Como denuncia ‘El Mundo’, cuyo estrepitoso fracaso con Veo 7 todavía escuece a Pedrojota Ramírez, desde ahora sólo dos grandes holdings privados -Telecinco y Antena 3- controlarán más del 85% del mercado publicitario, lo que hará prácticamente inviable la supervivencia y el modelo de negocio de las decenas de microcadenas de televisión que hoy emiten en abierto a través de la TDT.

No olvidemos que, a pesar de que RTVE ya no tiene anuncios, las televisiones públicas autonómicas acaparan casi otro 10% de la tarta publicitaria, obligando a los pequeños canales a repartirse entre todos ellos menos de un 5% de la facturación total.

Cabe esperar que en la nueva legislatura se aborde al fin el cierre o privatización de canales autonómicos con una gigantesca deuda, del todo insostenible.

Estamos, por tanto, en un escenario de posición de dominio absoluto de los dos grupos citados y de un mercado «claramente anticompetitivo», que agravará la ya deteriorada situación del sector televisivo, tal como ayer denunciaron las organizaciones de telespectadores y la Asociación Española de Anunciantes.

Justo en las antípodas del marco plural que prometió Zapatero cuando en 2010 se aprobó la actual Ley Audiovisual.

Las últimas dos legislaturas han estado plagadas de errores en esta materia. En 2005 se permitió que Canal Plus dejase de emitir en codificado y se convirtiera en un canal abierto -Cuatro- para ayudar con la operación a Prisa. Y sólo un año después se dio vía libre a la creación de La Sexta.

El enorme agujero económico de ambas está en el origen del actual caos televisivo. Tampoco se actuó bien en TVE. Cierto es que la televisión pública está hoy lejos del control gubernamental que siempre la ha caracterizado y que sus contenidos son mucho más aceptables que en etapas anteriores.

Pero sigue resultando escandoloso el ERE que se acometió para sanear sus cuentas, por el que se prejubiló a más de 4.000 personas -muchas con apenas 50 años-, a cargo de los Presupuestos Generales.

Y tampoco es aceptable que se suprimiera la publicidad de TVE -que ahora se financia casi exclusivamente a cargo de los contribuyentes- con el fin de fomentar la liberalización del mercado televisivo, cuando al final, como vemos, no ha ayudado al conjunto de los operadores, sino que todo lo que deja de ingresar la televisión pública por anuncios sólo sirve para engordar aún más a Telecinco y Antena 3; es decir, para hacer más ricos a Berlusconi y Lara.

Y para colmo las decisiones administrativas de la Comisión Nacional de la Competencia y de la Secretaría de Estado para las Telecomunicaciones han sido escandalosas.

Sin ir más lejos, la CNC abrió un procedimiento sancionador contra Veo7 y Antena 3 por un acuerdo de comercialización de publicidad conjunta -cuando nuestra cadena suponía apenas un 0,73% del mercado publicitario-, y, sin embargo, autorizó sin problema la concentración de Telecinco y Cuatro o previsiblemente ahora de Antena 3 y La Sexta.

Peor no se han podido hacer las cosas. Este desbarajuste no sólo atenta contra la libre competencia y asfixia la supervivencia empresarial.

Sino que ahoga el pluralismo, tanto ideológico como de contenidos, al que tienen derecho los ciudadanos en toda sociedad democrática.

 

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