¿Procede la entrevista al asesino de las niñas de Alcàsser?

Ricart, el ‘bombón envenenado’ que las teles miran con deseo

La curiosidad periodística por conocer las impresiones del criminal chocan con lo políticamente correcto

La controversia de ahora mismo, en medios periodísticos, se centra en si procede o no procede que el asesino de Alcásser, el tal Ricart, pueda volver a tener «derecho de imagen», y plató y focos y entrevistador/es de lujo…

No hay duda de que las cadenas televisivas, las más fuertes, y las que podrían pujar por la exclusiva, se lo están pensando. Y mucho. Por una sencilla razón, hay precedentes de una situación parecida en la que un programa muy vivo», dejó de contar con patrocinadores y anunciantes de un día para otro. Nadie quisiera volver a una situación tan comprometida «con lo que cuesta obtener anuncios publicitarios». El riesgo es excesivo.

Pero existen movimientos que ya se han podido comprobar, como el de invitar a Ricart a un importante hotel de Madrid, se supone que con gastos pagados, a la espera de que el probable asesino múltiple fuera reclamado por una televisión. Se ha contado que, seguidamente, Ricart fue conducido a una pensión mucho más modesta, a la espera de que se resolviera la cuestión…

Y en ésas estamos. Nadie duda de que Ricart podría contar muchas cosas, además de negar, una vez más, que él hubiera participado en el triple crimen de las niñas, que hoy serían mujeres, de Alcásser. Empezando por los veinte años de prisión, o la «suerte» de su colega Anglés, en paradero desconocido, o acaso muerto y enterrado ya hace muchos años. Indudablemente,  Ricart tendría millones de «televisionarios». O de radioyentes, o de lectores de una entrevista  en prensa escrita…

Pero, ¿es ético, es razonable, esa actuación periodística merecería la comprensión o tendría efectos indeseables? Una mañana de éstas le preguntaban a Gemma Nierga, en el programa estrella de la SER si ella entrevistaría a Ricart.  Por supuesto que lo haría…, si sus patronos no lo impidieran.

Hay ocasiones, como ésta, en las que la curiosidad periodística choca con «lo políticamente correcto» o los riesgos de alguna clase de reacción contraproducente.  ¿No creen ustedes que a Ana Rosa le han tenido que parar los pies, o que está mirando con el rabillo del ojo lo que pudiera hacer Susana Griso? Ricart, quién lo iba a decir, resulta ser, ahora mismo «un bombón». Pero pudiera resultar envenenado.

 

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído