"YA TIENES LAS PREGUNTAS ANTES QUE LAS RESPUESTAS"

Antonio Naranjo: «Querido Jordi Évole: ¿Cuándo te convertiste en un propagandista del ‘proceso de paz’?»

"El "Salvados" de Rekarte fue en su mayoría una ceremonia de redención personal publicitada"

Yo también soy partidario de entrevistar hasta al diablo, si acaso se deja, y en ese sentido nada que reprochar a tu encuentro con esa acémila

No necesito estar de acuerdo con todos tus reportajes para verlos y disfrutarlos ni para entender que tu trabajo se merece respeto y reconocimiento. El periodismo, como la vida, es una elección, un acto de parcialidad inevitable con un único requisito, la honestidad.

Me queda contigo siempre la sensación de que ya tienes las respuestas antes siquiera de conocer las preguntas, y que en función de ese prejuicio montas tus reportajes, buscando cómo hacer encajar la realidad en tus puntos de vista previos en lugar de permitirte llegar a inesperadas conclusiones por el camino inverso.

Para entendernos, tú quieres más a papá que a mamá (o al revés) y buscas hábilmente la forma de demostrar que hay razones objetivas para ello, pese a que en realidad suele haberlas, y casi todas subjetivas, para certificar cualquiera de las dos. Pero aun siendo esto cierto -o eso creo yo recordando tus trabajos sobre educación (te dejo unos datos para la próxima vez, por si te ayudan), crisis o burbuja inmobiliaria-, la factura, el ritmo, la habilidad y tu espléndida capacidad como entrevistador hacen de Salvados un programa imprescindible que disfruto y padezco siempre que puedo.

Este domingo la has liado parda con la entrevista al etarra Iñaki Rekarte, ese terrorista que asesinó a tres personas en Santander. Te dejo unas imágenes en este enlace, que por alguna razón preferiste no incluir para que las viera in situ, ya que al parecer ni sabía a quienes había matado: ese cráter que aparece, entre hierros retorcidos y arrobas de hormigón desparramado, fue la tumba del matrimonio compuesto por Eutimio Gómez y Julia Rioz y de Antonio Ricondo, un chaval que trabajaba en un hospital de la zona.

Otras 17 personas que pasaban por allí fueron heridas aunque al terrorista, según dijo, sólo le preocupó que tal concentración de gente anónima le hiciera más difícil esconder la antena del detonador que escondía.

Yo también soy partidario de entrevistar hasta al diablo, si acaso se deja, y en ese sentido nada que reprochar a tu encuentro con esa acémila. El problema no es entrevistarle, pues, sino cómo hacerlo.

El gran Claude Lanzmann, director de la película-documental canónica sobre el Holocausto -rápido, vean Shoah si no lo han hecho-, ofrece alguna pista sobre cómo bucear en la sentina sin rehabilitar a la mierda: en la reciente El último de los injustos, el excelso cineasta francés que ha dedicado su vida a tratar de entender aquello entrevista largamente a Benjamin Murmmelstein, el presidente del Consejo Judío del campo de concentración de Theresienstadt, un complejo personaje que en sí mismo es un crisol de las grandezas y miserias de la supervivencia en el ambiente más hostil imaginable.

Sólo ese testimonio ya plantea la duda de si tal personaje merece semejante despliegue, y el propio Lanzmann debió preguntárselo mucho: tardó 40 años en decidirse a montar unas imágenes que estaban en su poder desde 1975, pese a que técnicamente el protagonista de la obra era una víctima, pero también de algún modo un controvertido y tal vez inevitable cómplice. Pero el homólogo real del etarra no es el rabino, un deslumbrante narrador por otro lado, sino un jerarca nazi al que Lanzmann entrevista a incómodas y frugales ráfagas, con el tipo en un paredón verbal sin escapatoria: si lo ves, estimado Évole, verás la diferencia.

Éste es el quid del asunto: la entrevista al nazi sirvió a las víctimas, a los espectadores e incluso a los historiadores (nadie ha descrito con tanta precisión la gélida y administrativa forma de gestionar los trenes de la muerte cargados de judíos); la tuya al verdugo le ha servido a él, por mucho que tus intenciones fueran buenas y que pretendas recalcar algo que ya conocíamos: que no sabían lo que hacían y que ETA es mala.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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