Para aplastar a cuatro desgraciados que no tienen media bofetada no hacen falta los tanques
Manuel Burque sigue haciendo el canelo en ‘El Intermedio’. En esta ocasión, Wyoming envió al reportero a vacilar al catedrático de economía Roberto Centeno, que a pesar de los intentos de Burque, aprovechó la oportunidad para colocar sus mensajes, en ocasiones objeto habitual de polémica.
Centeno no tuvo ningún problema en declararse admirador de Putín como líder político y reconocer que ayudó a diseñar la estrategia política de Donald Trump para captar el voto latino.
Burque conocía el miura que tenía en frente y no tuvo que pincharle mucho para sacarle sus mensajes más exaltados, en una especie de pseudoentrevista donde, fiel al estilo del programa, hubo más de histrionismo surrealista que de información.
«España debe acabar con el Estado autonómico, es el cáncer de este país. Es una vergüenza que el aeropuerto de Madrid lleve el nombre de Suárez, que fue un insensato. El de ‘café para todos’. Eso fue un asesinato con el que han colocado a cientos de miles de empleados públicos.»
Centeno atacó también a los jefes de Estado y del Ejecutivo:
Rajoy es un cobarde. Patológico. El Rey también lo es. Para aplastar a cuatro desgraciados que no tienen media bofetada no hacen falta los tanques. Con una compañía de la guardia civil basta.
Pero a quienes puso a raya fueron a Pablo Iglesias y a su ‘caniche’, Alberto Garzón:
Podemos para España es el Apocalipsis. Y Pablo Iglesias. Alberto Garzón en un cantamañanas, yo con un comunista de verdad no tendría ningún problema.
Burque lo tenía claro, era darle a elegir entre los extremos que intoxican la opinión y la política de los españoles desde que finalizó la Dictadura para presentar a su entrevistado como el mismísimo Diablo, que es lo que le interesa al programa de laSexta.
El reportero le pidió a Centeno que eligiera entre comunismo y franquismo a sabiendas de la respuesta que se iba a encontrar:
Yo no soy franquista pero Franco saca a España de la pobreza secular.
Tras el abrazo de rigor, el secuaz de Wyoming salió de su casa asegurando que «había hablado con un sabio henchido de paz y sosiego».

