Periodismo
Luz Sánchez, Susanna Griso y Carmen Morodo. PD

Escuchando los bramidos de Carmen Morodo, que junto a Francisco Rosell, Susanna Griso y Luz Sánchez se lanzaron al ataque de un vicesecretario de Vox Iván Espinosa de los Monteros (que tampoco se quedó atrás en decibelios) parecería que el discurso de la periodista del periódico de Atresmedia consiste es el siguiente: los tertulianos pueden insultar y descalificar a un partido político diciendo que son unos manipuladores (como dijo literalmente Morodo hasta en tres ocasiones en el programa), o que son enemigos de las mujeres (como le dijo Luz Sánchez) o presentarles como hizo la célebre viñeta de El Mundo como gente pasiva ante los asesinatos de mujeres, ante lo cual el descalificado e insultado tiene que callarse sin rechistar y como se atreva a responder, entonces son los tertulianos los que se hacen la víctima diciendo que las palabras del político hacia ellos "son un ataque a la libertad de expresión".

Podría considerarse un tanto sarcástico escuchar al representante de El Mundo diciendo reprochando a Vox que "no se hiciera la víctima" - por osar quejarse de que el día anterior otro tertuliano de Antena 3 le había insultado en antena diciendo lo tonto que le parecía - cuando lo que Rosell hacía era reprochara a Espinosa de los Monteros exactamente lo mismo que ellos estaban haciendo en ese momento: hacerse la víctima (al margen de que el hecho de que Luz Sánchez se sintiera con la potestad de hablar en nombre de todas las mujeres no pareció incomodar a nadie, mientras que cuando Iván Espinosa de los Monteros osó hablar por las mujeres de su partido, fue inmediatamente regañado por Morodo).

La hipersensiblería de los tertulianos no es nueva. Cuando Dolores Cospedal criticó en ‘Los Desayunos' de Ana Pastor a TVE (a instancias de una pregunta específica que le hicieron sobre ese tema), y Ana Pastor, en una réplica, sorprendente le soltó en antena aquello de "esa es su opinión" obligando a Cospedal a recordarle "yo represento a un partido", recordándole que el político representa a un número de votantes mientras que la entrevistadora, aunque use el plural, no ha sido votada pr nadie, salieron inmediatamente protestas al supuesto ataque de Cospedal a la libertad de expresión por criticar a TVE (debe ser que Cospedal tenía que haber asentido ante las regañinas de la periodista y decir que TVE le molaba mucho al margen de lo que opinara).

De estas ocurren a ambos lados del tablero. También cuando Esperanza Aguirre o Pablo Iglesias, por poner ejemplos antagónicos han osado responder en algún plató al tertuliano situado en frente les descalificaba a ellos, inmediatamente eran acusados de ‘enemigos de la libertad de expresión', por criticar al que les estaba criticando a ellos. La norma, escucha y calla.

El "urban diccionary" tiene un interesante término: "cry bully": "el matón llorica". Alguien que usa su auto percibida rectitud de causa como un pretexto para atacar a otros, pero adquiere el papel de víctima cuando es confrontado por lanzar esos ataques.

O, dicho de manera más coloquial, los que tienen puño de hierro, pero mandíbula de cristal.

Carmen Morodo y los demás harían bien en no caer en la misma artimaña que Dani Mateo y sus guionistas, que diciendo hablar en nombre de una supuesta defensa de la libertad de expresión por sus chistes de mocos en la bandera de España para protestar por las críticas, lo que estaban planteando es prohibir y vetar a las críticas identificándolas absurdamente como "ataque a la libertad de expresión", cuando el poder hacer esa crítica, es precisamente, la libertad de expresión.

El victimismo tertuliano es tan viejo como el político. Y el mismo derecho de todos los tertulianos a machacar a Vox o a Podemos, lo tiene Celia Villalobos para descalificar a La Sexta, Pablo Iglesias para descalificar a Inda o Espinosa de los Monteros para considerar ofensivas las palabras de un comentarista.

Lo único que quedó claro de la mesa de ‘Espejo Público' (a ver como tratan a Santiago Abascal este viernes) es la diferencia de nivel entre el socialista Juan Alberto Belloch, único que, quizá porque se tiene más respeto a sí mismo que todos los demás presentes en aquel plató, mantuvo la compostura, ante el griterío de todos los demás con derrame de vaso incluido del resto, incluido.

Seguramente La Sexta Noche ya estará pensando en organizar programas circo y encerronas para todo ‘voxeador' disponible, ahí para zurrarse con Marhuenda, Aroca o Beni. Ellos decidirán si quieren pasar por ese trago o no.