GENTE DE LA TELE

¿Por qué al final es una ruina total ser concursante de ‘Gran Hermano’?

Varios participantes del exitoso «reality» se convirtieron en «juguetes rotos» y han sufrido graves problemas financieros en los últimos años

¿Por qué al final es una ruina total ser concursante de 'Gran Hermano'?
GH RS

No todo es de color de rosa (Alejandro Albalá se rebota en «GH DÚO» tras su polémica con Sofía Suescun).

Los concursantes de Gran Hermano, salvo muy contadas excepciones, suelen ser productos comerciales televisivos de usar y tirar. (El público de ‘Gran Hermano’ muestra su rechazo por Jorge Javier Vázquez).

«La televisión es eventual. Pan para hoy y hambre para mañana». Ya lo decía José Pinto, el sabio integrante de «Los Lobos» de «¡Boom!» que pereció hace unas semanas víctima de un infarto. La fama que otorga la pequeña pantalla es, en muchos casos, efímera, y trae consigo más complicaciones que beneficios. Así lo evidencian los casos de múltiples rostros televisivos en los últimos años, como los de un gran número de concursantes de «Gran Hermano».

El conocido «reality», uno de los principales bastiones de Telecinco en las últimas décadas, está plagado de casos de participantes que han encontrado la ruina económica después de pasar por él.

La pasada semana, María José Galera, primera expulsada en la historia del formato -en su primera edición, la del 2000, que ganó Ismael Beiro- desgranó sus penurias en el plató de «Sábado Deluxe»., según recoge M. Moreno en ABC.

«No tengo ni un euro en el banco. He invertido mucho, pero no ha habido suerte», relató, coincidiendo con la reflexión de José Pinto que se apunta al inicio de este reportaje.

«La televisión es pan para hoy y hambre para mañana».

El romance más sonado de aquella primera edición fue, sin duda, el que María José mantuvo con el militar zaragozano Jorge Berrocal, que hace solo dos meses habló de su particular ruina económica en el «Chester» de Risto Mejide.

«Cuando la telerrealidad explota, salpica a todos, genera etiquetas y te condiciona para el resto de tu vida», le contó a Risto el exparticipante, que tuvo que buscarse la vida tras su fallida experiencia televisiva.

«La gente cree que trabajar en la tele no es digno, pero luego te ven poniendo cafés y te dicen que eres un fracasado. Participar en un «reality» ha condicionado mi vida. Estoy harto de las etiquetas. No soy un juguete roto».

En el mismo programa, el célebre presentador Jesús Vázquez también reflexionó sobre lo sucedido con Berrocal y con tantos otros.

«Es muy duro. Ese es el lado malo de la historia».

Más de 200 concursantes han desfilado por «Gran Hermano» en las dos últimas décadas. De todos ellos, los pocos afortunados que han logrado triunfar y engancharse de lleno a la televisión se cuentan con los dedos de una mano.

El de Kiko Hernández, finalista de la tercera edición, es el caso más llamativo, aunque Nagore Robles y Carolina Sobe («GH 11») o Sofía Suescun («GH 16») también están más que enganchadas a la rueda de Telecinco.

Igual que Ismael Beiro («GH 1»), que hace unos meses reapareció en la edición «gourmet» de «Ven a cenar conmigo», el «docu-reality» de Cuatro. Otros, no obstante, son más conocidos por sus excentricidades, como Carlos Navarro, «El Yoyas» («GH 2»), Maite Galdeano (madre de Sofía Suescun y concursante de «GH 16»), Amor Romeira («GH 9») y la siempre estrambótica Aída Nízar («GH 5»).

Los demás, no obstante, son «juguetes rotos» que hace ya mucho tiempo que fueron olvidados por la factoría Mediaset.

Juanjo Mateo, el taxista que ganó la sexta edición, tuvo que volver a su trabajo rutinario para poder «sobrevivir» y cargó con dureza contra el programa en 2009, en una entrevista con «Interviú».

«Gané el premio, pero no me sentí bien pagado porque mi vida cambió. Mi intimidad me la pagaron a 90 euros diarios, un precio nada acorde con lo que perdí. Para ellos prima el interés económico. ¿Por qué nos hacen test psicológicos para entrar y no nos ponen un psicólogo los dos años de contrato para ayudarnos a situarnos en esa nueva vida?».

Cuatro años antes, la tercera entrega de «Gran Hermano» -la única que presentó Pepe Navarro- terminó con el triunfo de Javito García. Ganó 180.000 euros por su victoria y los invirtió en varios locales, pero su situación cambió poco después.

Ahora, según «Vanitatis», está «completamente arruinado» y trabaja en una tienda de móviles. En «La Voz de Galicia», explicó que la crisis financiera del 2008 hizo mella en su economía.

«Todavía fui listo y conseguí vender algo de lo que tenía».

En aquella misma edición participó el empresario pamplonés Jacinto Garbayo, segundo expulsado y al que no le fue mucho mejor tras el concurso.

«Estoy muerto. No tengo dinero ni para dar de comer a mis hijos», confesó en una entrevista con Kiko Hernández.

Los problemas monetarios también se cebaron con Marina Díez, concursante de «GH 1» y primera concursante en entrar al «reality» casada.

«Mi situación es desesperada, un infierno. Ahora no hay trabajo y cuando encuentro uno, me focalizan en «Gran Hermano» y ni me dan una oportunidad. Hace cuatro años que no duermo ocho horas seguidas. Quiero que se acabe esto. En 2006, me compré una casa y el Euribor pegó un salto brutal. Perdí el trabajo, no pude hacer frente a ello y perdí la casa».

Eso le contó a María Teresa Campos en «¡Qué tiempo tan feliz!», en marzo de 2012.

También se arruinó la ganadora de la quinta edición, Nuria Yáñez, conocida en la casa como «Fresita» y una de las aspirantes más emblemáticas en la historia del concurso. Ganó 300.000 euros por su victoria en 2004, pero años después confesó en «Sálvame» que estuvo muy cerca de perder su casa y su negocio.

«La televisión es droga dura. Droga muy dura. Gente que se casa porque son los dos conocidos y así hacen portadas. Yo soy la realidad caminando cada día, cogiendo mi autobús, mi tupper, mi sueldo de mileurista… La tele es el peor trabajo del mundo si lo quieres de larga duración», afirmó el pasado verano a «El Español».

Ahora, suena para entrar a «Supervivientes».

Algo parecido pasó con otras tres concursantes de «Gran Hermano 10»: Bea «La Marquesa», «Chiqui» Martínez y Ana Toro. La primera, que hacía gala de su opulencia en Guadalix, le confesó a Kiko Hernández su desesperada situación en 2013.

«Estoy sin casa, sin dinero, sin tarjetas… Mi hijo y yo nos hemos quedado en la calle. Estoy en una situación límite. Ni siquiera busco trabajo, porque con mi edad es imposible que me contraten tras salir de un «reality»».

Caso similar al de «Chiqui», otro «juguete roto» de Telecinco que, tras pasar por «Sálvame», «Supervivientes» y «GH: El Reencuentro», vive una «terrible situación» económica, como cuenta «Vanitatis».

El de Ana Toro, tercera en discordia, es otro de los casos más recordados. La joven granadina, que también estuvo en «GH: El Reencuentro» fue repudiada por su familia por participar en el «reality» de Telecinco.

Operada de un tumor maligno, tuvo que trasladarse a una casa de acogida para intentar sacar adelante a su hija. En 2013 narró su drama en «Sábado Deluxe»:

«Hace dos años que no tengo trabajo ni dinero. Tengo que pasar las Navidades sola».

Eso desveló entre lágrimas, al tiempo que acusaba a «Gran Hermano» de ser el foco de todos sus problemas.

No es mucho mejor la situación de Raquel Morillas, de la tercera edición, que desde que abandonó el concurso sufrió un grave accidente de coche y se arruinó debido a su adicción al juego.

«He llegado a gastar 1.000 euros en una mañana jugando a la ruleta».

Ahora, ha sido despedida de su trabajo como teleoperadora y, de acuerdo con el citado medio, el inquilino de un piso que alquila le debe cerca de 11.000 euros. Mercedes García, de «GH 6», denunció las dificultades que tuvo para encontrar trabajo tras su paso por el programa de Mediaset e incluso llegó a demandar al «reality» y a la cadena.

El pasado 2017, el Tribunal Supremo condenó al grupo audiovisual a pagar 30.000 euros a la mujer.

«Por el mero hecho de entrar en «Gran Hermano» los concursantes no han de perder la protección constitucional de su dignidad personal», rezaba la sentencia.

Lucía Parreño, por su parte, intentó triunfar como cantante tras «Gran Hermano 15». Estuvo con María Teresa Campos en «Viva la vida», pero su carrera no prosperó y ahora trabaja vendiendo pisos, de acuerdo con «Lecturas».

Con varios aspirantes de «GH VIP» ocurre algo similar. La periodista y escritora uruguaya Isabel Pisano, integrante de la segunda edición del espacio de famosos, estuvo a punto de ser desahuciada el pasado verano.

Algo similar a lo sucedido con el exárbitro Juan Manuel Brito Arceo, compañero de convivencia de Pisano y también en la ruina económica. Debe cerca de 185.000 euros a sus acreedores y su situación es de lo más complicada.

«Es una tortura que apenas puedo explicar. No duermes por las noches. Vives situaciones depresivas que no pensabas. Te vienen pensamientos raros», expresó hace unos meses a «La Vanguardia».

Otros concursantes del programa, por su parte, han perdido la vida en los últimos años. Gustavo Hernández («GH 4»), falleció en 2006 arrollado por un tren tras intentar cruzar las vías, mientras que Natacha Jaitt («GH 6») perdió la vida hace tan solo unas semanas en extrañas circunstancias.

 

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