El presentador reconoce a Pablo Motos en 'El Hormiguero' que sus entrevistas tienden a ser complacientes como un agradecimiento al tiempo que le dedican sus invitados

Jordi Évole reconoce con toda la jeta del mundo su «empatía» con tiranos como Nicolás Maduro y Evo Morales

Jordi Évole reconoce con toda la jeta del mundo su "empatía" con tiranos como Nicolás Maduro y Evo Morales
Jordi Évole en 'El Hormiguero' PD

Jordi Évole ha dado cátedra de periodismo. Especialmente, en la asignatura de ‘entrevista complaciente a tiranos latinoamericanos’. El expresentador de ‘Salvados’ logró verse cara a cara, durante sus 11 años frente al programa, con algunos de los dictadores más famosos de América Latina. En todas ellas, mostró que sus preguntas eran masajes complacientes para los tiranos, como siguiendo un guion escrito por los departamentos de Estado. Ahora, en su participación en ‘El Hormiguero 3.0’ de este miércoles 29 de enero ha explicado el motivo de su práctica.

Ante Pablo Motos, Évole ha reconocido que “yo tengo un problema muy gordo. Me cae bien casi todo el mundo que entrevista. Tiene que ser muy hijo de puta para que me caiga mal”. Una situación que se ha visto durante sus encuentros con Nicolás Maduro y Evo Morales, ya que parece que los dictadores no suelen entrar en su categoría de quienes no merecen su aprecio. “Mis amigos me dicen que, menos mal, no tuve que entrevistar a Hitler, ya que llegaría diciendo que ‘sólo se explicó lo malo’”.

Justamente lo que ha ocurrido con los tiranos de Venezuela y Bolivia, ya que la entrevista de Jordi Évole destacó por mostrar una actitud cercana, con preguntas muy complacientes que no llevaron en ningún momento a la incomodidad de Nicolás Maduro o Evo Morales. Una situación tan evidente como la que ocurrió en Caracas, donde el presentador español logró terminar su entrevista, mientras que su compañero Jorge Ramos fue detenido a solo 17 minutos de comenzar a hablar con el líder bolivariano.

“Empatizo y con todos ellos me lo he pasado bien”, reconoce Évole en ‘El Hormiguero 3.0’ y el motivo es que “esa persona nos ofrece una parte de su vida muy importante y saben que en algún momento les voy a pinchar, que voy a meter el dedo y aún así aceptan la entrevista, es muy difícil que no pueda empatizar”. Quizá lo que no ha entendido el masajista es que sus ‘pinchos’ realmente son caricias, ya que no termina de atinar con las preguntas que realmente se deben realizar.

Ahora habrá que esperar a ver si en su nuevo programa, llamado ‘Lo de Évole’, mantiene su línea complaciente o si se anima a dar más masajes a los dictadores latinoamericanos.

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