Televisión Española, antaño baluarte del servicio público y la pluralidad, toca fondo.
El 7 de abril de 2026 en La 1, el programa ‘Al cielo con ella’, presentado por Henar Álvarez, no trajo entrevistas profundas, humor inteligente ni debate de altura. Trajo lo de siempre: una catarata interminable de lugares comunes feministas, victimismo selectivo y descalificaciones al «machismo estructural» que, según ella, lo explica todo.
Álvarez, que ya ha hecho carrera en pódcast, monólogos y colaboraciones radiofónicas con un discurso radicalmente ideológico, no se cortó un pelo en su salto al prime time de la cadena pública.
En lugar de aprovechar la plataforma para conectar con una audiencia amplia, optó por repetir el guion de siempre: las mujeres son víctimas eternas, los hombres son el problema, y cualquier crítica al feminismo es «desprestigio machista»:
Nosotras somos nuevas en La 1, pero realmente no somos nuevas aquí, porque empezamos primero en el Play, luego nos fuimos a la 2 y ahora estamos en la 1. ¿Qué significa eso? Que se ha hecho justicia. A lo mejor ahora nos damos una leche que nos matamos, pero oye, nos merecíamos la oportunidad, yo creo. Nos la merecíamos, claro que sí. ¿Qué más cosas significa esto? Que no necesitamos la validación de un hombre para conseguir absolutamente nada. Necesitamos su salario y que no molesten. Eso es lo que necesitamos, claro.
Siguió con un discurso victimista:
Es que si una se mete en el juego de la validación, es que no acaba nunca, o sea, no acaba nunca y se desvía de lo que quiere en realidad encontrar. Para que os hagáis una idea, a lo largo de mi carrera me han dicho que tenía demasiada pérdida, que tenía una mala personalidad, que no tenía la suficiente belleza para paliar mi falta de talento. ¡Guau! Que había que feminizarme. Y oye, perdona, ¿soy yo, Torrente Presidente, que voy a tener que feminizarme? O sea, es que no entiendo nada, de verdad.
Y remachó con otra sarta de ordinarieces:
Cuando vosotras os hagan esto, que claramente se hace para destrozarnos la autoestima y que nos echemos a un lado y que dejemos el camino despejado, no paréis, seguid ahí, una y otra vez, pero no por esto que dicen de que cuando tú la sigues, la consigues. No, no, no, por tocar los cojones. O sea, claro, claro. Sí, sí, sí. Si te los van a tocar a ti, los tocas tú de vuelta. Igualdad, o sea, esto funciona así.