(Periodista Digital).-El presidente Zapatero ha vuelto a repetir con su tradicional optimismo antropológico que que la economía española goza de una “gran confianza externamente e internamente”. Zapatero sabe que si la economía se hunde, él y sus posibilidades de repetir legislatura se hundirán con ella.
Durante la sesión de control al Gobierno, el presidente ha mostrado, además, algunos datos que, según él, demuestran la confianza externa en la economía nacional, como la inversión directa extranjera en el primer semestre del año, que ha crecido un 80% con respecto al mismo período del año anterior, alcanzando los 11.423 millones de euros.
También ha hecho referencia al aumento en 2.500 millones, llegando a los 20.000, de las reservas del Banco de España, así como al compromiso de reducir la deuda pública hasta el 36% del PIB.
Y el Ibex, que tiene en estos días un comportamiento «bipolar», pareció contagiarse de ese subidón de optimismo que derrochó el presidente. Pero a no engañarse. El dinero está más miedoso que nunca, y la la ola del tsunami financiero que afectó a en EEUU casi voltea a un banco británico que fue salvado con fondos del Banco de Inglaterra.
Asimismo, Zapatero ha afirmado que el crecimiento económico y la creación de empleo son superiores a la media europea y que, además de reducirse la deuda, las administraciones públicas han registrado superávit durante tres años consecutivos “por primera vez en democracia”.
Paradójicamente, la única baza que le queda a Zapatero es la herencia económica del PP. La estrategia de desguace de España y el fallido proceso de paz han pasado factura. Zapatero saca pecho de la situación económica, y reparte dádivas alegremente como si los presupuestos fueran inagotables. Su mensaje es que las arcas están bien llenas y que él las dilapidará en beneficio de todos.
Mariano Rajoy le ha dicho a Zapatero que el problema está en que “nadie piensa como usted, ni su propio vicepresidente”, en alusión al ministro de Economía, Pedro Solbes, y ha pedido que haya “una sola voz” en asuntos económicos, además de “no derrochar el presupuesto, controlar el gasto y no tener políticas de alegría”. La desconfianza y la estabilidad comienzan a ganarle terreno a los anuncias electoralistas. Si Zapatero no deja de vender humo, la economía lo puede situar en la realidad de un tortazo.
