Los Reyes estuvieron a punto de dar un disgusto en La Moncloa

(PD).- Muchos quebraderos de cabeza tuvieron Melchor, Gaspar y Baltasar para cumplir con los deseos de los niños, incluidas las hijas de Zapatero. Sus Majestades tuvieron que correr más que nunca.

Las últimas cartas recibidas por los Reyes Magos confirmaron la tendencia de años pasados. Nada de Clicks de Playmobil ni de Mariquitas Pérez, lo que se ha llevado este 6 de enero han sido las consolas y éstas han estado «en serio peligro de extinción». Si en los 80 eran las muñecas de Famosa las que se dirigían al Portal, este 2008 el mando de la Wii de Nintendo ha hecho las veces de guía de los juguetes.

La revolucionaria consola de la empresa japonesa ha sido la estrella de las Navidades. Lo fue ya con Papá Noel y lo ha sido este 6 de enero con Sus Majestades de Oriente. La publicidad en televisión, la posibilidad de jugar varias personas al mismo tiempo y la interactividad han sido las claves de su éxito. Su revolucionario mando, que detecta el movimiento de la mano y lo traduce en acción, ha conseguido acaparar los deseos de niños y mayores de todo el planeta.

Los Reyes también se han quedado cortos de stock ante la avalancha de pedidos y desde hace semanas se hallaba agotada en los establecimientos, así como sus complementos. El caso es que como Melchor, Gaspar y Baltasar no hacen distingos entre los niños, a punto estuvieron de dar un disgusto en el propio Palacio de La Moncloa, donde Laura y Alba, las hijas de José Luis Rodríguez Zapatero, esperaban la llegada de los tres Reyes con la famosa consola bajo el brazo.

El jefe del Ejecutivo confirmó este domingo en uno de los tradicionales corrillos con los periodistas en el Palacio Real con motivo de la Pascua Militar que no las tenía todas consigo apenas veinticuatro horas antes de la llegada de la noche más mágica del año. Según ha detallado a Garganta Profunda fuentes de La Moncloa, Zapatero mostró los síntomas del padre desesperado al no saber todavía si contaría con la Wii de Nintendo a la vuelta de su visita relámpago a las tropas españolas en Líbano.

Finalmente, y a pesar de la fidelidad presidencial a su laicismo, los Reyes Magos, con turbante o con corona, llegaron a tiempo y, tras una larga noche en duermevela, dejaron en el Palacio de La Moncloa a Laura y Alba su tecnológico regalo y a su papá ropa deportiva, incluidas unas zapatillas de las que sí dejan huella en la arena.

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