Los sondeos hacen aflorar divergencias sobre la campaña de Zapatero

(PD).- La política es el arte de reducir al contrario. Nadie gana por sí mismo, sino por el otro, y los sondeos sitúan al PSOE muy pocos escaños por encima del PP. Como escribe Ricardo Rodríguezo en Elsemanaldigital: «no arde Troya, pero lo parece».

Faltan dos meses para las elecciones generales del próximo 9 de marzo y en el equipo de campaña del candidato del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, se ha instalado el nerviosismo. No es para menos: sus propios sondeos apenas les colocan «5 escaños por encima del PP», lo que implica serios riesgos de infarto. Sólo les queda pedir, suplicar, la más alta participación posible. En los fondos abstencionistas está guardada la pesa que puede empujar en un sentido o su contrario la inclinación de la balanza.

Las encuestas internas han empezado a poner de manifiesto profundas desavenencias sobre cómo afrontar el periodo que resta hasta las elecciones. La nimia distancia del PP ha hecho aflorar discrepancias en el PSOE. Quisieron creer en Ferraz a ciegas a lo largo de la legislatura, atendiendo a la lógica de que el Poder da alas, que un día se produciría el buscado punto de inflexión: Mariano Rajoy caería en el negro abismo y José Luis Rodríguez Zapatero llegaría al 2008 tocando el cielo de una mayoría suficiente.

Pero los socialistas en pleno pasaron por alto irse una temporadita a El Corte Inglés para que don Isidoro Álvarez les diese un cursillo de técnicas de venta y su proyecto guay del Paracuellos con la ETA de paquete no les ha funcionado con la fuerza axiomática de «ya es Navidad en El Corte Inglés». La intranquilidad ha cundido entre los socialistas al arranque del año al constatar que el acercamiento del PP ha tomado cuerpo. Bajar de sus actuales 164 diputados sería una tragedia para Zapatero porque la gobernabilidad sería poco menos que imposible.

Es cierto que las encuestas se equivocaron de plano en las elecciones generales de marzo de 2004, pero «¿quién sabe en que dirección se están equivocando ahora?», se preguntan en el PSOE. Al albur de la demoscopia, urge un viraje de 180 grados del diseño previo de la campaña de Zapatero. De entrada, las voces alarmadas apuestan por orillar el triunfalismo presidencial. «Un problema en las filas socialistas es que el exceso de confianza deje en casa a nuestros votantes», explicitan diversas fuentes del PSOE. «Un exceso de confianza puede frustrar las expectativas de gobierno», remachan.

Es el mensaje que, en su opinión, debe trasladarse con premura a las sedes del partido y a los votantes. Ése y la necesidad de «ser demoledores con la derecha», sentencian. Los estrategas del PSOE están convencidos de dos cosas. Saben que el mensaje ideológico y de valores cala entre sus votantes de izquierdas, que podrían movilizarse el día 9 aunque sólo fuera para impedir una victoria del PP. Pero también son conscientes de que una mejor cosecha de votos pasa inevitablemente por desencadenar malos modos de Rajoy en la controversia electoral. Ningún regalo mejor que ése para Zapatero.

Solución difícil de armonizar: reclamar más caña a todos… menos al candidato. La imagen de Zapatero, bañada de optimismo, le sostiene aún como líder mediático, frente a Rajoy. Es un rojo que sonríe, a pesar de que su credibilidad hace aguas.

«Queda mucho por hacer», reconocen las mismas fuentes que empiezan a ver además con inquietud como el revés económico contribuye a su desgaste. «De aquí a marzo –inciden– se hace más necesario que nunca transmitir confianza y tranquilidad a los ciudadanos en la fortaleza de la economía», una idea que aún puede calar porque los expertos apuntan que la crisis no llegará antes de mayo. Ahora bien, los mileuristas esperaban mucho más de Zapatero y entre los españoles despolitizados hacen mella los mensajes del PP.

La inflación disparada al 4,3%, el peor nivel desde 1995, y el mayor incremento de la tasa de paro desde 2002 han dado a Rajoy munición de grueso calibre contra el PSOE. Precisamente en un terreno en el que a José Luis Rodríguez Zapatero sólo se le ha ocurrido como receta la continuidad de Pedro Solbes al frente del equipo económico. Para colmo, las medidas sociales del Gobierno, publicitadas hasta la saciedad, no están siendo lo electoralmente rentables que esperaban.

En efecto, el resultado final está en las rodillas de los dioses, en el aire, en la carta más alta, en los aciertos o errores de la campaña electoral. Lo que pudo ser un paseo militar para la izquierda se ha transformado en el marzo indeciso de 2004 en una interrogación. Recetas: dureza frente a ETA, difusión masiva de la marca España, mucho tiento con el català emprenyat, y, ante todo, munición milagrosa para desactivar la psicosis económica.

Ojo: la continuidad de José Luis Rodríguez Zapatero como líder del PSOE pasa por una reválida el 9 de marzo. Lo contrario abrirá, inevitablemente, la caja de los truenos. Hay muchos, dentro y fuera, que esperan ya en silencio ese día. Entre ellos, el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián, ansioso por hacerle un buen entierro.

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