Zerolo y la «maldición gitana»

(PD).- «No se esperaba que una pobre gitana le fuera a denunciar», dice Pilar Heredia. Por declaraciones como ésta la asesora de Minorías Étnicas ha sido expedientada. Pero la guerra va para largo.

Hace un par de días que Pilar Heredia decidió que no aguantaba más y emitió un comunicado en el que denunciaba el «acoso y derribo» al que se ha visto sometida por Pedro Zerolo. Ella era y sigue siendo la asesora de Minorías Étnicas en el Instituto de la Mujer desde el verano de 2006, y la primera mujer de etnia gitana que accedía a un cargo gubernamental. Él, el secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONGs de la Ejecutiva socialista.

Aquella queja pública le ha valido la apertura de un expediente informativo por parte del Instituto de la Mujer por si los hechos son constitutivos de delito o infracción. Pero Heredia no se echa para atrás, y su siguiente paso será interponer una denuncia contra el también concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid y contra la directora general del Instituto, Rosa Perís, a quien también dirigió sus críticas por «doblegarse ante una injusticia» y mirar para otro lado.

En una conversación con Elsemanaldigital.com previa a una rueda de prensa que dará el sábado junto a su abogado -Marcos García Montes-, Heredia ha adelantado que piensa seguir en su puesto de trabajo hasta el último día. «Si quieren que me vaya, que me despidan», reta al Gobierno socialista. «Saben que voy con la verdad y la verdad sólo tiene un camino».

Un cargo de «atrezo»

La historia de su vacío comenzó en cuanto fue nombrada asesora de Minorías Étnicas. Cuenta que con el paso de las semanas se dio cuenta de que no contaban con ella para nada y de que su puesto no era más que «el atrezo de una obra de teatro». «Un sitio decorativo». Durante los casi dos años que lleva en el cargo ha tratado de tocar a todas las puertas para exponer su caso: empezando por la de su jefa y acabando por la del Ministerio de la Presidencia. Nadie le prestó atención, ni siquiera Zerolo, que no se le ha puesto al teléfono ni una sola vez. Salvo en el momento de su nombramiento, para mostrarle su malestar (siempre según ella) por la creación de un cargo que él no quería que existiera porque le robaba protagonismo.

Lo que más le ha dolido de todo esto es lo «crueles» que han sido con ella. «Me han humillado incluso delante del colectivo al que represento», sostiene. Por eso, harta de que nadie la escuchara en privado, decidió hacer pública su reclamación. «Y ahora dice Zerolo que se ha quedado sorprendido y perplejo. No se esperaba que una pobre gitana, que parece que vamos todo el día en bata y con la cabra, le iba a denunciar a un señor como él, un importante cargo del PSOE», añade.

Aunque su órdago le ha ocasionado un expediente (del que se ha enterado por carta), dice estar tranquila porque cuenta con el apoyo de diversas asociaciones gitanas y feministas que conocían su caso. Sólo se arrepiente de no haber dado el paso antes.

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