Rajoy le sacude a Zapatero en pleno León

(PD).- La algarabía se desató en la plaza de toros leonesa ante el reencuentro sorpresa entre el líder del PP y Aznar. Ambos se dedicaron carantoñas y se repartieron el protagonismo.

Cuenta Ana I. Martín en Elsemanaldigital que los populares de Castilla y León no las tenían todas consigo. En la tierra de Zapatero, habían elegido la plaza de toros para el mitin de Mariano Rajoy en León y temían no llenarla.

Pero poco tardaron en respirar aliviados: 15.000 simpatizantes abarrotaron el recinto y otros 2.000 se tuvieron que conformar con verlo desde una pantalla instalada en los aledaños.

El comienzo no podía ser mejor: jugando en casa el pasado 22 de febrero, el líder socialista reunió 7.000 personas en el Palacio de los Deportes. En este caso, para Zapatero la comparación debe de resultar odiosa.

Pasaban unos minutos del mediodía cuando los altavoces empezaron a entonar con fuerza el himno del Partido Popular, señal de que la comitiva se acercaba. Cabezas moviéndose de un lado para otro -nadie sabía muy bien por dónde iba a entrar- y, de repente, él. Los aplausos eran ensordecedores. Más aún cuando el público vio quién venía detrás de Rajoy, a poca distancia: el mismísimo José María Aznar junto a su esposa, Ana Botella. Su intervención no figuraba en el guión, pero allí estaba, codo con codo con su sucesor por primera vez en esta campaña. La sorpresa de los 15.000 incondicionales fue mayúscula.

A Mariano Rajoy no le gritaron «torero», pero fue lo que le faltó. Antes de sentarse se dio el paseíllo por todo el ruedo como los maestros del capote, dando los buenos días y repartiendo apretones de manos a diestro y siniestro. Además de Aznar y su mujer acompañaban al candidato del PP Ángel Acebes, la presidenta de los populares leoneses y anfitriona, Isabel Carrasco; el presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera; y los números uno y dos al Congreso por esa circunscripción, Juan Morano y Carlos López Riesco.

De menos a más

La velada había comenzado algo apagada. En casi todos los mítines de esta campaña los jóvenes de Nuevas Generaciones calientan el ambiente en los minutos previos a base de gritos como «¡Presidente, presidente!» o «Oa, oa, oa, Mariano a La Moncloa». En esta ocasión estaban mucho más callados. Hasta la llegada de Rajoy, sólo se habían oído aplausos y piropos a la entrada de Juan José Lucas, ex presidente de la Junta. Pero la cosa fue in crescendo.

Estaba claro que, aunque no quisiera, Aznar iba a robar parte del protagonismo a Mariano Rajoy. Cuando Isabel Carrasco le nombró por primera vez desde el escenario la plaza tronó. Pero la verdadera locura entre los simpatizantes populares se desató apenas segundos después, cuando ex presidente y el futurible se levantaron a saludar con las manos entrelazadas en lo alto.

Herrera quiso agradecerle el gesto de acercarse a su Castilla y León públicamente: «Te debíamos esta ocasión y tú también nos la debías a nosotros. Te queremos y te damos las gracias por todas las cosas que has hecho por esta tierra», le dijo en su intervención.

Cuando el presidente de la Junta presentó -por decir algo- a José María Aznar, volvió la algarabía a la plaza. Él subió al escenario con su jersey rosa y soltó a bocajarro tres frases lapidarias que la gente contestó con un enérgico «síííííííí».

«Vamos a ganar las elecciones, vamos a mandar a Zapatero a casa y vamos a llevar a Rajoy a La Mocloa». Sintonizó a las mil maravillas con un público que ya se tenía ganado de antes mediante un discurso patriótico en torno a la indivisibilidad de España, su lugar en el mundo y la bandera.

Rajoy le devolvió las carantoñas a su predecesor nada más tomar la palabra. «En mi memoria, en mi cabeza y en mi corazón estarás siempre», afirmó. Después continuó con su guión habitual, interrumpido a ratos por los cánticos de sus votantes.

Habló de todo lo que prometió Zapatero a sus paisanos y no cumplió, de su «tensión y crispación», de la falta de programa del PSOE, de que más valen Angela Merkel y Nicolas Sarkozy como aliados que Hugo Chávez y Fidel Castro y dio las gracias a los dirigentes populares, militantes y simpatizantes que han estado estos cuatro «difíciles» años al pie del cañón. Después de unan legislatura entera a las duras, a todos ellos apenas les queda una semana para saber si a partir del 9 de marzo tocan las maduras.

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